La responsabilidad del alcalde de Campo de Criptana en el derrumbe del palomar de Treviño

Hace ahora cuatro años, desde Salicor, se le imploró al alcalde, se le suplicó; se gestionó con esfuerzo ante la Confederación Hidrográfica del Guadiana un proyecto tras el que ésta emitió un extenso informe que concluía con la posibilidad de costear al 100% por su parte una inversión de un millón de euros en restaurar todas las edificaciones y arboledas del entorno del nacimiento del arroyo de San Marcos, es decir, de la Huerta de Treviño, de su casa hortelana y de su palomar. El Sr. Alcalde únicamente tenía que hacer una sola y pequeña cosa: invertir unos pocos miles de euros en comprar la parcela en la que se ubicaba todo eso.

Hace ahora cuatro años, también, se le explicó al alcalde el alto significado que para nuestro pueblo tenía el paraje. Que, junto a la Huerta del Bajo, era una de nuestras dos seculares zonas frescas de olmeda y por tanto, uno de los pocos espacios ambientales que nos quedan dignos de proteger y recuperar. Se le dijo también que, integrada en el mismo nacimiento del arroyo y de la olmeda, existía la mayor densidad de elementos etnológicos catalogados por la carta arqueológica de todo el término: noria, alberca, horno de cal, corraliza, casa de labor con troneras y horno moruno, restos arqueológicos…

Se le advirtió también del significado del palomar que se levanta sobre la morra o pequeña motilla existente en el lugar; que aparte de su valor histórico, era un recurso turístico de primer orden y se le ejemplificó el uso de los palomares en Castilla y León, donde, en este sentido reciben el mismo trato que aquí los molinos de viento. Pero se le rogó, también, que había que actuar rápido, porque todo ese patrimonio estaba a punto de entrar en proceso de ruina irreversible.

El alcalde, muy dado a despreciar cualquier idea o propuesta que no salga de su cabeza o de su séquito, cometió la necedad de pasar de la olmeda de Treviño y adquirir los terrenos situados justo enfrente, demostrando, una vez más, su poca sensibilidad ambiental y etnológica, pero también su ineptitud como estratega económico, privando a Criptana de la inversión de un millón de euros de la CHG.

Ahora, cuatro años más tarde, en la noche del pasado 11 de marzo, el muro oriental del palomar se vino abajo. A la semana siguiente, en la parcela de al lado, ya de propiedad municipal, el equipo de gobierno local organizaba una plantación de monocultivo de pinos, con la intención de convertirla en una zona de acampada de autocaravanas. Toda una ceremonia de la estupidez ambiental de este ayuntamiento que disfruta creando “naturalezas muertas” junto a centrales térmicas y machacando y urbanizando las pocas “naturalezas naturales” que nos quedan. Toda una radiografía de la política ambiental estrafalaria de este alcalde que confunde infraestructuras turísticas con recursos y que, de estar en Segovia, ubicaría una camping de autocaravanas debajo mismo del acueducto y que, de estar en Cuenca, lo pondría justo debajo del salto del nacimiento del Cuervo, para utilizarlo como ducha.

Y todo en la misma dirección: arruinar el futuro de nuestro patrimonio monumental y natural, es decir, hipotecar el futuro de la riqueza que tales recursos pudieran deparar a nuestros hijos. En Criptana ya lo ha hecho muchas veces. Ahora, con el derrumbe del palomar de Treviño y con la prostitución de su entorno lo hace por penúltima vez. Para nuestra desgracia y dolor.

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