Los palacios del poder

Ángel RomeraEl poder no es compatible con la gente: la detesta o la olvida. Luis XIV, por ejemplo, huyó de París y se diseñó en Versalles una ciudad más hermosa en miniatura y como siempre quiso, a la medida de su mundano y mitológico narcisismo.
Pero ese modelo trascendió, porque, andando el tiempo, París llegó a ser otro Versalles: frío, limpio, geométrico, formal. Felipe II, su contramodelo, se había construido en El Escorial no un templo pagano, sino una cárcel católica y medieval donde acorazarse, semejante a la España que nos dejó: un erizo invertido, con pinchazos en vez de púas, reflejo del árido e inhóspito pedregal de Madrid. Ni siquiera su ejemplo llegó a trascender: el Siglo de Oro no abrió nada, sino que cerró para siempre España.

Ambos palacios estaban bien rodeados de lo que más importaba a los reyes: un amplio coto de caza con leyes mortíferas también para los furtivos: ningún monarca tuvo para con ellos piedad alguna y los condenaron a muerte: la nobleza no gusta solo de matar animales, sino a hombres; en época más arcaica incluso se los comía.

Llamo cárcel al monasterio de El Escorial porque eso le parecía al poeta italiano Giosuè Carducci, imbuido de ideales de libertad que le volvieron incluso un Rubén Darío renovando la anquilosada métrica italiana como hizo este en la española; pero el laberíntico edificio de Juan de Herrera era en realidad una trinidad absoluta: monasterio, palacio y tumba / Padre, Hijo y Espíritu Santo. O sea, el cuarzo, feldespato y mica que forma el granito de su materia prima constituyente. Ahora solo nos parece el pudridero adonde fue a parar un siglo de oro ajeno, en primer lugar, porque fue sustraído a los indígenas y, en segundo lugar, porque se lo llevaron los genoveses, como ahora se llevan los de Génova cuanto no ande atornillado al suelo, que el robar no se va a acabar.

Los actuales reyezuelos de España, domésticos y grises, que no lucen corona ni cetro como los ingleses (también es verdad que estas joyas se las llevó José Bonaparte I a Filadelfia, donde las vendió) prefieren hacer nada, que es lo que mejor hacen los reyes españoles, en una sede más hogareña; el cascote impresionante del Palacio Real lo dejan para recibir embajadores. Nuestros presidentes, por el contrario, hacen su manida en lo que, con buen juicio, bautizó Leopoldo Calvo Sotelo, el único algo escritor entre ellos, Complejo de la Moncloa, más por lo que agobia y abate que por sus crecientes anexos, alguna vez poblados por un bosque suicida de bonsáis o por canchas de pádel para torpes, pero también por telefonistas y asesores sin cuento o con mucho cuento, que tanto da.

La verdad, a uno le van más los decadentes y modestos palazzi de que está llena la melancólica y medio muerta república de Venecia. Era un cementerio otoñal y encantado para Proust (un zoo-gallinero para lord Byron), pero por sus canaletos discurrieron, además, Mozart, Chateaubriand, Goethe, Monet, Turner, Wagner, Ruskin, Hemingway y nuestros Fortuny y Nieva (quien, por cierto, se enamoró allí de la condesita Adriana Marcello), entre tantos otros ilustres extranjeros como tuvieron la suerte de albergarse en un palacete con frío en los pies, entre ellos Auguste Renoir, a quien ahora  han colgado en el Thyssen. Sus visiones de Venecia impresionan incluso más que sus pelirrojas morropintadas, tan eróticamente perturbadoras como las doncellitas de su Piano lesson; otros disfrutarán más quizá en la broza de luz y hojas de sus festines parisinos.

Los setenta palacetes venecianos, casi todos a lo largo del Gran Canal, estimulan con sus fantasmas y sus historias; todo el mundo, incluso los reumáticos, debería fallecer después de morar en ellos, como el desleído músico de Visconti, no ya entre notas de Mahler, sino entre los reflejos acuosos y coloridos de tantos pintores y cortinajes rúbeos como han formado la escuela veneciana desde Carpaccio a Tiépolo, pasando por descontado por Giorgione, Bellini, Tiziano, Tintoretto, Canaletto y Guardi.

Los primeros palacios realmente monumentales datan del siglo XIII, dos siglos después de que el serenísimo Dogo estableciera la ceremonia de los esponsales de Venecia y el mar; la mayoría perteneció al patriciado urbano, a la nobleza o a ilustres marinos que doblegaron al Turco de la Sublime Puerta; pero a los españoles nos interesaría especialmente el de Michele (o Michiel, en dialecto véneto) dalle Colonne, poco después del Ponte di Rialto, en la ribera derecha entrando por el mar, porque fue el serrallo de un ilustre donjuán (oDon Giovanni, cabría decir; está visto que, siendo veneciano Casanova, algo también le tenía que tocar), el duque de Mantua Ferdinando Carlo Gonzaga, que aparece retratado en El castigo sin venganza de Lope de Vega. Aquí traía el vejestorio a todas sus amantes durante el Carnaval, se dice. Pero hoy en día en el Carnaval de Venecia la gente se disfraza de lo que quiere ser, no de lo que son en realidad, como ocurre en, valga la comparación nefanda, Miguelturra, así que uno podría enamorarse o morirse allí en un hermoso ballo di maschera; por desgracia hoy el palazzo ha sido convertido en un prosaico registro civil. En Ca’ d’Oro el príncipe ruso Alejandro Trubetzcoy, emparentado con el famoso fundador de la fonética Nicolai, le hacía el amor a la famosa vedette María Taglioni. Pero a nosotros nos interesa más entre Les pierres de Venise de Ruskin el palacio que compró el hijo del pintor modernista catalán Mariano Fortuny, pintor, escenógrafo y fotógrafo él mismo también, que hoy alberga su museo. Sin embargo el patio está hecho una mierda: solo hay que ver lo desportilladas que andan sus paredes comidas por la hiedra. Cuenta mucha historia: allí representaron muchas piezas de teatro renacentista (luego vendría, en el XVIII, el ilustre veneciano Carlo Goldoni). Albergó además, también en ese siglo, la Academia musical de los Orfei, que luego se instaló en el teatro de la Fenice. Por la tertulia de Fortuny se pasearon Proust, D’Annunzio y las Duse, Duncan y Bernhardt. Por último, y para terminar con una anécdota, en el palazzo Labia, el ilustre y rico anfitrión arrojaba tras cada comida la vajilla de oro por la ventana a la voz de «L’abia o non l’abia, sarò sempre Labia» («Tenga o no tenga, seré siempre Labia»); la leyenda dice que, como el personaje no era tonto, una red sumergida bajo el canal permitía recoger la vajilla tras la partida de los invitados.

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Ángel Romera

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18 COMENTARIOS

  1. Celebro que haya disfrutado del viaje a Venecia.

    Entiendo que alabe la prosperidad de la República veneciana en contraste con la tiranía de las monarquías españolas y francesas,y también pienso que ciertamente la sobriedad de El Escorial de Felipe II, que todo se lo gastaba en guerras, era deslucida si se compara con Versalles y Venecia.

    España es diferente, decadente por culpa del catolicismo, y en cualquier caso un país del que avergonzarse.

    Obviamente no pienso esto último.

    La República veneciana era una plutocracia que creaba tantas diferencias sociales como la monarquía.

    Mientras Europa se enrriquecia con el comercio de as Indias, España sin embargo se empobrecia por la romántica y nefasta política exterior española, empeñada no en mantener sus territorios en Europa tanto como en sostener la unidad y el orden politico y espiritual de la Cristiandad.

    Europa salió al mundo por descubrir no a catequizar sino a expandir el comercio, poseer colonias y «suplantar» a sus habitantes, porque ellos no se mezclaban.

    Posiblemente si en España hubiese triunfado la Reforma, como dice Reverte, hoy seriamos otra España, rica, próspera, opulenta y AÑADO, sin la izquierda que tenemos, que no existe en el resto de Europa occidental.

    Porque aquí el catolicismo, su dogmatismo, ha sido sustituido por un liberalismo y un marxismo-anarquismo que da lecciones de fanatismo a los paises de nuestro entorno por eso de los complejos de atraso, que navega contra los tiempos como hicieron los Habsburgo.

    Si en España hubiese triunfado la Reforma hubiesemos tenido nacionalsocialismo, no ese comunismo católico que era Falange ni tampoco ese catolicismo comunista que era el Frente Popular.

    Ahora tendriamos un Frente Nacional, un UKIP, etc. que tiene enfilada la inmigración musulmana y ha resucitado el espíritu de cruzada y ojo, de Cristiandad (hoy cultura occidental), y que reclama una autoridad moral (algunos la ven en Putin).

    Europa está dejando de ser protestante.

    Y ese es el retraso secular de España, que aquí nos movemos cuando otros ya van de vueltas.

        • No te querrás comparar con Churchill no? Tu ego de profesor de secundaria es más grande que tu sapiencia y que incluso tu templanza. Te pierden las formas, tus frustraciones se trasmiten a través de tus escritos.

        • Desde el pseudónimo o capuchón para abajo lo único que se dice y desde el principio es que eres mentiroso, así que no voy a leerte más.

  2. Ángel Manuel dice que yo quiero que España sea protestante, pero se equivoca; lo que yo quiero es que en España todo el mundo sea como le dé la gana, incluso del Opus, como él (es una suposición como las que él suele utilizar para escribir líneas y más líneas de lo que nadie lee, «no ya por lo que diga / sino por mera fatiga»).

    • Estoy de acuerdo con usted, yo también quiero que en España todo el mundo sea como le da la gana, sin que nadie imponga sus posturas desde la calle.

      No, no soy del Opus, no le doy esa satisfacción, lo mío son los jesuitas.

      Compenso con mis líneas sus graves deficiencias históricas. Como regionalista, presenta la anécdota (muy interesante no lo dudo) pero se pierde en el contexto, que yo sí conozco porque lo he estudiado.

      Otra salida es que nadie le replicara, o nadie le contestara…pero no estamos en la Facultad de Políticas de la Complutense ni tampoco en la Autónoma.

      Deberíamos perder ambos peso, nos fatigamos enseguida.

      Y sí, usted ha dicho reiteradamente e incluso ha ejemplificado con personajes históricos (manchegos reformados), que si la Reforma hubiese triunfado en España, otra Historia y otra identidad cultural España hubiese tenido pues el catolicismo ha sido un lastre.

      Es un debate interesantísimo, lástima que se pierda en los contextos históricos. Podría surgir un interesante debate intelectual.

        • No has tenido la suerte como yo de haber vivido con ellos, formado y conocido.

          Jesuitas hay de tres tipos, los del venerable Padre Ignacio, los de Ignacio y los de Nacho. Muy distintos pero cortados por el mismo patrón.

          Yo he conocido y vivido con los tres, y nadie me pareció comunista, ni tan siquiera la gente que conoció a Ellacuría y vivió con él (alguno se ausentó milagrosamente de la casa el día que le asesinaron), me decía que lo era.

          En Hispanoamérica los jesuitas mantienen tanto centros de élite para los ricos como escuelas en las barriadas pobres.

          Es ésto lo que desconoces, que se puede defender a los pobres sin ser comunista, y se puede enseñar a los ricos sin ser liberal.

          Es un nuevo continente éste, difícil de abarcar para quien se mueve en esquemas tan limitados.

        • Lo mismo puedo decir del Padre LLanos, en cuya parroquia me alojaba los fines de semana. Se afilió al Partido comunista porque en el Pozo casi todo el mundo lo estaba, rezaba el Rosario, confesó a la Pasionaria antes que ésta muriese, y fue enterrado con el Kempis, no con el Capital de Marx como algunos dicen. En lo espiritual era muy conservador.

          Era un personaje el Padre LLanos, y además extraordinariamente conservador.

          Nadie nunca me dijo que era un comunista, él en el barrio era uno más. Si hubiesen sido todos en el Pozo de Falange, él también lo hubiera sido, porque él se identificaba con su gente, pero de eso a ser un marxista…un sacerdote que era de latines y cuyo libro de cabecera era el medieval Kempis…

          Por lo cual…a la hora de juzgar a los jesuitas y encasillarles…fueras más prudente.

          Y del Papa Francisco, jejejeje. El Provincial más conservador de Argentina en años, el arzobispo más antiperonista…Que no está reñido con ser un reformista agresivo.

          Pero si nos guiamos por las apariencias…

  3. JAJAJA A.R. me pongo a tus pies. El obseso no sale del lodo contigo…ojalá y me pudiera transfundir algo de materia gris tuya…

    Ayer caí y le respondí en otra noticia, y no veas lo que me arrepiento, porque eso de los bucles infinitos es agotador.

    Estoy contigo, que cada cual elija a su virgen para lo que quiera hacer con ella y a su santo para lo que le salga de los santos…

    A mi, mientras respeten el artículo 14 C y la aconfesionalidad del estado cuando están en cargos públicos, me importa poco en lo que crean.

    En cuanto a los actuales reyes, deseo que sean actuales y no futuros. Y que esa niña, Princesa de Asturias, que no sñe ni comó se llama, tenga una vida feliz como civil en una república europea.

    • Tus comentarios Hobbes son mi hilo dental dialéctico.

      Te arrepientes siempre de responderme porque dejo en evidencia las enormes lagunas personales y culturales que tienes. Y una mala intención que echa para atrás a cualquiera que te analice.

  4. El artículo está bien, pero en los comentarios (que creo que deberían ser para comentar el articulo en cuestión) encuentro muchas pajas mentales que ni vienen a cuento, ni me interesan en absoluto.

    • Se trataba de trascender simplemente un viaje a Venecia.

      Y como empezaba como empezaba…pues yo que nunca he estado en Venecia, pues me subí a la Góndola. Con Romera el paseo no es desagradable. Movido, yo también soy grueso, pero creo que interesante.

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