Un vampiro del pueblo (6)

Un vampiro del pueblo 6Perdonen si me reitero, pero lo hago para evitar que la memoria se enrede en la madeja de los acontecimientos. Soy un vampiro del pueblo, un vampiro bueno que no mata a nadie, respeta los cogotes ajenos, pero necesito tomar mi chupito diario. Cuando tomo sangre humana de una herida fresca, me reconstituyo como un roble y el herido se recobra con una rapidez casi milagrosa. Eso me llevó a desempeñar una función social que me valió el cariñoso apelativo. Producto de uno de mis escarceos amorosos con mi primera novia me atacó una alergia que se descubrió era a la sangre, cruel paradoja para un vampiro… del pueblo, pero un vampiro, cuyos efectos sólo se neutralizan con agua bendita, al contacto o por ingesta, aunque ya me he acostumbrado al buche. Hace años, muchos años ya, que lo que hago es mezclar ambos líquidos vitales, uno para el espíritu, el otro para el cuerpo. Y así me ahorro un trinque y tener que inclinar el gaznate que con los años acaba chiririando.

Mi caso llegó hasta el  profesor Perhaps un antropólogo multidisciplinar que no dudó en recurrir a los servicios de este modesto servidor de los malheridos y de ustedes para tratar de neutralizar al conde Cópula, un vampiro horripilante pese a su aspecto de galán impenitente, de cuatro colmillos, repudiado por los de su propia estirpe, malhechor, comelobos, pendenciero, parrandero y demás calificativos, inmoral, seductor y musulmán, que era inmune a toda la parafernalia antivampírica tan presente en el imaginario popular como cruces, ajos, luz del día, espejos y todo eso. Nada, nada de eso, absolutamente nada.

El profesor Perhaps con su obsesiva labor de investigación como historiador, espeleólogo, arqueólogo, investigador de ciencias ocultas -ya dije que era multidisciplinar y autor de libros- encontró la manera de acabar con el conde Cópula, que no era otra que enfrentarlo a un antivampiro o un vampiro bueno. O un vampiro del pueblo… que viene a ser lo mismo. El pueblo contra la aristocracia. Una simbología recurrente y expeditiva que no tiene porqué ser así ya que malasangres los hay arriba, abajo, a la izquierda y a la derecha. Si lo sabré yo…Hacía años que el susodicho monstruo no hacía de las suyas pero últimamente habían aparecido los cuerpos de varias jóvenes con señales evidentes de haberles servido de festín y fiestón, y el señor Perhaps no estaba dispuesto a consentirlo. Así que como ya saben me fui a Londres, requerido por tanta eminencia y por su ayudante Walpole, un tipo pintoresco, gordito relleno, risitas y enervante pero muy servicial..Creo que dejé el relato de mi asombrosa experiencia en este punto.

La primera vez  que salimos a husmear por la noche londinense, por los puertos tenebrosos del oscuro Támesis, de garito en garito, de tugurio en tugurio, lo mejor de cada casa andaba por allí. Pero no crean que todo era lumpen, marginalidad, delincuencia  y hampa. No, no, también pasamos por algún que otro club de la gente bien donde comprobé que entre tanta gente bien andaban a sus anchas aduladores, especuladores, ambiciosos, delincuentes de perfume caro y guante de seda , algunos adscritos a alguna bandería política de uno u otro signo, bien mezcladito entre la clase con clase… Mala gente, demasiada, entre la gente bien, que no es lo mismo que la gente de bien… Pero esto no es lo interesante, por ahora.

Cuando llegamos al Caballo Cuerdo, un local que casi se abría a las aguas del río, del que estaba separado apenas por un malecón sucio y maloliente, en parte de madera vieja carcomida por el verdín, vimos a Lobato, el contacto de Perhaps. Andaba ya con varias pintas en su cuerpo, balbuceando apenas, entre la media cogorza y con el  habla ininteligible del desdentado. Hola, Lobato, ¿todo bien?, dijo el señor Perhaps. Perpecto, peñor Perhaps. La primera impresión que recibí de ese sujeto fue que Lobato, era un pobre diablo, un don nadie, un ser sin dignidad, alucinado, sin pegada, ni mordisco, tan ridículo en su aspecto normal que en su metamorfosis lobezna que se atenuaba a cada luna llena. Imagínense a un hombre lobo, rugiente y maligno sin un mal diente en las mandíbulas. Antes era muy peligroso pero después de la extracción masiva a cambio de perdonarle la vida para que fuera soplando –pintas y cosas a la policía, y al señor Perhaps- Lobato de lobo tenía poco y de loba ná. Je, je, je. Oh perdonen, perdonen, sé que es estúpido reírse uno de sus propios chistes, sobre todo sin son malos, pero es qué.. Je, je, je…

¿Hay algo que echarse a la boca, amigo? Le interrogó el señor Perhpas. Opa pinta, por pavor.¿Por pavor?, pregunté yo, extrañado. Walpole se rió. Así, ji, ji, ji… ¿lo captan? Ji, ji, ji, No es lo mismo que je, je, je… Oh, cómo me enervo. Sí, si,  por pavor, por pavor. Póngale otra pinta, por favor. En el Red Eye, hay juerga, pujeres y cerveza, señor Perhaps. He oído que haprá un ritual extraño. Bien, Lobato.

Antes de irnos nos tomamos unas cuantas rondas, pagaba la casa, quiero decir, el señor Perhaps, bueno, en realidad Walpole, porque el señor Perhaps despreciaba el dinero y decía que la mejor manera de despreciarlo era no hacer cuentas de él. Cuando salimos del Caballo Cuerdo, las pintas iban derechitas del estómago a la cabeza pero no perdimos el sentido de la realidad.

Vayamos al Reg Eye, dijo el señor Perhaps.

Y allí nos dirijimos. Y empezó el baile…             

Artículo anterior
Artículo siguiente

Relacionados

ESCRIBE UN COMENTARIO

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí


spot_img
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img