Una gratificante y satisfactoria conferencia sobre el Valle del Ojailén en La Solana

Antonio Carmona.- El pasado 23 de octubre, viernes, metimos el valle del Ojailén en la mochila y nos lo llevamos a La Solana. Se trataba de mostrar las peculiaridades de una tierra en perpetua transición hacia los campos serenos de la llanura manchega, de explicar los contrastes de una tierra mixta a la sobriedad del Campo de Montiel.

Ojalá hayamos sabido manifestar la belleza que entraña un puente desvencijado por la riada, el olor a carbonilla y azufre en las escombreras que rebozaron los retozos de nuestra niñez, cuando ni siquiera sospechábamos lo que eran. El río nos contó cómo nace y renace, cómo muere y resucita, cómo fluye y se hace camino…

Conversamos sobre caminos cortados y perdidos (¿para siempre?), sobre baluartes en ruinas que se pensaban dueños del lugar, sobre molinos fluviales que hacían harina para amasar un pan antiguo, sobre manantiales enzarzados y fuentes ferruginosas, sobre ferrocarriles que fueron, que son, que se quedaron en proyecto e ilusión, sobre hoces ribereñas como último refugio de simbología y vida.

La acogida fue gratificante y más que satisfactoria. MUCHAS GRACIAS.

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