Carta abierta al Ayuntamiento de Alamillo tras la declaración de los Judas y Muñecas como Fiesta de Interés Turístico Provincial

Elvira Rodríguez Correal.- Como vecina de Alamillo y profundamente enamorada de la tradición de Judas y Muñecas desde mi infancia, quiero comenzar expresando mi satisfacción por el reconocimiento que sigue poniendo en valor nuestra fiesta, ahora también en el ámbito provincial, una declaración que, aunque llega de forma automática al contar ya con la distinción de Interés Turístico Regional, supone otro reconocimiento para nuestra fiesta.

He participado en la creación de Judas y Muñecas desde que tengo uso de razón. Desde que apenas levantaba unos pocos palmos del suelo, ayudando a llenar de paja los pantalones del judas que preparaban los mayores, quienes me acogían como una pequeña aprendiz. Allí observaba cómo daban forma a las muñecas con papel de periódico y papel de seda de colores.

Cada año, el olor dulce a paja seca me transporta directamente a mi infancia, al olor de la primavera en nuestro pueblo. Y aquí sigo, fiel a la cita, año tras año.

Si algo define esta tradición no es solo su resultado final, sino todo el proceso: el encuentro con amigas y amigos, la creatividad compartida y el trabajo en equipo. Es, en esencia, una celebración de la amistad y de la primavera.

En mi grupo de amigas y amigos, no siempre hacíamos Judas y Muñecas para “cumplir” con la tradición. A veces, eran una forma de expresar lo que llevábamos dentro. Durante varios años creamos una muñeca revestida de ramas de eucalipto a la que llamábamos “la Orcalita”. No la hacíamos para participar en el concurso ni para lucirla sin más, la hacíamos como protesta rotunda por la tala de aquellos eucaliptos tan emblemáticos que presidían la entrada del pueblo desde la carretera de Almadén. La “Orcalita” era nuestra forma de decir que no estábamos de acuerdo, que nos dolía nuestro entorno y que reivindicábamos la voz popular ante las decisiones unilaterales del gobierno del momento. Porque esta tradición también ha sido reivindicación, además de humor, arte y estética.

Me emociona profundamente ver cómo participan todos los colectivos del pueblo: amas de casa, nuestros mayores de la residencia de ancianos, grupos familiares, jóvenes, adolescentes y, especialmente, los más pequeños, que son quienes deben impregnarse de este entusiasmo para garantizar la continuidad de la tradición.

Quiero hacer una mención especial, cargada de admiración, a María Sepúlveda Moreno, licenciada en Bellas Artes, cuya implicación con esta tradición es sencillamente extraordinaria. Su proyecto artístico teórico-práctico sobre la elaboración de las muñecas, en lo que creo fue su proyecto fin de carrera, demuestra una sensibilidad, un compromiso y un amor por nuestras raíces que merecen reconocimiento. Y, año tras año, nos regala su talento a través de un cartel que no solo anuncia la fiesta, sino que la eleva, la dignifica y la convierte en arte.

Como dije al principio, celebro enormemente este reconocimiento institucional. Pero también quiero recordar algo fundamental:

“Las tradiciones de los pueblos no son un recurso turístico más, son la expresión de su alma colectiva. Aunque se les otorgue interés regional o provincial, el mérito real no pertenece a los ayuntamientos que las promocionan, sino a los vecinos que las sostienen, las viven y las mantienen vivas generación tras generación.”

En este sentido, no puedo dejar de responder a las declaraciones del Partido Popular de Alamillo, que ha criticado públicamente la supuesta falta de inversión y promoción por parte del actual Equipo de Gobierno. Resultan, cuanto menos, sorprendentes estas palabras cuando es sabido que en etapas anteriores en las que gobernaba el Partido Popular en Alamillo se destinaron miles de euros a campañas de promoción; sin embargo, hoy se ha logrado una gran difusión con un gasto público mínimo, gracias al esfuerzo voluntario y gratuito de vecinos y vecinas que han contribuido con vídeos, ideas y trabajo desinteresado.

Reducir el valor de esta tradición a una cuestión de inversión económica demuestra no haber entendido su esencia. Porque el alma de las tradiciones radica en la vivencia comunitaria, no en su institucionalización. Las instituciones pueden acompañar, facilitar y apoyar, pero nunca sustituir el verdadero motor: la implicación del pueblo.

Por eso, más allá de discursos políticos, quiero plantear una pregunta directa al portavoz del Partido Popular en el Ayuntamiento de Alamillo: ¿Cuántos Judas y muñecas ha elaborado usted a lo largo de su vida?

Porque “hablar de compromiso” con una tradición también implica haberla vivido, haber participado en ella, haber sentido en las manos la paja, el papel y la ilusión compartida. Y, sinceramente, no tengo constancia de que así haya sido.

La clave para que nuestras tradiciones perduren no está en el presupuesto, sino en la participación. El entusiasmo transforma el “tener que hacer” en “querer hacer”, y ahí reside la verdadera fuerza de nuestras costumbres.

Por eso, quiero animar personalmente a todos los vecinos de Alamillo, así como a quienes regresan de fuera durante estos días de Semana Santa, a sumarse a la elaboración de Judas y Muñecas. Unid vuestras manos, creatividad y alegría a nuestra tradición. De nosotros depende ensalzarla, disfrutarla juntos y garantizar que siga viva para las generaciones futuras.

Cuidemos lo que somos. Pero, sobre todo, no olvidemos que lo que somos no lo construyen los discursos, sino las personas.

Atentamente,

Elvira Rodríguez Correal

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