Fermín Gassol Peco.- Para las personas que tenemos la vida bastante más que mediada, la frase de «año nuevo vida nueva» tiene el riesgo de convertirse con mucha facilidad en un deseo meramente formal, cuando no carente de esperanza.
Y es que metidos ya en las canas del tiempo nos resulta difícil mantener unos arrestos vitales que sean suficientes para poder acceder a una vida distinta de la que estamos acostumbrados a llevar La edad nos va convirtiendo de manera paulatina en unos seres domesticados, resignados y conformistas con esa caprichosa lotería con que la vida nos ha obsequiado. Por pudor, pereza, miedo al cambio, falta de ideas y las dificultades que encontramos, esa ilusión y sobre todo el convencimiento de que un cambio es posible, se va desvaneciendo con el paso de los años. Sin embargo, a la hipotética pregunta que nos hiciéramos: ¿en qué consiste llevar una nueva vida?, la respuesta que daríamos creo que sería casi unánime: ser algo más auténticos.
Estrenamos año, una etapa más en esos convencionales periodos de tiempo en que tenemos dividida nuestra particular existencia. Un regalo éste el de la vida al que consideramos fácilmente como un derecho y al que cuesta demasiado renunciar. El ser humano es el ser vivo más inteligente de la creación y quizá por eso sea el más paradójico; le cuesta mucho renunciar a vivir y a seguir viviendo.
Pero es la edad, por otra parte, aquella que nos va empujando aún sin quererlo a la modificación en nuestros valores y costumbres…incluidas nuestras formas de ser y enfocar la vida. Deseos que asumimos de una manera refleja e involuntaria, propias o consecuencia de los momentos tristes y felices, someros y profundos…algunos trascendentes, experiencias en suma de los «kilómetros» vividos que pueden servirnos de reflexión sobre lo que somos y tenemos. Una inmersión en el mar sobre el que seguimos navegando con mayores o menores fuerzas y destreza.
Sin embargo, otros deseos si pueden ser resultado de una opción personal…que la veteranía es un grado y el momento para hacerlo: Vivir sin reprimir tanto los sentimientos, libres de prejuicios y sometimientos sociales. Tener la suficiente libertad para sobrevolar todas aquellas ataduras que sin darnos cuenta y día a día, nos han provocado ser menos fieles a nuestra verdadera identidad. A ser en definitiva más auténticos, más lo que en el fondo siempre fuimos, aun sin quererlo…ni saberlo.











