Collage y zozobra

Escribía días pasados Daniel Gascón en  El País del 8 de enero, su pieza Collage venezolano, para dar cuenta de cinco opiniones/sentencias/reflexiones –desde Pedro Piqueras en Caracas Chronicle, a Marisela Betancourt, para acabar con Michael Ignatieff y Víctor Vázquez– del momento actual de Venezuela, tras el abordaje caraqueño del combinado trumpiano y del comando selecto Delta Force, la madrugada del 3 de enero.

Opiniones que pegadas y superpuestas –como los viejos sellos postales o las viejas colecciones de fotos familiares que construían un mundo ilusorio y paralelo– tratan de dotar de unidad al imposible relato del secuestro caraqueño de Maduro.

La técnica del collage hereda del campo pictórico, desde 1907 y Picasso y Gris mediante, la ruptura de la continuidad de los materiales tradicionales, constitutivos del entramado pictórico y su consecuente relato.

Estableciendo tanto una superación como un retroceso.

Superación del espacio pictórico anterior.

Y retroceso por la confusión visual añadida al mediar materiales de procedencias diversas en un raro palimpsesto.

Y ese desorden contemporáneo de la mirada y del hilo explicativo, se trasladó luego al campo de la literatura con Joyce –Ulysses, sobre todo– y con Dos Passos –Manhattan transfer–, para establecer el comienzo de otras rupturas narrativas de largo aliento y de profundo calado.

Por lo que el Collage como técnica discursiva y compositiva, acaba ganado campos explicatorios de lo inexplicado.

Y este es el caso de Gascón y su Collage venezolano.

Expresa la imposibilidad/incapacidad de plasmar un relato coherente y convincente, que sería el hilo lineal de una crónica periodística de lo acaecido y acontecido.

Desde la orden de mando y abordaje del  presidente Trump, desde su palaciega residencia de verano de Mar-a-lago, en una pos-Navidad de amargos dulces; al momento del asalto al dormitorio presidencial de Maduro y Cilia Flores; desde el bombardeo selectivo de diversos acuartelamientos y bases hasta el papel desplegado por el topo venezolano que abre puertas y da señales de paso al comando invasor.

Sin contar con todos los precedentes de ambas figuras que compiten en una partida desigual y trazada de antemano: desde el populismo chavista que ha sentado una aristocracia militar en el cuerpo civil venezolano; al populismo trumpiano, vociferante y ruidoso y lleno de amenazas y pleonasmos.

De tal suerte que, desde tal posición del relato o crónica, sacáramos algunas conclusiones de inteligencia y entendimiento de todos los males y pesares que nos recorren y asaltan.

Y ante tal imposibilidad de construir esa información, se opta por el Collage.

Pegando imágenes procedentes de campos diversos y razonamientos enfrentados.

Y tratando de dotarla de un hipotética unidad.

Unidad que yo vinculo con otras posibilidades exploratorias.

La de las letras Vencidas y Victoriosas que Vuelan Violentas.

Para componer el nuevo Vértigo de la Velocidad de los acontecimientos.

Que traza un Vigilante Visionario y Vulgar.

Y el Vacío de una Voltereta cada Vez más Vulnerable.

Como si se hubiera Votado a un Volcán Violento.

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