Puertollano Winter Festival: La Hermandad de la Vieja Normalidad

Santos G. Monroy.- Quizá no importara tanto el cartel del Puertollano Winter Festival (que también), como el público y la atmósfera, y esa oportunidad única del reencuentro con unos ideales y una manera irrepetible de vivir la vida. Había ganas de recuperar la ‘vieja normalidad’ este sábado en el Pabellón Ferial ‘La Central’, y de ir más allá: homenajear a una época que no se sabe si fue mejor o peor, aunque desde luego sí bendecida por la juventud, quizá menos oscura y más sencilla, antes de los terrores biológicos, las crisis encadenadas, la geopolítica tenebrosa y la extenuante dictadura de Internet y los códigos binarios.

El Puertollano Winter Festival requiere de una organización colosal que ha deparado no pocos quebraderos de cabeza a sus voluntariosos responsables, pero cualquier error que pudiera sobrevenir (y sobrevino, sobre todo en el sonido) siempre es soslayado por la actitud de una gente que viene a pasárselo bien en la camaradería de la edad, en el vínculo con el terruño, en el reconocimiento en los demás como la extensión de uno mismo.

Ayuntamiento de Puertollano y Asociación Puertorock han vuelto a organizar un Winter Festival desde el cariño y el respeto por los artistas y, sobre todo, por su propio público, a quien se ha facilitado desde el transporte hasta la mascarilla obligatoria (otra cosa es lo que cada uno hiciera con ella).

En las semanas previas se ha dado cancha a numerosas agrupaciones locales, y el divertido ‘Casiwinter’, celebrado en el mediodía de este sábado, consiguió citar a cientos de personas provenientes de media España para disfrutar de agrupaciones tan divertidas y castizamente puertollaneras como ‘The Buyakers’ y ‘Mucho Pop’, acompañadas de la soberbia AMC Banda de Música de Puertollano, una de las mejores del país en su categoría. Todo ello, regado con la sabiduría del gran triunvirato de pinchadiscos Lanza, Loto y Diego Oca; y un especial recuerdo a Ana Mari, de ‘Pantalikes’, fallecida este sábado, a quien se dedicó el festival.

Poco después los festivaleros pudieron redescubrir a otro clasicazo local, ‘Febo’, que aún enarbola el estandarte de la inteligencia musical ochentera, y de los solventes ‘Estado Decepción’ y su provechoso mestizaje con lo mejor del rock.

El aforo alcanzó su máximo, unas 2.000 personas, con la llegada al escenario de ‘Amistades Peligrosas’, que han demostrado que sus seguidores siguen siendo una entregada legión. Cristina y Alberto se exhibieron en su portentosa y eterna juventud, en su elegancia sensual, en el marcado compromiso social del pop brillante de la vieja escuela.

‘Nacha Pop’ desplazó al auditorio a su particular ruta sentimental, con esas canciones del desaparecido Antonio Vega («La Chica de ayer”, “Lucha de gigantes”, “No se acaban las calles”, “Vístete”), convertidas en patrimonio inmaterial de la humanidad, capaces de resucitar la ventura en los recuerdos y lugares de los veinte años.

Formidable, como siempre, estuvo ‘La Guardia’, que sigue demostrando que el rock and roll es una fórmula infalible para levantar los ánimos. Manuel España sigue saludando con un arqueológico «¡hola troncos!» que se agradece en plena estupidez Motomami, y demostrando por qué fue y es uno de los máximos exponentes del mestizaje con el country pop y el folk americano. Como bola extra, la banda ofreció a Puertollano una magnífica ‘jam session’, con esos solos de batería y duelos de guitarras que parecen en peligro de extinción.

Cerró la noche ‘Danza Invisible’ y el incombustible Javier Ojeda, un artista tan excepcional en la historia de la música pop española como accesible en la distancia corta de su gracejo andaluz. Con él, siempre rebotando como un torbellino en su disparate de cabriolas y desmelenes, recuperamos, desafiando lumbalgias y contracturas, aquellos sonidos románticos y caribeños con toques de new wave. El Puertollano Winter Festival le tenía ganas a los labios de fresa de la reina del Caribe, que disiparon toda nostalgia, en la confianza, ojalá, en que dentro de un año todos podamos reunirnos de nuevo, y vivir para contarlo.

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