¿Necesita el aeropuerto de Ciudad Real un nuevo gestor? (1)

Javier María Díaz Vellón.- La preocupación por nuestras conexiones ferroviarias nos lleva a mirar hacia otra infraestructura que tenemos desde hace años y cuyo potencial seguimos debatiendo: el aeropuerto de Ciudad Real. No se improvisan rutas aéreas ni un aeropuerto puede sustituir automáticamente al tren. Pero necesitamos reflexionar sobre cómo mejorar y diversificar el transporte de nuestra provincia.

Tengo la impresión de que nos hemos acostumbrado a esperar por el aeropuerto. Las expectativas que despertó parecen haberse diluido, aunque sus posibilidades de atraer inversiones, facilitar conexiones y generar empleo siguen mereciendo nuestra atención.

Su titularidad es privada, pero su relevancia para Ciudad Real va más allá de la propiedad. El Plan Director aprobado en 2006 ya contemplaba potenciarlo como polo de desarrollo económico y generación de empleo, con un horizonte de planificación hasta 2025. Superado ese plazo, considero razonable preguntar qué objetivos se han alcanzado y cuáles siguen pendientes.

En octubre de 2018, el BOE publicó el reconocimiento de CRIA como nueva propietaria, gestora y promotora aeroportuaria, dentro del procedimiento judicial de venta. Han transcurrido ocho años desde aquella nueva etapa. Tiempo suficiente, a mi juicio, para pedir un balance de resultados y conocer sus compromisos de futuro.

Conviene reconocer los avances. El aeropuerto recuperó las operaciones aéreas el 22 de enero de 2026, mediante un modelo de uso mixto y diurno. Sería incorrecto afirmar que permanece cerrado. La cuestión es cómo consolidar esa actividad y ampliar su aportación económica a nuestra provincia.

Como vecino, echo en falta conocer un plan a corto plazo, con financiación, inversiones y fechas concretas. Si existe, sería conveniente explicar sus prioridades y su grado de ejecución. Esa información permitiría valorar las posibilidades reales de crecimiento.

Durante estos años se han anunciado conversaciones y acuerdos con grandes empresas. Sería útil disponer de un balance actualizado: inversiones ejecutadas, empresas con actividad, empleos existentes y proyectos pendientes. También conocer las razones por las que algunas iniciativas no prosperaron.

La primera responsabilidad sobre el rumbo empresarial corresponde a la propiedad. Gestionar esta infraestructura exige conservar las instalaciones, atraer clientes, negociar acuerdos viables y disponer de recursos para ejecutarlos. Desde fuera no conocemos todas las dificultades; precisamente por eso pido explicaciones que permitan comprenderlas y evaluar las decisiones adoptadas.

Las administraciones también tienen un papel que explicar. ¿Qué seguimiento realizan de los proyectos que respaldan? ¿Qué obstáculos pueden ayudar a resolver? ¿Qué compromisos concretos existen y cómo se comprueba su cumplimiento?

Las responsabilidades son distintas. AESA supervisa los requisitos de seguridad y operación. La elaboración y ejecución del proyecto empresarial corresponde a la propiedad y a sus gestores. Las administraciones deben actuar sobre las obligaciones y competencias que les correspondan.

Considero necesario aclarar qué compromisos de inversión, ejecución y actividad son exigibles y qué plazos tienen. Junto a ello, propongo que se promueva un plan de viabilidad con recursos identificados, calendario y objetivos verificables. Necesitamos saber qué desarrollo es posible y quién está dispuesto a impulsarlo.

¿Necesita el aeropuerto un nuevo gestor? A mi juicio, es un debate necesario. Si la propiedad actual no puede desarrollar ese potencial, debería valorar nuevos socios, un relevo en la gestión o una venta a quien aporte un proyecto solvente. Cualquier alternativa tendría que acreditar experiencia, capacidad económica y compromisos cuyo cumplimiento pudiera comprobarse.

Una eventual expropiación también puede debatirse, pero exigiría una causa legal justificada de utilidad pública o interés social, indemnización y cumplimiento de la ley. La discrepancia con una gestión no basta por sí sola. Antes de defender esa opción habría que conocer su viabilidad, su coste y el proyecto que vendría después.

Mi propósito es contribuir a una reflexión compartida. La propiedad, los trabajadores, las empresas, las instituciones y los vecinos tenemos responsabilidades diferentes, pero podemos coincidir en el deseo de que el aeropuerto prospere.

Las dificultades de transporte generan preocupación por sus posibles consecuencias laborales. Sin anticipar ni cuantificar ese impacto, nuestra provincia necesita proteger su empleo y facilitar los desplazamientos de quienes trabajan dentro y fuera de ella.

Esta situación exige respuestas inmediatas para la movilidad y una planificación seria de nuestras conexiones, incluido el papel viable que pueda desempeñar el aeropuerto.

Estimados vecinos, son muchas las preguntas que me hago y para las que quisiera encontrar respuestas. Espero que esta primera reflexión ayude a obtenerlas y a que cada parte actúe dentro de sus responsabilidades.

Ciudad Real merece conocer quién va a invertir, qué actuaciones se van a ejecutar y cuándo podrán traducirse en actividad y empleo. Necesitamos soluciones para los problemas actuales y compromisos que se traduzcan en hechos. Desde el respeto, pedir información también es una forma de contribuir al futuro de nuestro aeropuerto.

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