La historia religiosa de nuestros pueblos, en algo más de 160 obras de arte

La licenciada en Historia del Arte y en cargada del Museo Diocesano de Ciudad Real, Ana María Fernández Rivero, ha impartido esta tarde en el salón de actos de la Biblioteca Pública del Estado una charla acerca de las obras recogidas en este espacio del Palacio Episcopal de Ciudad Real.

La charla arrancaba con una introducción sobre los museos diocesanos, cuyo origen se remonta al siglo XIX. Su misión, además de conservar el patrimonio de la Iglesia, es evangelizar a través de la belleza de las obras que, en otro tiempo, se dedicaban al culto.

Fernández Rivero ha defendido que la obra artística y los monumentos deben permanecer en el lugar para el que se crearon. Pero en ocasiones esto no es posible y se conservan en los museos diocesanos, que “recogen la historia religiosa de nuestros pueblos”. Así, la exposición permanente del Museo Diocesano de Ciudad Real es un recorrido por la historia y vida del cristianismo de la provincia desde sus inicios hasta el Siglo XX, a través de una importante colección de piezas del patrimonio artístico, que incluye cuadros, esculturas y objetos litúrgicos.

El Museo Diocesano de Ciudad Real se inauguró en 1990 con el fin de salvaguardar y exponer aquellas obras de arte religioso que no se utilizaban para el culto. Situado en el Palacio Episcopal, un edificio modernista erigido en 1887, fue impulsado por el obispo emérito recientemente fallecido Rafael Torija, a quien, como sencillo y emotivo homenaje, Ana María Fernández Rivero ha dedicado la charla. En la última remodelación del edificio, tras detectarse su estado ruinoso en 1978, se habilitaron grandes espacios adecuados para la exposición de obras del patrimonio de la Iglesia. El primer director del Museo, hasta 1997, fue el doctor en Arqueología Antonio Ciudad; le sucedió Francisco del Campo Real, doctor en Historia, hasta su jubilación en 2016. Desde entonces la propia Ana María Fernández Rivero es la encargada del Museo Diocesano.

Los 400 metros cuadrados de espacios expositivos del Museo, divididos en dos salas y un patio, acogen algo más de 160 obras de arte sacro. En la ponencia, se han destacado, de la primera sala, el Portapaz de Uclés, «una joya» de 1565, los “bellísimos” libros corales, y los ternos, todo ello donado por la Orden de Santiago del Monasterio de Uclés a la Catedral cuando se crea el Obispado Priorato de las Órdenes Militares en 1875. Además, una vitrina con orfebrería; la importante tabla hispanoflamenca de Santa María la Mayor de Alcázar de San Juan, que representa la sepultura de Jesús; las tallas en madera policromada de la Virgen de La Porterita del Monasterio de Concepcionistas de Ciudad Real y la Virgen de la Paz de la Parroquia de la Consolación de Ballesteros de Calatrava, de un gran valor por su origen medieval.

De la segunda sala, Fernández ha citado obras pictóricas, como un San Jerónimo, una Inmaculada firmada de Lucas Jordán; la Impresión de las llagas de san Francisco, de Mateo Cerezo; La degollación de San Juan Bautista de Eugenio Caxes. Por otro lado, dos tallas atribuidas a Salzillo: la Cabeza de San José de San Bartolomé de Almagro y el Niño Jesús sentado de las Carmelitas Descalzas de Daimiel.

Por último, del patio ha disertado acerca del Retablo cerámico de San Juan de Ávila Doctor de la Iglesia, así como los impresionantes pasos de Semana Santa de la Santa Cena,  de Faustino Sanz Herranz,  y el Resucitado de Joaquín García Donaire, o de dos inmaculadas de “impresionantes” dimensiones.

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8 COMENTARIOS

  1. Lo cierto es que a lo largo de la historia muchos han dedicado su vida y hasta su muerte a sus creencias religiosas, y también han existido personas quienes han utilizado a la religión como estandarte para diversos fines, incluso para pasar por encima de los derechos humanos de otros…..

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