Grifos en la Fuente Agria de Puertollano, ¿solución o problema?

Santiago Sánchez.– A mi juicio, la única manera de preservar el manantial de la Fuente Agria de Puertollano en condiciones adecuadas es, en primer lugar, inspeccionar las tres surgencias que actualmente continúan activas. Además, resulta imprescindible abrir el manantial para conocer con exactitud su estructura interna y determinar si su origen es estrictamente natural o consecuencia de alguna excavación humana fortuita. Además, como imaginamos, que la roca madre se encuentra a poca profundidad, sería conveniente encauzar este último tramo para evitar las constantes fugas que siempre tuvo. Sé que a todos les da miedo abrir, pero si queremos tomar soluciones no hay más remedio, lógicamente con todas las precauciones posibles.

En consecuencia, y siempre tras la realización de un sondeo previo, la única opción válida garantizar un flujo constante del manantial, es profundizar adecuadamente en la base de la fuente y sanear, en la medida de lo posible, el trayecto de ascenso. Paralelamente, resulta esencial mantener una vigilancia continua de las surgencias existentes y controlar las obras y construcciones cercanas. Sin estas actuaciones, el caudal se irá perdiendo de forma irreversible hasta extinguirse por falta de energía hidráulica suficiente para alcanzar el nivel que tuvo en el pasado. La opción de extraer el agua de otras surgencias para alimentar el deposito de la fuente es una idea bastante problemática en todos los sentidos pues al final acaba por inducir la salida del agua por otro sitio y no mejora el nivel piezométrico.

La instalación de mecanismos de cierre automáticos, para aprovechar mejor el agua y asegurar su salida por los caños, constituye una solución inadecuada. Aunque pueda resolver de forma momentánea el problema del caudal, al final va a generar una serie de efectos adversos que no siempre se tienen en cuenta. Dado que el agua es prácticamente incompresible y el gas sí lo es, la presión en el interior de una cámara metálica aumentaría rápidamente, permitiendo la acumulación de gas hasta alcanzar una “presión de saturación interna”, que actualmente desconocemos. Al igualarse la presión de la cámara de la fuente con la presión del manantial, se puede producir un efecto de tapón, que detendría la salida del agua, generando además una sobrepresión en depósito interior de la fuente. Esta situación favorecería la microfracturación en la zona de salida, aceleraría las fugas por el subsuelo, podría comprometer la estabilidad de la base de la fuente y lo que es peor podría supones la pérdida definitiva del manantial.

Aunque este proceso podría autorregularse parcialmente a medida que se extrae agua, lo haría de forma irregular, por lo que sería imprescindible instalar válvulas de descompresión y grifos reguladores que permitieran una apertura progresiva del flujo. En cualquier caso, estas medidas no mejorarían el nivel piezométrico del manantial, que ya se encuentra en retroceso natural, agravado por intervenciones pasadas. Además, el cierre a presión favorecería la pérdida de caudal y podría inducir el desvío del flujo hacia otras surgencias. En definitiva, cerrar la salida de la fuente es, probablemente, la forma más rápida de provocar su desaparición.

Sea cual sea la actuación que finalmente se adopte, resulta imprescindible realizar un estudio detallado de la composición química del agua y determinar con precisión el origen principal del acuífero mediante el uso de trazadores químicos, isotópicos o biológicos. Asimismo, deberán realizarse los sondeos necesarios para establecer el tiempo de recarga y la antigüedad del agua, junto con un registro histórico de las precipitaciones en la zona que permita comprender el ciclo de recarga del acuífero.

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