Amelia y Lucía

Un sábado por la noche Lucía sale de su casa para ir cenar con unos amigos, cuando va a cruzar la calle ve algo en el suelo que se mueve, se acerca con cuidado y comprueba que se trata de un gato, se queja, hay sangre en el suelo. ¿Qué puede hacer?  Sus amigos la están esperando, pero no puede dejarlo ahí sólo, seguro que está sufriendo.

Busca el teléfono de un veterinario de urgencias. ¡Qué suerte ha encontrado uno! Una chica con voz cansada le responde y le comenta que verá al animal encantada, tardará media hora en llegar a la clínica. ¿Media hora?, no puede esperar tanto, además llamaba para saber si pueden ir a recogerlo, el gato no es suyo y no puede hacerse cargo de él. La veterinaria le responde que no puede desplazarse para recogerlo y hacerse cargo de él porque no es su responsabilidad y tiene que atender otras urgencias. La chica empieza a ponerse nerviosa y le dice que un veterinario no debe negarse a atender a un animal, que es muy poco profesional por su parte. La veterinaria le ofrece valorarlo si lo lleva a la clínica y ayudarla a buscar a alguien que lo adopte. El animal necesitará cuidados después. ¿Estará dispuesta Lucía a hacerlo? Imposible, no es suyo y sólo se ha ofrecido a ayudarlo y buscar quién se ocupe de él. Si la veterinaria no está dispuesta a hacerlo lo dejará en la calle.

Finalmente Lucía decide llevarlo a la clínica pero cuando llega la veterinaria le pregunta quién va a pagar los gastos de la consulta de urgencia y los derivados del tratamiento que necesite.¿Cómo?  El gato no es suyo, ¿cómo es posible que le pida dinero? Insólito. Se enfada mucho, ¿qué clase de veterinaria hace algo así con un animal sin dueño? La veterinaria le comenta que puede ayudarla, pero hay cosas que tienen un coste y por supuesto no puede quedárselo ella.

Lucía no sale de su asombro, no entiende cómo alguien que dice amar a los animales se comporte así, se lo cuenta a los amigos que la están esperando para cenar y uno de ellos le comenta que entre todos podrán ayudarla. Se calma un poco, sus amigos la apoyarán no podía ser de otra forma. Le dice a la veterinaria que se lo quedará unos días y ésta que ya ha valorado al animal mientras “whatsapeaba” con sus amigos, le dice que saldrá adelante, no es grave lo que tiene pero necesitará un tiempo. ¡Qué bien!

Un sábado por la noche Amelia acaba de volver a casa después de haber realizado una cirugía de urgencia, ha estado toda la tarde en la clínica esperando que el perro al que había operado estuviera bien para poder entregárselo a los propietarios. Justo cuando llega a casa y está saludando a sus hijos, la llaman por teléfono: una chica muy nerviosa le dice que se ha encontrado un gato, que está muy mal y que vaya a por él. Amelia le responde que no puede hacer eso, no es su responsabilidad, pero puede valorarlo en la clínica si está tan mal. La chica con la que habla no entiende que no pueda atender a un animal de la calle que está sufriendo y sangrando. Amelia intenta hacerle entender que no puede hacerse cargo del gato pero puede ayudarla con el tratamiento y a buscarle dueño, la chica no entra en razón, aunque al final accede a llevárselo a la clínica. Se marcha de casa, sus hijos ya lo entienden (no es la primera vez que ocurre algo así; pero hoy es un día especial y aún no han podido celebrarlo…)

Cuando Amelia llega a la clínica y se encuentra con Lucía se da cuenta que no  sólo no tiene intención de pagarle la consulta de urgencia sino que además esa chica cuenta con que debe quedarse con el gato, ante su negativa y explicaciones Lucía empieza a mandar mensajes a sus amigos contando las barbaridades que le está diciendo ésa que se llama a sí misma veterinaria. Mientras, Amelia valora el estado del animal y comprueba que con los cuidados adecuados puede recuperarse. Por suerte, los amigos de Lucía han decidido ayudarla y entre todos cuidarán del gato. Amelia le hace un descuento en la consulta de urgencia, no le cobra las radiografías pero sí la medicación que le ha administrado. Lucía le dice que volverá al día siguiente a pagarle… ( Amelia ya lo ha oído más veces y sabe que no será así , y más veces actuará igual que hoy). Hoy ha habido suerte, no ha tenido que discutir ni oír lo que tantas veces le han dicho, hoy este gato tendrá alguien que se haga cargo de él y no se lo quedará en la clínica como otras veces hasta que pueda encontrarle un buen hogar, hoy por fin se irá a casa con sus hijos a celebrar el día especial, hoy… es su cumpleaños).

Yo soy Amelia, por favor, no seas tú Lucía.

Rosa Tejada  – Clínica Perros y Gatos
veterinaria colegiada en Ciudad Real
Veterinarios por vocación

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4 COMENTARIOS

  1. Una historia con moraleja.
    Anteayer vi un video de un tipo al que le molestaba un perro y sin más cogió un cuchillo y lo mató mientras otro tipo le grababa…
    L suerte del criminal os la podeis imaginar cuando fue descubierto…
    Hay gente con una falta total de neuronas.
    Buena labor la vuestra, Rosa.

    • Ciudadano crítico, Ojalá las penas se endurezcan para estos seres miserables.

      Agradezco mucho que consideres buena nuestra labor, necesitamos más ejemplos como el tuyo.
      Saludos

  2. Es cierto que el ser humano es altruista y cooperativo. Un saludable y placentero hábito del que no solo vive el hombre.
    Enhorabuena al colectivo veterinario por su labor encomiable con los animales, digna de tener en cuenta….

  3. Tienes razón,sólo los que lo practican saben lo reconfortante que es, aunque nunca obligatorio.

    Gracias por pensar así de nuestro colectivo.

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