Manuel Valero.– ¿Por qué se aplaude al final de los minutos de silencio si cuando los hacemos convocados por una tragedia es que hay muertos, muchos muertos? ¿No son las personas fallecidas el centro de dolor colectivo? Entonces, ¿por qué cuando el reloj acaba los 60 segundos de recordatorio silencioso irrumpimos en aplausos, es decir, hacemos lo mismo que cuando demostramos nuestro parecer a una orquesta que acaba de dar un concierto o a un conferenciante que ha dado una lección magistral sobre el romanticismo alemán? ¿El contexto lo justifica? No. El contexto lo hace innecesario.
Cuando un equipo de fútbol marca un gol los aficionados baten palmas, en bailes de barrio, en las verbenas que suelen tocar piezas muy plausibles, el pueblo alegre y contento toca palmas al compás de la música. El aplauso siempre va ligado a un acto lúdico, festivo y feliz ¿Por qué en este país se tiene la rareza de mancillar el silencio por los muertos con un aplauso? ¿Se aplaude a la muerte? ¿Se aplaude para apoyar a las familias? Menudo apoyo jaranero para aliviar una pena. ¿Se aplaude para sacar de nosotros la rabia como una vía de escape por donde liberar el estrés social que nos produce una tragedia de la dimensión del accidente ferroviario de Urda?
Es un contrasentido que hiere aunque no sea esa la intención, desde luego. Todos estamos compungidos por el suceso. Pero, permítanme: no se aplaude la tristeza, no se aplaude la rabia, no se aplaude la impotencia por lo ocurrido. Ni siquiera la ira contra el destino, o contra los responsables de una catástrofe o el fallo de la técnica.
Lo mires por donde lo mires resulta tan absurdo como irritante. Puede que el origen de esta irreverente convención social provenga de cuando ETA mataba y los ciudadanos salíamos a las calles y a las puertas de los ayuntamientos y a las plazas de la ciudades, convocados por la instituciones para animarnos a nosotros mismos y así no desmayar en la lucha contra aquellos asesinos de negra memoria histórica poque éramos y somos más.
Pero el contexto hoy es radicalmente diferente. Si se va a una concentración dolorosa es para hacer ver el dolor de todos y cada uno en el mayor de los silencios. Escuchar el batir de palmas, ver a la gente aplaudiendo, hoy, después del terrible accidente de Urda, en cuantas concentraciones se han hecho, incluso futbolistas de postín en los entrenamientos, es como dar por bueno que tres amigos acudan al tanatorio a velar a otro y rompen el recogimiento haciendo palmas.
Voy a la RAE:
Definción: Aplauso: Acción y efecto de aplaudir para expresar aprobación, admiración y apoyo.
Sinónimos: palmoteo, ovación, alabanza, aclamación, etc.
Todos son conceptos que inspiran positividad, entusiasmo… vida. ¿Han visto alguna vez en otro país que la gente aplauda después de guardar silencio por los muertos?
No es admisible esa muestra casi festiva, triste sin tristeza al final, cuando decenas de compatriotas han perdido la vida o quedarán maltrechos y rotos física y psíquicamente por el resto de sus días.
Conclusión.- Un minuto de silencio en la reflexión y recogimiento por el dolor de los familiares de las víctimas y también, por qué no, por el poco valor que tenemos ante el azar asesino, por la muerte, por Dios, por el destino… Si un minuto de silencio culmina en el eco de un murmullo solemne, y la gente se va cada cual a lo que haya que hacer, ese minuto de silencio es mucho más profundo, sincero y coherente que un aplauso.









