Sobre Fátima Báñez, el respeto a los muertos y la memoria para los vivos

Carlos Bosquet.- Nadie merece morir en un accidente ferroviario. Mi respeto y condolencias a su familia y a quienes la querían.

Pero una cosa es lamentar una muerte y otra muy distinta intentar reescribir una trayectoria política para convertir a alguien, cuyas decisiones han sido nefastas para los derechos de lxs trabajadores, en un ser de luz.

Fátima Báñez fue una pésima ministra de Trabajo con Mariano Rajoy y siempre se le recordará por ser la irresponsable política de la reforma laboral de 2012.

Aquella reforma abarató el despido, debilitó la negociación colectiva y facilitó la devaluación salarial. 

También desvinculó la revalorización de las pensiones del IPC, con las consecuencias que conocemos. 

No fueron decisiones inocuas, las padeció -y padece- la clase trabajadora y benefició exclusivamente a los grandes empresarios y oligarcas de nuestro país.

¿Es que ahora recordar todo eso es una falta de sensibilidad? Pues no. La muerte merece respeto, pero la historia también.

No sé cómo fue Fátima Báñez en su vida privada. No la conocí. Pero sí conozco las consecuencias de su gestión pública.

Así que no confundamos compasión con amnesia, ni respeto con blanqueamiento político.

Que descanse en paz. Pero que no descanse la memoria de quienes pagamos las consecuencias de sus decisiones.

Los muertos merecen respeto. 

Las decisiones políticas de esta señora siguen mereciendo memoria y crítica.

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