Héroe a los 4 años

MarcelinoSucedió en la provincia de León, en la zona de Laciana. Tres de Septiembre de 2.018. Una mujer perdió el sentido de la orientación. Acabó en el suelo sin poder moverse. Estaba en su domicilio. En la misma vivienda una niña de 24 días comenzó a llorar y otra persona observaba todo con ojos atónitos: Un niño de cuatro años, hijo de la mujer y hermano del bebé.

Cogió el móvil, marcó el 112, explicó la situación, dio a la teleoperadora la dirección de la casa y pidió que se dieran prisa. Su hermanita no dejaba de llorar. El niño la cogió en brazos para calmarla. El tiempo se le hacía eterno y llamó diez veces más al 112.

Cuando todo pasó, y los padres agradecieron a los teleoperadores su trabajo, la madre apuntó una recomendación para el futuro: no cortar la comunicación; dejar abierto el teléfono; el niño había sufrido una enorme ansiedad.

Al parecer, la mamá de nuestro protagonista tiene una enfermedad crónica. El padre le había explicado qué hacer ante una situación como la vivida. El niño no perdió la compostura en ningún momento, salvo la ansiedad por el retraso de los servicios sanitarios.

Vivimos unos momentos donde a los cuarentones los llamamos jóvenes. Donde el último ganador de Míster Universo, ha afirmado que prefiere tener perritos antes que hijos. Donde nos empeñamos en retrasar el paso a la edad adulta por pavor a asumir sus responsabilidades.

A las mujeres algunos las quieren convencer de que el mundo es un lugar tan hostil, que sin una ordenación de la sociedad diferente para ellas no serían capaces de salir airosas en el desafiante oficio de vivir.

En vez de estimular la responsabilidad personal, se la acota, y los progenitores encabezan manifestaciones para que sus “retoños” no malgasten su existencia en estudiar.

Y entonces aparece un humano de los de verdad. Un niño de cuatro años que, sin dudarlo, asume su condición de ser superior, se echa sobre los hombros la situación crítica y da un repaso a esos padres que cuando el niño se cae jugando no saben dónde meterse.

La infantilización es un virus de laboratorio desarrollado por no se sabe quién, pero nada acorde con la naturaleza humana.

Sin tapujos
Marcelino Lastra Muñiz

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5 COMENTARIOS

  1. Totalmente de acuerdo.

    Mira Marcelino, el sábado fui con mi mujer e hijo (3 años y medio) al cine a ver una película de animación, «Los Increíbles 2». Qué me encontré…una película que es producto de ingeniería social.

    A mi hijo le dio miedo la película pues utilizaba, para mi mujer y para mí, símbolos masónicos (búhos, hipnosis, demonios).

    Fíjate el mensaje (si puedes ten ocasión de verla). Un rico multimillonario tiene por propósito sacar de la clandestinidad a los superhéroes (que se han ilegalizado). Su hermana, que es la creativa y científica llega a decir: – Los seres humanos han preferido la comodidad a la calidad.

    Y curiosamente es la mala de la película. Política y gran empresa constituyen una coalición bondadosa que trata de salvar a los superhéroes, destinados a garantizar la seguridad de los humanos, que pueden y deben delegar su confianza en ellos.

    Y así es como se trata de construir al niño. El niño debe delegar la confianza en quienes son destacados por su éxito en la sociedad. No han de esforzarse por adquirir mayor calidad. Pueden delegar este esfuerzo que nos convierte a todos en héroes, por una mayor comodidad.

    Una película en suma que tiene tela.

    Y esto es DISNEY, que absorve a todo aquel que le hacía sombra y era pedagógicamente excelente (Píxer y Muppets).

    En mi casa, Disney está mirado con lupa.

    Disney utiliza descaradamente la ingeniería social.

    TODO NIÑO ES UNA PEQUEÑA PERSONA, UNA GRAN PERSONA EN POTENCIA, un héroe en potencia. Nada ni nadie puede interumpir un desarrollo de personalidad que le encamine a ello, a ser héroe, es decir, a superarse a sí mismo.

  2. Es cierto que l@s niñ@s tienen esa responsabilidad adulta que les sobreviene no sabemos desde qué interior tan grande y profundo.
    Lamentablemente, ahora nos hemos acostumbrado a verlos muertos en la playa…..

  3. No nos engañemos: los seres vivos son capaces de sacar extraordinarias fuerzas de flaqueza en situaciones extremas. Este niño, además, sabía lo que tenía que hacer porque sus padres lo educaron para ello.

    Los niños (y los mayores) se educan asumiendo lo que ven en el entorno. Y con los mimbres actuales, lo que antaño era normal o deseable (procurar ser responsable) ahora es una rareza. Y ya sabemos que nuestra sociedad no premia, sino que ataca a los raros, sean de 4, 14, 24 o 54.

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