Marcelo Expósito: Arqueología de la contracultura en el Puertollano de los 80

Carlos Sanz.-Necronomicón. Un concepto del que se desprenden esquirlas de recuerdos en la memoria de una generación de puertollanenses. Una palabra que resume la eclosión de una contracultura en Puertollano a principios de los 80 en el pasado siglo XX. El catalizador de una corriente de creación artística, cultural y musical que floreció en la ciudad minera, que tuvo una duración efímera pero cuya impronta fue una simiente sobre la que luego germinaría un movimiento contracultural.

Marcelo Expósito (Puertollano, 1966) fue uno los artífices, tanto de la edición de este fanzine experimental que duró cuatro números, como de otras propuestas que se cocieron en aquellos años. Cuando se marchó de Puertollano, su trayectoria apuntaba a ser meteórica y hoy en día está considerado una de las figuras más influyentes del activismo artístico. Su currículum así lo refleja: desde militar en colectivos de guerrilla artística, pasar a la esfera docente, ser parte del organigrama del MACBA (Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona) hasta dar el salto a la política donde ejerció los cargos de secretario del Congreso de los Diputados y Diputado en las Cortes Generales durante las legislaturas del 2016-2019. 

A raíz de la publicación reciente del documento “ruidos, redes y cultura industrial a la sombra de la nueva ola”, que puede consultarse en la Radio del Museo Reino Sofía, contacté con esta prolífica figura para tratar de situar en el mapa de la creación artística, la irrupción de Puertollano en ese escenario que denominaron “cultura industrial” y que estuvo asociado a la crisis de la reconversión del tejido industrial que desde inicios de los 80 tuvo lugar en muchas ciudades españolas.

La primera mitad de los 80 fue un período efervescente en todos los sentidos. Con el tiempo, la llamada “movida madrileña” fagocitó todos los fenómenos sociales y culturales que aparecieron en aquellos frenéticos años. Una forma de eclipsar tantas cosas que sucedieron como una emergente escena artístico-musical a la sombra de la New Wave. Y por insospechado que parezca, en Puertollano ese movimiento alternativo cristalizó en forma de fanzines, recopilatorios de música experimental y aparición de un mundillo contracultural.

¿Cómo empezó todo? ¿Cuál fue el leitmotiv? ¿Por qué precisamente en Puertollano?

 Expósito reconoce que de todos los proyectos de autoedición o de organización relacionados con la música moderna o experimental que se realizaron en Puertollano a partir de 1982, Necronomicón (1984-1987) es seguramente el que alcanzó mayor repercusión. “Pero, como he explicado con detalle en el podcast de la Radio del Museo Reina Sofía y en el documento escrito que también se ha publicado, estos proyectos que realizamos en Puertollano se tienen que relatar vinculados a tres contextos. En primer lugar, el crecimiento de las escenas modernas que tuvo lugar en toda España en el tránsito de la década de los setenta a la de los ochenta, lo que luego se ha simplificado enormemente con el rótulo banal de “movidas”, y que originalmente fueron experimentaciones juveniles con nuevos modos de vida, un nuevo tipo de sensibilidad colectiva generada sobre todo alrededor de las nuevas músicas y que tuvo por ejemplo en la edición de fanzines o en la escucha de determinados programas musicales radiofónicos una esfera pública muy amplia y a partir de un cierto momento muy sustancial, nada minoritaria” explica.

Ese ecosistema de escenas modernas también se expandió fuera de las grandes ciudades del país. “También en Puertollano se generó una escena moderna de menos de un centenar de personas, de la cual formábamos parte quienes realizamos primero el fanzine Decibelios, luego otro fanzine de vida muy efímera y más minoritario que fue Experiencias y finalmente las ediciones de fanzines y cassettes que llamamos Necronomicón”.Al albur de todo esto, aparecieron otros grupos modernos, “por lo general más voluntariosos que consistentes, pero que sirvieron también para catalizar energías y capacidad de creación”. Y como último esqueje, una derivación más radical del punk creció en las contraculturas de los 70; a ese movimiento se le llamó cultura industrial y según Expósito “pivotaba básicamente en torno a experimentaciones musicales radicales, además de producir una cultura visual propia muy potente. Este movimiento interconectaba agentes muy diversos en ciudades de todo el mundo: editoras musicales, publicaciones informales, editoriales más sólidas, etc., y fue la red de redes internacional de la que Necronomicón surgió y en la que de alguna forma nuestro proyecto adquirió su protagonismo”.

Con el paso de los años, se trató de encorsetar todo este frenesí creativo bajo la denominación “movida manchega”. Expósito rehúye de este término, “no recuerdo haber utilizado nunca” si bien reconoce que pudo surgir en Radio Popular de Puertollano donde colaboraba junto con Eduardo Mugas en un espacio conducido por Julián Gómez “para difundir las músicas que nos interesaban y que de otra manera resultaban difíciles de escuchar y en segundo lugar a lograr organizar en contacto con el ayuntamiento unos programas de conciertos en los que colaboré en 1982-1983”. Una programación para las ferias de mayo y septiembre que tuvo bastante repercusión dentro y fuera de la localidad, “no era habitual entonces que salieran de Madrid o de las grandes ciudades a tocar de manera masiva grupos como Aviador Dro, Derribos Arias, Gabinete Caligari, Parálisis Permanente, Radio Futura, Siniestro Total o Glutamato Ye-yé, y no digamos ya otros incluso menos conocidos en ese momento como eran Cámara de Málaga, T.N.T. de Granada o Metal y CA de Madrid”.

A vueltas con el término “movida”, Expósito cree que su uso pudo generalizarse para aproximarlo a la legitimidad oficial que empezó a tener en un cierto momento la “movida madrileña”. Sin embargo, admite que finalmente “se normalizó en todas partes, acabó siendo un término indeseable. Muy a principios de los 80, la cultura que se respiraba en los nuevos ambientes culturales juveniles era la “nueva ola” y la idea que imperaba era la de “ser modernos”. El libro de Fernando Márquez El Zurdo sobre la nueva ola madrileña se titulaba Música moderna, y se publicó casi al mismo tiempo que el primer LP de Radio Futura, que se titulaba igual. “Movida” era una palabra de slang que se utilizaba para describir por ejemplo cuando uno iba a pillar drogas o se dirigía a hacer actividades cotidianas normales en una vida contracultural o alternativa, “hacer una movida”, sin mayor relevancia. Cuando la palabra se amplificó en los medios o en las instituciones para designar los climas o los ambientes que venían emergiendo desde el momento en que estoy describiendo, entonces todo estaba medio jodido ya, el asunto era ya otra cosa” remacha.

El método artesanal de la autoedición como mecanismo creativo

A principios de los 80, Internet era una quimera y si querías editar o publicar un fanzine o cualquier material de este tipo tenías que buscarte la vida. Eso no fue obstáculo para que Expósito, Mugas y toda la pléyade que colaboró en Necronomicón, se pusieran manos a la obra para darle cuerpo y forma tanto a esta publicación como otras complementarias, caso de Decibelios, “un fanzine culturalmente híbrido, que comenzó mezclando, por decirlo de una manera rápida, el rock urbano con los principios de la nueva ola. En apenas un año derivó hacia otros intereses: la explosión que supuso la segunda generación de grupos nuevaoleros posterior a los pioneros Kaka de Luxe o los Pegamoides, y finalmente también adquirimos rápidamente gustos digamos más sofisticados: lo que en aquel momento se llamaba after-punk o el pop electrónico de principios de los ochenta. Sin pretender darle un bombo innecesario a esta historia, sí diría que Decibelios fue un fanzine que sirvió para ir acompañando la evolución del gusto musical de nuestro entorno en Puertollano, incidiendo además en ese tránsito. Sin duda, también porque la fase final de Decibelios fue determinante a la hora de provocar esos cambios drásticos que sucedieron en la programación musical juvenil de las fiestas locales, que acabaron siendo un foco de atracción mucho más allá de Puertollano”.

Pero aquello no fue un ejercicio solipsista de unos adolescentes que pretendían divulgar sus gustos musicales y artísticos sin más. “Si esto tiene alguna importancia es si acaso por el hecho de que, desde muy pronto, tuvimos la intuición de que las culturas generadas alrededor de las nuevas músicas tenían el poder de transformar las experiencias cotidianas de amplios sectores de la juventud, en definitiva eran nuestras herramientas para reivindicar formas de vida diferentes, más libres, más autodeterminadas, y experimentar con formas de creatividad quizá muy sencillas, pero que al fin y al cabo suponían maneras de autoconstruirnos por fuera de los modos de vida normativos” reflexiona Expósito.

Lo valioso de aquella experiencia fue la obstinación de Expósito, Mugas y los demás por dotarse de un método de producción propio, “herramientas de producción cultural propias y al mismo tiempo muy estrechamente conectadas con esos climas de época cambiantes. Y lo hicimos, naturalmente, por la suerte que tuvimos de vivir un momento de efervescencia que sucedía en todas partes, pero también lo hicimos con una determinación, una energía y una capacidad de invención enormes en un territorio donde no se daban las condiciones previas para que todo lo que hicimos surgiera de manera natural ni tampoco sencilla”.

Cuenta Expósito que Decibelios estuvo integrado por una decena de personas “entre las que nos encontrábamos mi primo hermano Emiliano Prieto, Juan Felipe Molina, Luis Ernesto Gómez, Eduardo Mugas y yo. Después, Experiencias lo hicimos solamente Luis Ernesto y yo después de un viaje de estudios a Granada con nuestro instituto en 1982. Allí conocimos a la gente del ambiente experimental granadino que entonces eran estudiantes universitarios un poco mayores que nosotros: el grupo Diseño Corbusier, la extraordinaria música experimental Neo Zelanda (Ani Zinc), el formidable músico-artista Rafael Flores (Comando Bruno) y la gente del fanzine La visión. Todo eso formaba parte del desbordamiento que la nueva ola estaba experimentando también en otros lugares, avanzando hacia gustos musicales y estéticos más elaborados o hacia experimentaciones digamos que más radicales. Luis Ernesto y yo decidimos entonces hacer un fanzine que conectara con todo eso, que fue el Experiencias, del que solo sacamos un número en 1983, e inmediatamente después Eduardo y yo comenzamos con el Necronomicón, que se concibe a lo largo de 1983 y empieza a publicarse efectivamente hacia el primer semestre de 1984, justo antes de marcharme a estudiar a Madrid en septiembre de ese año”.

¿Hubo buenas migas entre la contracultura puertollanense y la administración local?

“Hacíamos cosas en la Casa de Cultura” rememora Expósito. Desde organizar conciertos hasta impulsar jornadas de videoarte y música experimental. Y si no hubo mayor sinergia con la institución local no fue por nada especial, “sencillamente, no creo que hubiera muchos más cauces o recursos como para hacer nada más allá de las colaboraciones que tuvimos. En aquel momento, siendo muy jóvenes, debíamos sentir algún tipo de indiferencia o en todo caso de sentido meramente instrumental en nuestra relación con el ayuntamiento o la radio. Mirado con el tiempo, tengo la sensación de que, quienes trabajaban en esos ámbitos más oficiales y tenían una cierta sensibilidad, sencillamente hacían lo que podían. La Mancha no es un lugar fácil para nadie, desde luego no para quienes se encuentran a la intemperie cultural, pero tampoco para quienes trabajan en las instituciones”.

Casi 40 años después ¿Qué queda de todo aquello? El impacto que aquella contracultura pudo tener en posteriores generaciones, y sobre todo en el ámbito de las escenas alternativas en los 90, fue mayor del que pudiéramos pensar. Así lo cree Expósito al señalar que, más allá de la cuestión sentimental, “fue el primer aprendizaje de cómo intentar vivir siempre de otra manera, de llevar un modo de vida antinormativo”. De hecho, en los últimos años está habiendo una revisión por parte de mucha gente dedicada a la música electrónica “en aquello que hicimos en los años ochenta, sobre todo en los circuitos que también en España existieron relacionados con eso que antes te contaba sobre la cultura industrial. Tengo si acaso un interés genealógico en la medida en que sea necesario construir un relato sobre el pasado que sirva activar cosas en el presente. Cuando Rubén Coll, del equipo editor de la Radio del Museo Reina Sofía, me contactó en 2017 proponiéndome hacer la entrevista que finalmente se ha publicado recientemente en 5 pódcasts y ese largo documento del que estamos hablando, accedí solamente porque logró explicarme de qué serviría todo aquello ahora, por qué resultaba útil para alguna gente que está buscando su propio camino. Y lo acepté asimismo en la medida en que a mí me servía también para reconstruir una historia que, si no fuera recuperada de manera adecuada, con rigor e incluso con un poco de furia, quedaría sepultada por las toneladas de versiones oficiales que existen sobre el pasado. Y sucede que, en muchas ocasiones, las versiones oficiales sobre el pasado son muchísimo menos útiles para el presente que las historias minorizadas, reprimidas o invisibilizadas. Solamente por eso tengo interés en participar en construir este tipo de genealogías, para que el presente se construya de una manera diferente comprendiendo lo que antes ha sucedido de una forma alternativa a tantas historias oficiales que son una pura filfa, que no responden a la complejidad y a la conflictividad que el pasado siempre tuvo”, concluye.

Tratar de comprender como método de transformación. Y en esas estamos en este 2020 pandémico que ha puesto patas arriba el modelo en el que vivíamos. Lo cultural no se libra, todo lo contrario. Vive su particular Viacrucis por su dependencia del consumo de propuestas para el entretenimiento. Preguntado por si el Covid-19 supone la puntilla a ese modelo de políticas culturales hechas para ser consumidas, si todo ese modelo era una burbuja a punto de estallar, Expósito lo focaliza desde una perspectiva ideológica: “la burbuja de un modelo cultural estrechamente ligado a las políticas neoliberales ha estallado igual que otras burbujas de este mismo modelo. Nos ha reventado en la cara la burbuja de un modelo de desarrollo basado en el ladrillo y en la especulación inmobiliaria, así como nos ha reventado en la cara la burbuja de un relato sobre la transición democrática española consensuada, indolora, modélica, inmejorable, inmaculada, incolora e insípida que tuvo una de sus claves de bóveda en la figura del rey ahora emérito que ahora ya vemos lo que realmente era: un tío corrupto, soberbio y cutre. Pero la crisis de un modelo dominante, abriendo por fortuna siempre un momento de indeterminación que resulta interesante, no tiene por qué conducir inevitablemente a un escenario mejor. Lo mismo pasa con la cultura”, advierte.

Expósito no es partidario de naturalizar los pros y contras de la cultura de masas y la cultura minoritaria, todo aquello que plantea un conflicto entre “pensamiento y entretenimiento”. Va más allá de este debate y cree que los próximos escenarios dependerán de la capacidad de reinventarse “frente a los intentos de restauración de lo viejo y también frente a las nuevas pulsiones autoritarias, sobre todo”. Considera que la enorme crisis provocada por la pandemia no es un escenario halagüeño “porque nos golpea después de venir ya bastante sacudidos por los efectos de la crisis de 2008 y no digamos ya por la precarización general de nuestros modos de vida, incluso de nuestra sensibilidad misma, provocada por las políticas neoliberales desde hace cinco décadas”. Como figura irredenta cree que, si no se retoma la democracia para radicalizarla, “lo que se nos viene por sí mismo produce espanto”. Una advertencia que “vale para la cultura, para las relaciones afectivas, familiares o sexuales entre las personas, para la reconstrucción de nuestro modelo económico y de desarrollo y para todo lo demás”. Son tiempos de vértigo, de enormes cambios que ni siquiera alcanzamos a sospechar.

Biografía de Marcelo Expósito

Nacido en Puertollano (España, 1966), Marcelo Expósito ha vivido durante los últimos años entre Barcelona, Madrid y Buenos Aires, manteniendo una relación de trabajo y biográfica frecuente con América Latina. Docente, artista y crítico cultural, expone su trabajo artístico con regularidad desde los años ochenta, habiendo participado en exposiciones internacionales relevantes como el Aperto de la Bienal de Venecia (1983), Antagonismos y la colección del Museu d’Art Contemporani de Barcelona (MACBA) (2001 y 2012), la 3ª Bienal de Arte Contemporáneo de Berlín (2004), Principio Potosí y Playgrounds en el Museo Reina Sofía (Madrid, 2008 y 2014), la Bienal Europea Manifesta 8 (Murcia, 2012), el Festival Steirischer Herbst (Graz, 2012) o la Bienalsur (Buenos Aires, 2017). El Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC) de Ciudad de México y La Virreina Centre de la Imatge de Barcelona preparan actualmente exposiciones retrospectivas de su trabajo programadas para ­el año 2021.

Ha publicado como autor o editor una veintena de títulos entre los que se cuentan Walter Benjamin, productivista (2013), Conversación con Manuel Borja-Villel (2015) y Discursos plebeyos (2020), así como monografías sobre Chris Marker (2000), Pere Portabella (2001) y Tucumán Arde (2015). Activista en movimientos sociales por la radicalización democrática desde hace tres décadas, ha ejercido los cargos de secretario del Congreso de los Diputados y diputado en las Cortes Generales españolas durante las legislaturas XI-XII (2016-2019).

Fotos del fanzine extraídas de
https://stahlfabrik-exlibris.blogspot.com/

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5 COMENTARIOS

  1. Que nadie se deje engañar.
    Hay quienes son contraculturaLes, o se llaman asi, porque viven de ello, y quienes sin necesidad de un adjetivo juztificativo, dezde los 50 0 60, se ha manifestado de una forma coherente en su vivencia personal y social, como enemigos del engaño, la politica y los postureos artisticos, para sin merecerlo recibir subvenciones y puestos, sin valer para nada.
    Mas hechos y menos palabreria.
    Son voceros de su propia incapacidad para vivir decentemente.

    • Vale campeón, no das ni un dato y pones a parir gratuitamente.
      Si tan sencillo es ser contracultural viviendo de subvenciones qué haces ahí sin aprovechar el chollo?.
      Cuándo tengas el CV de Marcelo a ver te hacen artículos sobre tu trabajo, fiera.

  2. Yo no digo que no sea un personaje interesante, ¡hay tanto por conocer y es tan corta la vida!¡ y me estoy perdiendo semejante mirlo blanco!… no lo sé, pero exactamente ¿en qué consiste su actividad artística? es que será que estoy espeso, seguro que soy yo, pero no me he enterado de casi nada y lo he leído entero, de veras, con mucha paciencia y dificultad, haciendo como que no me enteraba de su rollazo politiquero, buscando el arte por el arte, incluso la contracultura de la contracultura, o sea la repera… debe ser un vanguardista de cuidado, se escribe en el texto que hace exposiciones pero, ¿de qué? ;deduzco que es o pintor o escultor pero no lo tengo claro, podría ser un contrapintor y entonces ya no tengo excusa para no dejarme unos pelos como los suyos

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