El valor del Trabajo Social en las emergencias. Urda-Toledo: la importancia de estar cerca, acompañar y cuidar

Grupo de Intervención Social en Emergencias del Colegio Oficial de Trabajo social de Castilla-La Mancha.- Hay experiencias profesionales que dejan huella. Algunas por la dureza de lo vivido; otras, por las personas que encontramos en el camino, por los momentos compartidos y por todo aquello que nos enseñan sobre nuestra profesión y sobre el sentido de nuestro trabajo.

La intervención del Grupo de Intervención Social en Emergencias (GISE) de Castilla-La Mancha en el accidente de Urda-Toledo ha sido, sin duda, una de esas experiencias.

Han sido días especialmente difíciles, en los que muchas familias han tenido que afrontar una situación de enorme dolor, incertidumbre y espera. A ellas queremos dirigir, antes que nada, nuestro respeto, admiración y cariño. Sabemos que no hay palabras capaces de expresar lo vivido ni de aliviarlo. Tampoco pretendemos poner palabras a una experiencia que les pertenece. Sencillamente, queremos agradecerles la confianza que nos han brindado al permitirnos estar cerca en unos momentos tan complicados.

Quienes hemos formado parte del GISE sabemos que hay rostros, miradas, conversaciones y pequeños momentos que permanecen. Acompañar a personas y familias en circunstancias como estas nos recuerda la responsabilidad que asumimos y el sentido profundo de nuestro trabajo.

En una emergencia, el Trabajo Social tiene una función propia. Su intervención no se limita únicamente a gestionar recursos ni a responder a necesidades materiales. Aporta una mirada social que permite comprender cómo está afectando la emergencia a las personas, a sus familias, a sus relaciones y a sus condiciones de vida. Permite reconocer necesidades cotidianas que pueden quedar en un segundo plano cuando la atención se centra en la respuesta inmediata, pero que son fundamentales para que las personas reciban una atención integral.

La primera tarea es acercarse, escuchar y valorar. Conocer las circunstancias de cada persona, identificar qué necesita en ese momento y qué puede necesitar a continuación, reconocer sus apoyos y detectar posibles situaciones de especial vulnerabilidad. Las personas necesitan saber qué está ocurriendo, qué pasos pueden dar, dónde dirigirse y qué apoyos tienen a su disposición. Desde el Trabajo Social debemos facilitar esa orientación de forma comprensible, coordinada y respetuosa, diferenciando la información confirmada de aquello que todavía no se conoce. La transparencia también es una forma de cuidado: no alimentar rumores, no anticipar respuestas y no generar falsas expectativas contribuye a preservar la confianza.

No todas las personas afrontan una emergencia de la misma manera ni cuentan con los mismos recursos personales, familiares o sociales. Por eso, la intervención requiere una valoración individualizada que permita ajustar la respuesta a cada realidad, establecer prioridades y evitar que alguien quede sin atención porque sus necesidades no sean visibles o no sepa cómo expresarlas.

Esta valoración no es un trámite: es una herramienta profesional para orientar la intervención. Permite identificar necesidades de alojamiento, manutención, medicación, comunicación, apoyo familiar y atención a personas vulnerables. Supone reconocer las circunstancias de cada persona o familia y facilitar los apoyos que precisan. También implica orientar e identificar cuándo es necesario activar otros servicios, dispositivos o profesionales, facilitando que las actuaciones tengan conexión y continuidad y que la respuesta tenga en cuenta, por encima de todo, a las personas, sus vínculos, sus derechos, su dignidad y su realidad.

No basta con conocer los recursos disponibles: hay que identificar cuáles son adecuados, establecer los contactos oportunos y acompañar el acceso a ellos. La intervención no termina al indicar dónde acudir o a quién dirigirse. Es importante comprobar que el recurso responde a la necesidad, que la persona puede acceder a él y que no se pierde en el recorrido entre servicios y dispositivos.

Junto a ello, el Trabajo Social contribuye a mantener y fortalecer los vínculos familiares y sociales. En una emergencia, las dificultades para comunicarse, la separación de familiares, la falta de información o la ausencia de personas de referencia pueden incrementar la desorientación y la sensación de desamparo. Identificar las redes de apoyo, facilitar la comunicación cuando corresponde y favorecer el contacto con las personas significativas forma parte de una intervención que sitúa a cada persona en su contexto y reconoce la importancia de sus relaciones.

Pero la intervención del Trabajo Social en emergencias tiene otra dimensión que resulta igualmente esencial: el acompañamiento profesional, la manera de estar junto a quienes atraviesan una situación tan difícil.

Acompañar significa estar sin invadir, acercarse sin imponer, escuchar sin apresurar. Hacer saber que hay alguien disponible, respetar los silencios y los tiempos de cada persona y permitir que cada cual encuentre su propia manera de afrontar lo que está viviendo, sabiendo que hay alguien cerca. Significa ofrecer información desde la honestidad, reconocer nuestros límites cuando no se tienen todas las respuestas y evitar generar expectativas que no podemos garantizar.

Nuestro trabajo no consiste en eliminar la incertidumbre cuando no es posible hacerlo, ni en ofrecer respuestas que no tenemos. Consiste en permanecer cerca, orientar, escuchar y acompañar mientras esas respuestas llegan. En procurar que las personas no tengan que afrontar solas las necesidades que surgen en medio de la emergencia.

Esta es una parte fundamental del valor del Trabajo Social: atender la dimensión social y humana de la emergencia mediante una intervención profesional que combina valoración, detección de necesidades, apoyo, orientación, movilización de recursos, acompañamiento y coordinación. Una intervención que no sustituye ni se confunde con la de otros profesionales, sino que la complementa desde sus propias competencias y responsabilidades.

La experiencia de Urda-Toledo nos ha vuelto a mostrar que esta labor necesita del trabajo compartido entre profesionales, servicios y dispositivos. La coordinación permite poner en común la información necesaria, distribuir responsabilidades, evitar duplicidades y facilitar que las distintas actuaciones respondan a las necesidades de las personas. Cada equipo aporta desde sus competencias y conocimientos. Así se puede articular una respuesta conjunta ante una realidad compleja que desborda las capacidades individuales. El Trabajo Social contribuye a que la dimensión social esté presente en esa respuesta y a que las personas y sus necesidades no queden desplazadas por la complejidad organizativa de la emergencia.

Queremos agradecer a todas las personas y profesionales que han formado parte de esta respuesta: Protección Ciudadana, Unidad de Medicina Legal y Ciencias Forenses de Toledo, Cruz Roja, Cáritas, profesionales de la Psicología, Guardia Civil y, especialmente, a la Casa de Ejercicios del Buen Pastor, por la acogida, el cuidado y las atenciones que nos brindó durante estos días. Porque quienes acompañan también necesitan sentirse acompañados y cuidados.

Las emergencias dejan huella también en quienes intervienen. La exigencia de estos escenarios hace necesario contar con equipos preparados, espacios de coordinación y apoyos que permitan compartir dudas, revisar decisiones y sostener emocional y profesionalmente a quienes están en primera línea. Cuando la intervención termina, comienza otro tiempo necesario: el de compartir lo vivido, revisar nuestra actuación, reconocer lo que hemos aprendido e identificar aquello que podemos mejorar. Un proceso de reflexión y aprendizaje colectivo que permita transformar la experiencia en conocimiento y fortalecer futuras intervenciones.

Esta experiencia nos reafirma en el valor del Trabajo Social en las emergencias y en la necesidad de que ocupe el lugar que le corresponde dentro de los dispositivos de respuesta. Su aportación no es accesoria ni se reduce a una tarea de apoyo: es una intervención profesional específica, necesaria para identificar y atender las necesidades sociales, proteger derechos, activar apoyos, acompañar a las personas y contribuir a una respuesta coordinada e integral.

A todas las familias, nuestro respeto y nuestro agradecimiento. No queremos que estas palabras hablen más de nuestra intervención que de ellas, ni que la finalización de una actuación profesional se confunda con el final de sus propios procesos. Deseamos que puedan seguir encontrando la cercanía, el apoyo y el cuidado que necesiten, a su propio ritmo, con sus propios tiempos y en sus propios contextos.

A quienes han hecho posible esta intervención, gracias por el compromiso, la coordinación y el cuidado compartido. Y a quienes ejercemos el Trabajo Social, tengamos en cuenta que experiencias como esta nos recuerden la importancia de estar preparados, trabajar en equipo y seguir construyendo una intervención social especializada, con identidad y competencias propias, capaz de estar cerca cuando más se necesita.

Porque, en una emergencia, estar cerca, acompañar y cuidar no es algo añadido a la intervención: es parte esencial del Trabajo Social.

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