Las Elecciones Europeas, más importantes que nunca

Durante décadas, el movimiento obrero se dejó la piel por conseguir determinadas mejoras laborales que al cabo de más de cien años de sangre, sudor y lágrimas supuso el paso del trabajo en régimen de semi-esclavitud al  trabajo decente y protegido. Esta lucha de hombres y mujeres que, en muchas ocasiones, arriesgaron su vida para salvar la de los compañeros, no ha sido lo suficientemente reconocida por la historia. No ya para realizar homenajes con nombres y apellidos, sino para saber valorar la situación de la que gozamos actualmente.

Es cierto, que aún queda camino por recorrer en más de un ámbito, como el de la seguridad laboral, la conciliación de la vida familiar y laboral, la temporalidad, etc. Pero en estos momentos de crisis durísima, la que sufren especialmente las personas que pierden su puesto de trabajo, cuando se oyen cada vez más voces desde la derecha urgiendo un cambio en la legislación laboral que provoque, lo que ellos llaman, un mercado de trabajo más flexible, más dinámico y, en definitiva, capaz de generar más empleo.

Y esta idea, en principio, si no entramos en matices, podría ser compartida por buena parte de la población de nuestro país. Pero aquí está la trampa, en los matices, en lo que subyace en el fondo de esta reivindicación, puesto que cuando se habla de flexibilización del mercado laboral, generalmente, lo que la derecha está diciendo sin decir, es más temporalidad en los contratos. Cuando hablan de dinamismo para generar puestos de trabajo,  no nos dicen que se está proponiendo una reducción de las cotizaciones sociales, algo que pondría en peligro a medio plazo el Fondo de Garantía de las Pensiones y la propia Seguridad Social. Lo que subyace detrás de todo este discurso de la derecha, es que la ley debería permitir que los trabajadores puedan renunciar individualmente a sus derechos colectivos en favor de la empresa, y nos lo venden desde el ejercicio de la libertad individual, que es la máxima expresión, siempre según la derecha, de la democracia.

Pero no nos engañemos. No hay nada más falso y peligroso que estas afirmaciones, ya que desde ese posicionamiento ideológico nos han intentado “colar” la jornada de las 65 horas laborales, que se debatió en el Parlamento Europeo en el pasado mes de diciembre. Los partidos conservadores europeos instados por la derecha económica, pretendían que los trabajadores renunciasen a una jornada laboral razonable por otra totalmente desmedida, con el único argumento de que esta jornada provocaría una mayor competitividad.
Y los socialistas nos preguntamos: ¿es que es más competitivo el mercado laboral en aquéllos países donde no existe legislación y se pueden contratar los servicios de cualquier trabajador por menos de un euro al día, con jornadas infinitas y muchas veces con mano de obra infantil? ¿La economía es más potente en esos países? Hay que recordarle a la ciudadanía que el 60% de los trabajadores del mundo (más de 1.800 millones de personas), trabajan sin protección social, sin condiciones sanitarias mínimas, con jornadas extenuantes y por un salario indigno; lo que les somete a un régimen de pobreza de la que les es imposible salir, mientras que grandes multinacionales trasladan sus sedes desde Europa o Estados Unidos, en aras de una mayor competitividad, a estos países en los que el trabajador solo es considerado como fuerza de trabajo y no como lo que es, una persona a la que no se le respeta ni el más mínimo de sus derechos.

Algún lector pensará que estoy exagerando, pero no hago otra cosa que describir una realidad que hoy día sufren millones de personas en el mundo. Y, mientras tanto, la política neoliberal de la derecha, que defiende el “cuanto menos Estado, mejor” porque el mercado ya se regula solo, es la que se ha practicado sin control durante las últimas décadas en el mundo, los mercados financieros se han colapsado y estamos al borde del abismo, precisamente porque no han existido los mecanismos de control necesarios para que esta “burbuja” especulativa globalizada no nos estallara en las narices, como así ha sido. Y en este momento, aquellos que promulgaban que no se interviniera en aquel desaforado mercado que hacía millonarios a unos pocos, son los que ofrecen “recetas mágicas” para salir de esta crisis que ellos mismos han provocado. Pero hay que recordar, que solo en los países con cierta tradición socialdemócrata ha habido redistribución de la riqueza, precisamente porque el Estado estaba ahí para garantizar que esto se produjera.

El capitalismo ha caído y, mientras tanto, los neoliberales tienden a reconducir sus posturas; salvo en España, donde Rajoy se queda solo ante sus compañeros de la derecha europea, que no comparten con él sus recetas de bajadas de impuestos y de contención del gasto público. Mientras el G20 diseña políticas de inversión pública coordinadas entre los países más importantes de la esfera mundial, la derecha española sigue instaurada en la repetición de las recetas que han creado un modelo económico insostenible no solo en España, sino en el resto de mundo. La política del PP del “cuanto peor vaya la economía, mejor nos irá a nosotros”, les hace diseñar una estrategia para convertir las Elecciones Europeas en un plebiscito contra Zapatero y contra el Partido Socialista.

Por ello, las Elecciones Europeas son más importantes que nunca. Porque no podemos caer en la trampa de la derecha, hay que explicarles a nuestros familiares, compañeros y amigos que el 80% de las políticas de nuestro país dependen de lo que se acuerde en el marco de la Unión Europea, porque la derecha nos ha prometido reavivar el debate ahora sobre las 58 horas de trabajo semanales, y a lo largo de estos días han impedido que se aprobara el aumento en dos semanas de la baja por maternidad y nos amenazan con quitar el derecho a disfrutar en pareja dos semanas desde el nacimiento o adopción de un hijo.

Es por esto y mucho más, por lo que se antoja vital nuestro compromiso con los valores sociales y las políticas de progreso que deben tener su refrendo con nuestra participación en las urnas el próximo 7 de junio.

Ahora más que nunca.

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