Estela Alarcón.- La RAE define “regalo” en su primera acepción como una “dádiva que se hace voluntariamente o por costumbre”. En una segunda como “gusto o complacencia que se recibe”.
Todos a lo largo de nuestra recibimos regalos. Algunos, hechos desde el cariño y la gratitud y otros, por una formalidad que la sociedad o uno mismo se impone.
Pero, ciertamente, ¿qué podemos considerar como regalo? Evidentemente, gustan mucho aquellas dádivas nacidas del corazón y el agradecimiento, pero hasta las formalidades y los regalos de compromiso son, en mi opinión, motivos suficientes para el agradecimiento. ¡Que sería nuestra vida sin él!
De regalos y dádivas quiero hablarles. De uno en concreto que, por su excepcionalidad, me llena de orgullo y profunda gratitud. Se trata de un poema que mi querido amigo, maestro y excelente poeta Juan José Guardia Polaino ha tenido a bien dedicarme. Se titula “Ritornelo” y pertenece al poemario “Desahuciado Ángel” que cierra su trilogía de los exilios formada por dos eximios trabajos más: “En la patria del fuego y las cenizas” y “Los exilios de la sangre”.
La lectura de “Desahuciado Ángel” estremece por su crudeza, por ese presente agónico que augura un futuro no menos atroz y vuelve a ser un aldabonazo en nuestras conciencias que retumba aún con más intensidad que los anteriores, presenta poemas sombríos, en el hartazgo de una condición humana que a veces constituye una desalentadora verdad para seguir confiando en ella.
Pero, querido maestro, permíteme la tremenda osadía de vislumbrar un hálito de esperanza en tus devastadores poemas. Quizá los entendidos me acallen, pero los he leído desde el corazón, vetando a la razón la entrada porque la poesía suena mejor si su eco reverbera en el pecho como un redoble agitado de tambores:
“Nuestra existencia no es agonizar de sed,
la sed la calma el agua;
nuestra cruzada no es ser lágrimas y sangre,
vencidos corazones
sobre las sábanas que cubren nuestras noches;
nuestra vida no sólo es estar convocado y esperar;
hay que dar el paso, vencer el destino
aun estando ciegos y precipitados ante el abismo”
“Ritornelo” me ha cautivado. Lo he leído y releído, y he prestado mi pequeño tesoro para que otros lo hagan y lo que más curioso es que, según los que mejor me conocen, lo que soy se refleja en el poema. Y he vuelto a leerlo una vez más, con avidez, presa de la agitación que persigue a los niños que buscan con insistencia un presente escondido, tratando de hallar esa semejanza de la que me hablan, pero ha sido en vano, quizá no estoy preparada o, tal vez, sean los demás quienes descubren de nosotros aquellos aspectos respecto de los cuales permanecemos ciegos.
“El agradecimiento es la memoria del corazón”. Lao Tsé.









