Asociación Cultural Portus Planus.– El brasero es un medio de calefacción muy utilizado hasta tiempos no muy lejanos y puede que en algunos pueblos pequeños se siga utilizando.
Los combustibles utilizados eran picón y carbón vegetal, mas el primero que el segundo.
Se dejó de vender picón cuando llegaron los braseros eléctricos, estos cumplen el mismo objetivo de forma digamos más limpia y cómoda, aunque también más cara, los braseros eléctricos se siguen utilizando.
Normalmente se colocaba en la parte baja de la mesa camilla sobre un bastidor colocado al efecto.
La mesa podía ser redonda, cuadrada o rectangular, la mayoría eran redondas. Sobre la mesa se colocaba una especie de manteles llamados sayas, llegaban hasta el suelo y su función era la de evitar que el calor se perdiera en la sala.
El personal se sentaba y se colocaba las sayas sobre las piernas. Era frecuente que, en las piernas menos protegidas, las de las mujeres, se formaran unas manchas rojas conocidas como “cabrillas”, desaparecían con el tiempo.
El brasero es de chapa con forma de plato grande y dotado de dos asas para moverlo sin quemarse, acompañan al brasero otros dos útiles: badila y rejilla protectora.
La badila es una paleta plana con un mango largo que sirve para remover el combustible y hacer que las brasas del interior salgan a la superficie, consiguiendo así más calor, a esto se le llama sobrasar y en mi casa se decía “dar una firma”.
La rejilla es una protección para evitar que la ropa llegue al brasero y se queme.
Para encender el brasero, se quema un papel sobre el picón, se consigue que algunos trozos de picón se prendan, después hay que abanicar y ayuda ir extendiendo lo prendido con la badila hasta conseguir que se prenda toda la superficie, entonces es el momento de cubrir el picón con ceniza, se consigue así que el picón siga quemándose y se pierda poco calor.
Aunque no está recomendado, a veces se utilizaba para prender alcohol o gasolina.
Cuando se requiere mas calor se recurre a la badila tal como se ha mencionado.
Si se nota humo o mal olor, puede deberse a lo que se llamaba un “tizón”, trozo de picón que no se quema bien y produce monóxido de carbono, gas tóxico que puede causar dolor de cabeza, mareo y somnolencia, pudiendo llegar a producir la muerte si la exposición es prolongada. El tizón hay que sacarlo rápidamente porque el humo que generan es peligroso. Si se detecta pronto basta con sacarlo al exterior, si se tarda en sacarlo, habrá que ventilar la sala para evitar el peligro. Si el brasero se ha cargado bien de picón y no se ha abusado de “las firmas”, lo normal es que al día siguiente tenga todavía algunas brasas, lo que facilita el encendido.






