Dicen que las comparaciones son odiosas y que hay que conocer el pasado para aprender de él, algo en lo que todos debemos estar totalmente de acuerdo. Lo que ha sucedido en Valdepeñas este fin de semana bien merece una reflexión serena y sensata, por parte de todos los agente sociales y culturales que han participado en ella, activa o pasivamente.
Valdepeñas mantiene un idilio de amor y desamor con la Feria del Libro que viene de atrás. Nacida en marzo de 1986 bajo el impulso solitario de mercaderes ambulantes y lastrada durante casi dos décadas por la apatía del comercio local, la cita literaria de la Ciudad del Vino transitó entre el entusiasmo efímero de las plazas, el refugio del libro de saldo y una irremediable fragilidad de origen. Un recorrido minucioso por las páginas amarillentas de las hemerotecas desvela la crónica visual y amarga de un evento que jamás logró echar raíces profundas, y que se extinguió en el silencio exacto en que los promotores forasteros plegaron sus lonas por última vez, una crónica que bien merece su tiempo para ser elaborada; pero no ahora. Hoy vamos a hablar de la I Feria del Libro de Valdepeñas, que realmente ha sido promovida por valdepeñeros con el inestimable apoyo del Ayuntamiento.
Las grandes ferias del libro miden su éxito con la frialdad de las cifras, con los millones de euros en transacciones, bellos gráficos de movilidad y colas kilométricas donde el lector apenas dispone de diez segundos para conseguir una rúbrica apresurada del planetario autor del momento. Sin embargo, cuando el libro nace de la raíz del pueblo, y el lector encuentra su novedad en la cercanía de su librería de referencia, el éxito se mide de otra manera. Se mide en los ojos. En el reencuentro. En el crujido del papel que se abre bajo el sol de otoño, rodeado de los viejos muros de las Bodegas A7.
Esta feria no ha sido el capricho efímero de un fin de semana de otoño, sino el cimiento de algo mayor. Este fin de semana se han vivido las conversaciones cruzadas y compartidas en el ‘Espacio de Autores Locales’; los debates en torno a las novedades de las editoriales cercanas y presentes con su espacio, como Durii, Grupo Oretania o la más reciente y juvenil “Lo Que Te Da La GanA”, que demuestran que las ferias del libro, en la era de las pantallas infinitas y el aislamiento digital, son los últimos reductos de la resistencia humana. Valdepeñas ha demostrado que sabe leerse a sí misma.
Y se sabe leer gracias al empeño y el buen hacer de las librerías promotoras del evento como Librería Juan Alcaide, que hizo honor al nombre del eterno poeta valdepeñero, erigiéndose en la feria como un auténtico bastión de la literatura de proximidad. Su caseta no fue un simple punto de venta, sino un puente hacia la memoria y el arraigo, donde convivieron las novedades nacionales con un cuidadísimo catálogo de autores de la provincia. La intensa labor de su equipo desveló una hermosa crónica de cercanía con charlas pausadas con lectores de toda la vida y el rescate de textos locales que muchos daban ya por perdidos.
La Librería Amigos de Lorca transformó su espacio en un punto de encuentro para el debate y la agitación cultural, haciendo honor a una propuesta profundamente humanista. Su crónica en esta cita literaria estuvo marcada por la pasión, con un despliegue de narrativa contemporánea, ensayo social y poesía de vanguardia donde los libros cobraron vida. Lejos de limitarse a despachar ejemplares, sus responsables, Ismael y Mari Ferrer, generaron tertulias improvisadas a pie de stand, reflexionando junto a los vecinos sobre el papel de la cultura en la sociedad actual.
La Librería Casa Drojan se erigió como el gran imán del relevo generacional, demostrando que la feria también sabe mirar al futuro. Especializada en cómic, novela gráfica y literatura juvenil, su caseta aportó una necesaria frescura al recinto. Su andadura comenzó con fuerza la mañana del viernes, asumiendo la vital tarea de coordinar las visitas de los colegios e institutos locales. A través de una selección adaptada a los nuevos lenguajes narrativos, lograron romper el viejo mito de que la juventud no lee.
Durii Editorial se perfila en el panorama independiente como un sello moderno, diverso y multigeneracional, cuyo catálogo custodia más de ochenta obras transitando entre la narrativa, la poesía, el cuento y el ensayo. Lejos de encorsetarse en un solo perfil de lector, la editorial despliega una cuidada segmentación que abraza desde la ternura de la literatura infantil hasta la madurez de la ficción contemporánea, conviviendo en sus páginas géneros tan dispares como el thriller, la fantasía y las nuevas vertientes de la prosa poética. Su presencia en la feria estuvo pautada por una agenda constante de encuentros con sus autores, el broche de oro dominical corrió a cargo de Ismael Ferrer, cuya sesión matinal cerró un fin de semana de reencuentros con un excelente balance, demostrando que la complicidad entre el creador y su público sigue siendo el motor más sólido de nuestras letras.
La Editorial «Lo Que Te Da La GanA», sello independiente capitaneado con sensibilidad por Gema y Cristina, insufló en las Bodegas A7 una necesaria dosis de frescura urbana y conciencia social. El sábado, su mostrador vibró con los versos inconformistas de Héctor Peco y las emotivas páginas rurales de Lola Hervás Alcaráz. En paralelo, las editoras tejieron un valioso espacio de encuentro en torno a la gestión emocional infantil, compartiendo los primeros ecos de Zamorita y los Zz —un esperado cuento preventivo que actualmente se encuentra en máquinas ultimando su impresión— y celebrando el valor fundacional de Secreto forestal. Esta última obra, nacida del latido creativo de la Academia Gema, logra fusionar con acierto la expresión plástica y la palabra de sus jóvenes autores, demostrando que la literatura también puede ser un refugio de compromiso, ternura y educación sin tabúes.
El Grupo Oretania, en su condición de editorial invitada y referencia indispensable de la edición en nuestra provincia de Ciudad Real, ha escrito en Valdepeñas una de las páginas más emotivas de su año literario, amparando en su caseta a un gran número de autores de Valdepeñas y de toda la comarca. Su paso por las Bodegas A7 se transformó en un auténtico maratón de talento y reencuentros; un despliegue que abrió fuego con los versos y la calidez de Luis Díaz-Cacho Campillo, Teresa Sánchez Laguna y Juan José Guardia Polaino.
Combinando de manera magistral el rigor histórico de Joan A. Abellán y la frescura lírica de Nieves Fernández, abriendo paso a la pedagogía ecológica de Eloísa Pardo Castro con prolongados encuentros pausados y llenos de complicidad con los lectores. Se contó con la fuerza histórica de Cristina Galán Rubio y sus emblemáticas ‘mujeres de 1808’. Una densísima agenda de firmas que no solo rescató la dignidad colectiva de las letras de nuestra comarca, sino que demostró que el libro sigue siendo, ante todo, un pretexto inestimable para el abrazo y la memoria compartida.
Para que una cita literaria eche raíces en su primera edición, el impulso institucional debe conjugarse a la perfección con el talento nativo. El Ayuntamiento de Valdepeñas, a través de su Concejalía de Cultura con la teniente de alcalde Vanessa Irla a la cabeza, y bajo la estrecha colaboración de la ‘Biblioteca Municipal Ana de Castro’, ha ejercido de arquitecto de este encuentro, demostrando que no solo buscaba habilitar un espacio comercial, sino vertebrar una auténtica fiesta de las artes en el evocador recinto de las Bodegas A7.
El ritmo y el alma de la feria quedaron pautados por grandes hitos, desde la apertura matinal del viernes que convocó a las aulas locales para asegurar el relevo generacional, hasta el brillante pregón oficial de la escritora Fermina Cañaveras, cuya intervención ensalzó el valor de la memoria y precedió a una simbólica cata de vino literaria. El sábado, el espacio municipal se convirtió en un hervidero de lectores con la esperada puesta de largo de la novela de Juan Francisco Ferrándiz, antesala idónea para la Gala Literaria donde se entregaron los galardones del I Certamen de Poesía de la Feria, un concurso de nueva creación destinado a incentivar la creación lírica.
Sin embargo, el verdadero espejo de la tierra estuvo en el Espacio de Autores Locales, una zona habilitada específicamente para dar visibilidad a los creadores independientes de la ciudad. En el que se vivió un bellísimo maratón de autógrafos y complicidades donde los vecinos pudieron conversar de cerca con las plumas locales más activas, con minuciosas investigaciones, narrativas cercanas, fieles, y propuestas líricas, fronterizas y valientes aportando toques de vanguardia y frescura. Una alianza indisoluble entre creadores e instituciones que demuestra que el porvenir de nuestras letras está asegurado.
A pesar del excelente sabor de boca que deja el idílico e íntimo «santuario» de las Bodegas A7, el sector editorial y las librerías ya extraen las primeras conclusiones de cara al futuro. Sobre la mesa planea ya una propuesta tan firme como necesaria, trasladar los stands en venideras ediciones a la céntrica Plaza de España. El argumento de los portavoces de las letras manchegas es tan directo como cargado de razón, “al libro no hay que ir a buscarlo a escondidas; el libro tiene que salir al encuentro de la gente en el corazón palpitante de la ciudad”.
Con este despliegue, la primera página de este hermoso sueño ya se ha escrito con tinta imborrable en Valdepeñas. Una página que, en el fondo, no habla de fríos balances de ventas ni de estadísticas de mercado, sino de vidas cruzadas, de manos que se estrechan con calidez sobre un mostrador y del orgullo humilde de una tierra que ha descubierto, por fin, que su mejor literatura se escribe con cercanía, con nombres propios y donde por primera vez el empresario local ha sido el promotor de la I Feria del Libro de Valdepeñas.










