Javier María Díaz Vellón.- Desde que cumplí dieciocho años no he faltado a ninguna cita con las urnas, ya fueran elecciones generales, autonómicas, locales o consultas. También cuando viví fuera de España hice las gestiones necesarias para votar a través del consulado. Siempre he tenido claro que quiero participar en las decisiones que afectan a mi vida.

Votar es un derecho que costó mucho conseguir. Nos permite elegir a nuestros representantes y retirar la confianza a quien nos ha decepcionado. Yo quiero ejercerlo. Si me quedo en casa, las elecciones se celebrarán igualmente y otros elegirán sin mi participación.
Entiendo el cansancio ante las promesas incumplidas, el «y tú más» y las discusiones que no resuelven nada. A mí también me molestan. Pero no quiero que ese desánimo me aparte de las urnas. Precisamente porque hay cosas que quiero cambiar, voy a votar.
Mi voto no pertenece a ningún partido. Haber elegido unas siglas una vez no me obliga a repetirlas. Antes de decidir, leo las propuestas, miro quién las defiende y recuerdo lo que ha hecho cuando ha tenido responsabilidades. No necesito coincidir en todo, pero sí encontrar una opción cercana a mis principios y razones para confiar.
Hablamos todos los días de la vivienda, del trabajo, de la sanidad y del futuro de nuestros hijos. Quienes salgan de las urnas tomarán decisiones sobre esos asuntos. Mi voto no resolverá por sí solo los problemas, pero contribuirá a elegir a quienes tendrán que afrontarlos.
Hay quien se abstiene para expresar su descontento. Respeto esa decisión, pero su ausencia no explica qué rechaza ni qué alternativa desea. Otros podrán interpretar esa abstención a su conveniencia y presentarla como respaldo a una postura que esa persona no ha elegido. El voto no emitido no se transfiere a nadie, pero pueden apropiarse del significado de ese silencio. Yo prefiero expresar mi elección. No quiero que otros le pongan palabras a mi silencio.
Y después de votar, seguiré exigiendo. Dar mi confianza a alguien no me obliga a justificar sus errores ni a callar cuando incumpla sus promesas.
No pido el voto para ningún partido. Pido que ejerzamos el nuestro, con libertad, conforme a nuestros principios y respetando a quien elija algo distinto.
El 29 de noviembre, que no decidan por ti. Votes a quien votes, ve a votar.











Arrea!! https://www.elplural.com/opinion/feijoo-avisa-exigira-sacrificios-alto-precio-pagara-clase-media-trabajadora-bolsillo_801313102_amp
¿Qué habría pasado si hubiera triunfado el golpe del 23-F? ¿Cómo sería la España de 2026?
– Habría unos 45-50 millones de españoles étnicos, con una población estancada y envejecida debido a políticas natalistas coercitivas que ignoran la libertad individual. La obsesión por la «continuidad como pueblo» promovería un nacionalismo excluyente, sin diversidad cultural ni aportes externos que enriquezcan la sociedad.
– No habría inmigrantes, lo que provocaría graves carencias de mano de obra en sectores clave, estancando el crecimiento económico y perpetuando desigualdades. La ausencia de multiculturalidad aislaría a España del mundo, fomentando el aislamiento y la xenofobia.
– Las fronteras estarían militarizadas, con el CNI, el ejército, la policía y la guardia civil convertidos en herramientas de represión. Bloqueos navales y controles estrictos en aeropuertos violarían derechos humanos, dejando a miles de refugiados a la deriva y manchando la imagen internacional de España.
– Marruecos estaría «domesticado» a través de políticas agresivas, pero Ceuta y Melilla se convertirían en enclaves de tensión constante, con minorías étnicas marginadas y conflictos latentes que amenazarían la estabilidad regional.
– Apenas habría inmigrantes en España, y se perseguiría especialmente a marroquíes musulmanes como «quinta columna», fomentando el racismo institucionalizado. La prohibición de mezquitas violaría la libertad religiosa, creando una sociedad intolerante y dividida.
– Cero bandas latinas, pero también cero diversidad cultural, con una represión generalizada que eliminaría cualquier expresión no alineada con el régimen. La ausencia de centros de menas significaría el abandono de menores vulnerables, ignorando obligaciones humanitarias.
– España sería una potencia industrial y militar aislada, con soberanía monetaria que llevaría a inestabilidad financiera y deuda externa controlada por el Estado, pero sin integración europea que impulse el desarrollo sostenible.
– Se ignorarían las directivas de la UE beneficiosas para el sector primario, y la Agenda 2030 estaría prohibida, condenando a España a un atraso ambiental y social, con políticas que priorizan el corto plazo sobre la sostenibilidad global.
– Aborto ilegal, criminalizando a las mujeres y negando derechos reproductivos. Ni un céntimo para movimientos feministas y LGTBI, que serían reprimidos, perpetuando la discriminación y la violencia de género. Antifas, okupas y movimientos de izquierda estarían fuera de la ley, silenciando la disidencia y la lucha por la justicia social.
– Una ley nacional prohibiría que los medios de comunicación estuvieran en manos extranjeras, pero en realidad se impondría una censura estatal que ahogaría la libertad de expresión. Se fomentaría una «cultura nacional» uniforme, ignorando la pluralidad y promoviendo valores autoritarios que erosionan la democracia.
– La banda terrorista ETA habría sido aplastada con métodos brutales, pero el separatismo sería reprimido violentamente, sin diálogo ni reconocimiento de identidades regionales. Proyectos federalistas estarían prohibidos, imponiendo un centralismo que alimenta resentimientos y divisiones internas.
– Continuidad en la política de vivienda del régimen anterior, con intervención estatal que beneficiaría a elites conectadas, pero dejando a la mayoría sin acceso real a viviendas asequibles debido a la corrupción y la falta de transparencia en bancos y empresas.
En fin…podríamos estar así horas.
Por suerte el golpe fracasó, nos libramos de todos estos horrores y España es el paraíso de felicidad máxima que hoy disfrutamos en 2026.
El que no vote que luego no se queje.
Ejercer nuestro derecho al voto es la mejor forma de tratar de solucionar los problemas existentes en nuestras sociedades de una forma democrática, por lo tanto habrá que ir a votar!!! aunque no tengamos una bola magica , ni seamos adivinos para saber lo que hubiera pasado , lo que pasa o lo que pasará…;)
La derecha quiere acabar con las subidas de salarios y pensiones, proteger a los ricos propietarios que tienen muchas viviendas bajándoles los impuestos haciendo imposible que los jóvenes consigan un piso que pagar, porque valdrá más de 1 salario mínimo, la sanidad y la educación la recortarán drásticamente. El día que te des de baja porque te rompiste la rodilla te tocará trabajar, porque acabarán con las bajas. Mientras tanto, habrá gente que piense que no le pasará y los votará, hasta que el afectado sea él, creyendose una y otra vez las mentiras.
Sí, los precios están caros, hay inflación, pero es debido a la guerras de rusia y de israel, casi todos los paises de europa están mucho peor que nosotros, pero algunos no lo quieren ver, solo tienen que salir fuera.
https://www.eleconomista.es/economia/noticias/14020403/10/26/el-fmi-asegura-que-la-economia-de-espana-crecera-mas-que-la-de-eeuu-y-el-triple-que-francia-e-italia-tras-revisar-al-alza-su-pib.html
La careta se la quitó PP + VOX + Junts votando en contra de limitar el precio del alquiler, que cada uno sea responsable con su voto, pero esta ocasión nos estamos jugando demasiado.