En el día del agua

José Antonio Casado.- El presidente del Sindicato Central de Regantes del Acueducto Tajo-Segura, José Manuel Claver, firmaba una página de publicidad en “El País” que bien merecería ser retrucada con otra página pagada por la Comunidad Autónoma que estuviera a la misma altura.
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Puestos de relieve los beneficios del trasvase para toda España y para el Levante, añade que son tan respetuosos con las necesidades de la cuenca del Tajo que su comportamiento no debería dar lugar a protestas de ningún tipo; y que si estas se dan, no tienen más fundamento que el meramente político y las ganas de armar bulla a la que tan dados somos por estos pagos por razones marcadamente electorales.

La página tiene un párrafo muy clarificador. “No es cierto que haya falta de agua de abastecimiento en los pueblos de cabecera, sino que en determinados casos puede haber problemas de infraestructura para su transporte, lo que no es responsabilidad del trasvase, cuyos usuarios han abonado más de 460 millones de euros a las Comunidades Autónomas de la cuenca cedente para cubrir esas carencias”.

Independientemente de que se esté de acuerdo o no con los planteamientos de José Manuel Claver, el párrafo anterior pone el dedo en la llaga. ¿Qué han hecho los gobiernos de Bono y el de Barreda –Cospedal es un caso aparte puesto que abraza, con matices, el planteamiento del presidente del Sindicato Central de Regantes del Acueducto Tajo-Segura- con el dinero que los regantes de Valencia y de Murcia han pagado por el agua que reciben? A falta de la derivación pertinente desde el Tajo a la llanura manchega, las veces que se ha recurrido a las aguas del Tajo para remediar el estado lamentable de las Tablas de Daimiel, han terminado en un fiasco.

El párrafo que voy a citar pertenece a mi libro “Paisajes provinciales a mediados de los noventa”. Tal vez hubiera debido traerlo a estas páginas en el Día de los Humedales, pero no deja de ser pertinente en el Día del Agua: “la enfermedad de las Tablas no es de ayer, se remonta años atrás y, tal como se ha demostrado, la dolencia de los últimos años tiene visos de haberse transformado en enfermedad crónica.

En el 89, tras unos años de sequía, el gobierno puso en marcha un plan de recuperación del humedal consistente en derivar aguas del Tajo al Guadiana para remediar las carencias de esta cuenca. La experiencia volvió a repetirse otra vez en enero del 94, pero esta vez, en lugar de encharcar el parque nacional dándole vida y permitiendo la invernada de las aves, el agua se quedó por el camino. Los vecinos de Villafranca de los Caballeros, viendo que pasaba por delante de sus puertas, sajaron el cauce de Cigüela y abrieron atarjeas para que se encharcaran las lagunas del lugar, real cazadero de patos y lugar de diversión para las escopetas de la alta burguesía madrileña”.

No terminó ahí el desaguisado, los agricultores, como en la parábola del rico Epulón, también quisieron beneficiarse de los exquisitos manjares líquidos que corrían por el cauce del río, dejando las sobras, si llegaban a caer en el suelo, para las Tablas. Los agricultores no tienen las manos limpias en la grave enfermedad del parque nacional. La agricultura mal entendida y peor practicada, la agricultura que necesita agua por la mañana y por la tarde, la agricultura que riega en plena canícula, la que, en fin, extrae mucha más agua que la que entra en el sistema es la causa remota de la sobreexplotación del acuífero y del esta lamentoso del humedal manchego por excelencia.

Pasan los años, pero el problema permanece idéntico con ligeras variantes. Un mes antes de que empezara la última campaña electoral, la presidenta de la Comunidad de Alcázar, Araceli Olmedo, alguien que se sabe de memoria todas las triquiñuelas relacionados con los riegos y la agricultura, ponía el grito en el cielo contra el Plan Espacial del Alto Guadiana que se había aprobado, “desoyendo –decía- los informes y estudios presentados por los regantes, así como sus demandas», puesto que «reduce la dotación del consumo anual de agua para riego a la mitad. Y esto, a pesar que ha aumentado la superficie de regadío y que el Acuífero se encuentra en niveles óptimos». Regantes y Confederación llevan desde diciembre diciendo una cosa y su contraria sin llegar a ningún acuerdo. Salen a la prensa un par de veces por mes sin que los ciudadanos de a pie lleguemos a enterarnos del agua disponible por hectárea, puesto que las cifras se manejan con los mismos criterios que en los hospitales las listas de espera.
A todo esto se suma que está sin resolver el problema de los pozos sin regularizar y que el control del consumo lo realizan en la actualidad los propios regantes, puesto que la Confederación retiró la vigilancia por falta de presupuesto.

Es un viejo problema que costó el puesto al único presidente de la Confederación que quiso resolverlo cuando Barreda, al grito de “no somos monaguillos”, se había apeado ya de sus viejas creencias medioambientales y de otras de mayor calado. En los años de la gran sequía los agricultores perforaron el Acuífero 23 con pozos de más cien metros dejándolo sin agua y como un queso gruyer. Decían que eran riegos de emergencia, pero cuando pasó la emergencia los pozos quedaron ahí (si alguien tiene curiosidad puede ver en uno de los miradores de las Tablas un precioso esquema gráfico de cómo se hicieron esos pozos) y los agricultores, en algunos casos, se negaron a regularizarlos. La guerra de los caudalímetros fue larga y continúa vigente bajo otros términos.

En el Día del Agua, los nudos vienen otra vez al peine. Aunque los agricultores hoy controlen mejor los riegos y sean más conscientes en el uso del agua, la historia les recuerda que si quieren ser creíbles deben dar todavía muchos pasos. En fin de cuentas el 80 por ciento del agua lo consume la agricultura y solamente el otro 20 por ciento es para otros usos. Lo que más le molesta al ciudadano es que algunas organizaciones agrarias negaran en su día contra toda evidencia que el acuífero estaba sobreexplotado y pidieran que los pozos fueran bendecidos sin más ni más, con un hisopazo “barato”.

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