Entre dos comunidades y desde la Sierra de Siruela

Pablo Romero Dorado.- Con un día despejado y sin lluvia, el domingo día 13 de marzo, 30 socios del Club Deportivo Pozo Norte, han tomado rumbo hacia la pequeña localidad llamada Garlitos. Se localiza al nordeste de la provincia de Badajoz, en la parte derecha del río Zújar y en el límite meridional de la comarca de La Siberia.

Un tema trascendente sobre GARLITOS ha sido sus tradiciones, entre la que destaca la gastronomía, mayormente, debido al guiso de los peces de las corrientes fluviales y el conocido embalse de La Serena, el segundo más importante en Europa Occidental. Ha llamado la atención de los socios al pasar en el autobús por el puente del mismo embalse y en las colas, ya que no se ha visto el agua que debería de tener. Por otra parte, se percibe el sustento ganadero y agrícola que mantienen este magnífico lugar. Y trasladándose al punto de partida de la ruta, se inicia en la Ermita de nuestra Señora de Nazaret a 535 metros de altitud.

Bien, la idea principal era descender por uno de los caminos y llegar a la proximidad del molino de Angarilla. No obstante, el trayecto se modifica y el Club Deportivo Pozo Norte indaga otro de los caminos cercanos, en los que se encuentran terrenos particulares y vallas, lo cuál hace retroceder e ir por una estrecha carretera. El grupo se ve obligado a rodear el lugar previsto hasta llegar a la referente carretera comarcal. Con una primera parada al llegar al kilómetro seis aprox., se toma un refrigerio y se asciende por un camino de cemento, llamado camino de Agudo y se atraviesa el paraje del Frontón del Galero.

Y lo anecdótico comienza ahora, ya que un fiel acompañante se ha unido a la ruta desde este punto citado, y se trata de un perro con buen aspecto. Y sin dudar, nos demuestra que él conoce muy bien el trayecto. El caso es que no ha dejado de rebuscar durante la ruta, en puntos claves donde roedores e incluso jabalíes habían estado poco tiempo antes.

La subida se ha continuado girando a la derecha, las fincas de labranza han bordeado el camino. Los paisajes de encinares, chaparros incluso olivos han protagonizado el lugar. Numerosas ovejas se han visto pastar durante todo el recorrido y una vez entrado en el pinar y con una intensidad de jara y eucaliptos la respiración ha sido profunda: el ánimo se ha desprendido, el humor y el trato entre los socios ha demostrado el factor humano y social que ellos están acostumbrados ha desenvolver. Es más, la propia naturaleza te envuelve en una paz y comprensión sin igual.

La segunda parada, ha sido en el paraje de la alberca: Entre estiramientos e hidratación se ha reiniciado al continuado ascenso, un camino con bastantes piedras sueltas, lo cuál los dos bastones eran imprescindibles hasta llegar al punto más alto de 909 metros, llamado el refugio de la Celada.

En la segunda subida encontramos un cruce de caminos: los cartuchos se dispersaban en el suelo de las inmediaciones y, lógicamente se percibe un paso propio de animales. Bien, al lado y al principio en otro de los caminos se han visto numerosas colmenas. Y tras la reagrupación, se ha continuado subiendo con fuerza y decisión para llegar a un pequeño punto de esplanada y arboleda, por donde se avistaban los espectaculares valles extremeños.

Quién iba a imaginar una extensión tan asombrosa. Las lluvias acaecidas en este tiempo atrás, han colmado la sed a la frondosa vegetación y se han cubierto mantos verdes; con flores diversas de una luminosidad fantástica. Las esparragueras se fueron dejando atrás, con numerosos espárragos que recién brotados asomaban entre las mismas.

Al poco tiempo se ha llegado al refugio de la Celada para tomar más oxígeno y hacer la última subida y volver a contemplar la intensidad del lugar: Unos valles inmensos en los que se distinguen a lo lejos las localidades de Herrera del Duque, Siruela, Don Rodrigo y Agudo, conocidas por la caza, la ganadería, la historia y el ecosistema que difumina estos fronterizos pueblos.

Las fantasmales montañas parecían barreras defensivas, quizás formadas en el periodo Leovicico, se perdían en la lejanía del paisaje extremeño. En las proximidades se han contemplado brezos blancos en flor, madroños y un colorido morado y verde intenso que ha reavivado la pronunciada bajada hasta llegar a la ermita de Siruela (Badajoz). Una fuerte advocación Mariana lidera la fe desde siglos atrás; Y es que, los misterios, apariciones y atributos a la Virgen María son verdaderas incógnitas.

No dejen de visitar la ermita y tomen un tentempié al lado de la misma, así lo han hecho los socios, después de más de cinco horas de ruta y con 19 km., aunque se anunció que serían 13 km. Por ello, es de comprender que la ruta ha sido de dificultad media-alta cómo se indicaba y hay que estar acostumbrados en este tipo de actividad es fundamental para desarrollarla.
En definitiva, este Club Deportivo de Puertollano ha compartido una experiencia emotiva y competente que se transmite con nuevas perspectivas que ustedes irán desentrañando y la madre naturaleza les guiará.

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