Un sevillano singular: epílogo

 “Los dos guerreros más poderosos con los que se puede contar son la paciencia y el tiempo”
LEON TOLSTÓI
(Guerra y paz)

Pocos días después de publicar la tercera entrega de “Un sevillano singular”, en la que se cuenta la vida secreta de José Luis Comas Acosta, se dirigió a este periódico una persona que quería contactar conmigo para intercambiar información sobre este personaje. Y no dudé en hacerlo, ya que se trataba de un sobrino nieto de este peculiar sevillano. Concretamente, era nieto de su hermana Isabel, que fue la mayor de cinco hermanos, de los que era el segundo nuestro polifacético docente, artista e intelectual.

Tras algunos intercambios de correos, el pasado viernes tuvimos una larga conversación telefónica —de más de hora y media de duración— en la que hablamos de todo lo que afectaba a su familia paterna y de cómo vivieron aquella excepcional situación que fue decisiva para todos ellos. Después de esta comunicación, intercambiamos diversa documentación que a ambos nos interesaba. Él me remitió algunas fotos familiares, algún dibujo realizado por él y el recordatorio de su fallecimiento en Madrid.

También me hizo llegar parte de una publicación, «Utrera 1936: ocupación militar y represión», en ella aparecen miembros de su familia paterna procedentes de aquella localidad sevillana. Por mi parte, le hice llegar la resolución que dictó el Juzgado Superior de Revisiones sobre el expediente disciplinario que se le incoó después del de depuración como docente; la documentación como alumno de la Escuela Normal de Magisterio de Sevilla; así como varios enlaces relacionados con su vida y con su actividad.

 Pero lo más importante fue la puesta en común, por su parte, de lo que fueron las vivencias de su familia paterna en Sevilla después de la guerra civil, y por la mía, de aquello que yo había percibido en la documentación que había manejado para estudiar su estancia en Polán, El Toboso, Ciudad Real o Madrid, además de sus viajes a varias ciudades de Andalucía y algún otro a París. Y todo lo que tenía que ver con su expediente de depuración como maestro y su posterior expediente disciplinario finalizado en 1942.

La suya era una familia acomodada de la Sevilla de aquella época; su padre se llamaba José Comas Torres, era el mayor de los hijos y había estudiado Ingeniería de Caminos, Canales y Puertos; su abuelo, José Comas Carreras, procedía de Les Planes (Gerona) y, según cuenta Joaquín, llegó a San Fernando (Cádiz), para trabajar en el proyecto del submarino de Isaac Peral y allí conoció a la que luego sería su mujer, Adelina Torres.

Leyendo la publicación sobre la guerra en Utrera, supe que Queipo de Llano entró en esa localidad ocho días después de iniciada la guerra. Detuvieron a su abuela Isabel y a una tía materna, Dolores Acosta, por ser maestras con ideas reformistas. Su abuelo, Joaquín Caballero Maestre, según esa publicación, cómo ayudó con su camión a trasladar al cementerio a algunos de los asesinados por los republicanos, ello le supuso la aplicación del Bando de Guerra, siendo fusilado el 2 de agosto de 1936.

Según me contó Joaquín, su abuela nunca le dijo cómo murió su abuelo, eludiendo responder a cualquier pregunta sobre el tema. Reconoce que su vida no fue fácil después de aquello. Ella se quedó viuda con veinticinco años con un niño de mes y medio y una niña de tres años. Se trasladó a Sevilla a casa de sus padres, pero pronto tuvo que buscarse la vida. Ella no podía ejercer oficialmente como maestra, pero dio clases privadas a los hijos de los militares que vivían en una colonia militar cercana a su vivienda.

Isabel Comas Acosta vivió hasta 1992, según me cuenta su nieto, pero nunca trató los temas más dolorosos para ella. Aunque sí le contó con orgullo que tuvo un hermano con quien le unía una estrecha relación personal, que murió siendo joven, por lo que él no llegó a conocerlo ya que solo tenía un año cuando falleció. Su abuela acompañó a su padre en la boda celebrada a mediados de los años sesenta y naturalizó a su nuera que era hija de un juez que ejerció su carrera durante el régimen surgido tras la guerra.

Como dice Joaquín, José Comas siempre iba impecablemente vestido, aunque era fiel a la bohemia intelectual de los artistas contemporáneos.

En el expediente de depuración finalizado en 1942, se ve algo llamativo. El juez instructor de la capital hispalense, en su informe de conclusiones, propuso la rehabilitación del “encartado”, cuya propuesta se elevó al Claustro de la Escuela Normal de Magisterio de Sevilla. Sin embargo, un juez revisor de estos expedientes radicado en Madrid dictaminó que no podría ejercer la docencia en su provincia, ni ser autorizado para ejercer cargos directivos y de confianza en instituciones culturales y de enseñanza.

Y en esas condiciones desempeñó su actividad profesional.

Ciudad Real, 22 de octubre de 2026

*Artículos relacionados:

«Encantamiento»

«Un sevillano singular I.- Vida pública»

«Un sevillano singular II.- Vida privada»

«Un sevillano singular III.- Vida secreta»

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