La Asociación de Amigos de la Historia de Almodóvar del Campo organizó este sábado una conferencia sobre la trayectoria y evolución de la pedanía de Minas del Horcajo, con una disertación que corrió a cargo de José Félix Fernández Mejías, ingeniero técnico de minas, licenciado en Ciencias Químicas y máster en Gestión de Patrimonio Histórico y Artístico.
El acto, celebrado en el IES ‘San Juan Bautista de la Concepción’, fue presentado por el presidente del colectivo, Rafael Sánchez, quien enmarcó el encuentro en un proyecto para “poner en valor y dar a conocer la historia de nuestras aldeas”, evitando que estos núcleos caigan en el olvido.
Sánchez, ante el numeroso público que se congregó, se refirió en concreto al enclave del protagonista de la charla como el ‘Potosí castellano-manchego’, un lugar de referencia minera en España que pasó de albergar a miles de personas con servicios como sanitarios y lúdicos, a convertirse en un espacio de silencio custodiado por la naturaleza.
Fernández, que cuenta con cuatro premios Eustory de investigación a nivel europeo, posee además un vínculo personal con el enclave al ser descendiente de antiguos habitantes de esta pedanía enclavada en Sierra Madrona y que se desarrolló por el valor de su galena argentífera, de la que se obtiene plomo y plata.
Durante su intervención, en la que estuvieron ediles de la Corporación municipal como la teniente de alcalde Carmen Santos, se desgranó la evolución técnica y social de este núcleo, apoyándose en su libro ‘Minas del Horcajo, la aldea olvidada’, de Ediciones Puertollano, donde rescata datos técnicos de archivos y testimonios humanos de quienes habitaron el lugar.
Un origen documental que se remonta al siglo XVII
Aunque el inicio de la minería moderna en el referido lugar se databa tradicionalmente en 1855, Fernández considera que bien pudieron estar ya allí los romanos y reveló el hallazgo en el Archivo Municipal almodovareño de una ‘Denuncia de una mina de plata’ fechada en 1662, un documento firmado por el capitán Roque Galindo y Pedro de Orozco.
En él se alude a una explotación en el paraje de ‘Orcaxo’, en castellano de la época, bajo el nombre de ‘Nuestra Señora de los Reyes’. No obstante, el desarrollo industrial definitivo comenzó en 1855 con Juan Inza, quien en 1858 se asoció con el industrial madrileño Luis Guihou para explotar el filón ‘Nuevo Perú’ mediante el sistema de socavón.
La cronología de la explotación muestra una sucesión de empresas que marcaron el crecimiento del enclave, desde la etapa de Inza, entre 1855 y 1866 y Ceferino Avecilla, de 1866 a 1870, pasando por la Compañía Comanditaria La Minería Española, de 1870 a 1882 y la Compañía Minero Metalúrgica del Horcajo, entre 1882 y 1904.
También se expuso la fase final de la explotación bajo la Nueva Sociedad de Minas del Horcajo, de 1904 a 1909 y la Sociedad Minero Metalúrgica de Peñarroya (SMMP) entre 1909 y 1911. El cierre definitivo se produjo, por agotamiento de los filones tras 53 años de actividad ininterrumpida y habiendo alcanzado los 600 metros de profundidad, bajo la dirección de Armando Gaviard.
Ingeniería de vanguardia y el desafío del agua
El ponente detalló la infraestructura de los pozos principales, divididos por su función. En extracción destacaron el pozo San Juan, que tuvo 480 metros de profundidad, sección rectangular y dos jaulas y el pozo Malacate, de 518 metros, sección rectangular sin entibación y maquinaria de 75 caballos.
Para el desagüe, el pozo San Miguel con 360 metros y el pozo Argentino de 505 metros utilizaban bombas Rittinger movidas por motores de hasta 350 caballos, pues Fernández enfatizó sobre la presencia de agua como “un problema recurrente”, con aportes de 300 m³/h que en 1904 llegaron a alcanzar los 10.000 m³/día, obligando a grandes inversiones.
En el plano tecnológico, el Horcajo fue un laboratorio de innovación. Se implementó la automatización de la perforación y se evolucionó desde las bombas Rittinger a las compresoras en los últimos años del siglo XIX para, finalmente, utilizar máquinas centrífugas a comienzos del siglo XX.
Este último sistema, diseñado por José María de Madariaga, fue el primero en la minería mundial en utilizar corriente alterna con tres bombas centrífugas en serie, lo que el experto definió como “un sistema de bombeo único en el mundo” para aquellas épocas en las que el trabajo en el interior de las galerías era realmente penoso pese a todo y que, acabaron accidentes muy graves con varios fallecidos, tal y como reflejó en crónicas la prensa de la época, pero no así las estadísticas oficiales.
Algo que ya reflejó en una crónica en primera persona, publicada en el diario ‘La Unión’ en marzo de 1879, el diputado en Cortes Horacio Pascual y Castañón, que se desplazó al enclave para visitar la tumba de su madre y en la que dejó constancia de su descenso a las galerías invitado por el ingeniero jefe, a la cual puso voz Javier de la Fuente.
Describió la mina como un “infierno hecho por los hombres” y un “país subterráneo” marcado por el contraste entre el frío glacial y el calor asfixiante de las cotas más bajas, denunciando la extrema dureza del trabajo en su interior y el riesgo constante de derrumbes, de manera que el destino de mucho trabajadores solía ser, inevitablemente, “la miseria, la inutilidad o la muerte”.
En todo caso, José Félix Fernández Mejías, hizo también hincapié en cómo los medios logísticos se modernizaron, en particular con la creación de un ramal de ferrocarril desde La Garganta para reducir los costes de transporte, a base de mulos y carros hasta la estación de Veredas, que en 1874 suponían el 54,6% del total de los salarios pagados.
Vida social, educación y crónica negra
La demografía de la aldea fue otro de los temas de especial interés en la ponencia, pues vinieron a reflejar su pujanza, pasando de 1.984 habitantes en 1865 a un pico de 4.500 personas en 1895, lo que constituía una verdadera población que contaba con servicios como hospital, escuelas, iglesia, puesto de Guardia Civil e incluso electricidad.
Se describió una sociedad estratificada en técnicos, obreros y servicios, con una vida social marcada por las fiestas de San Juan, cada 24 de junio o la inauguración, en 1906, de una plaza de toros de piedra donde actuaron diestros como el legendario ‘Corchaito’.
La enseñanza fue una prioridad, inaugurándose en 1890 una nueva escuela en los bajos de la iglesia con clases diferenciadas por sexos, educación para adultos y aseos conectados al alcantarillado, un servicio obligatorio por ley que el Horcajo cumplió de forma ejemplar.
La crónica negra también tuvo su espacio con el relato del hecho luctuoso del 6 de diciembre de 1900, en torno a la desaparición de tres niños, Alejandro Muñoz, Bonifacio Rubio y León Piernas, cuyos cuerpos fueron hallados días después “despedazados por las alimañas” en la cuerda de la sierra.
En el ámbito sanitario, se analizó el impacto de enfermedades profesionales como la silicosis, el saturnismo que se producía por envenenamiento por plomo y la anquilostomiasis, esta última combatida con éxito gracias a estudios médicos locales premiados internacionalmente.
Fernández concluyó recordando que gran parte del patrimonio de esta pedanía, tanto sus enclaves industriales como residenciales, fue destruido por intereses privados y la construcción del AVE, sentenciando que “la gente protege lo que ama, pero no se puede amar ni proteger lo que no se conozca”.
Como complemento a la jornada teórica, la programación de la Asociación incluye dos excursiones guiadas a las ruinas de Minas del Horcajo, una de las cuales ha tenido lugar hoy domingo y la próxima será en una semana, ambas conducidas por el propio José Félix Fernández, con almuerzo allí mismo, en la casa rural ‘La Casa de la Mina’.
Por último, la Asociación Amigos de la Historia ha hecho un llamamiento a la colaboración ciudadana para investigaciones actuales, en torno al antiguo campo de aviación de Almodóvar del Campo, incluidos sus refugios, así como sobre el Destacamento de Aviación conocido como ‘Polvorín’, para lo cual pueden contactar en el 606 441 055.






