Memorias de África

«La carencia de prejuicios en los nativos es algo que te resulta llamativo porque esperas
encontrar siempre oscuros tabúes en la gente primitiva»
KAREN BLIXEN
“Lejos de África”

En 1985, Sydney Pollack dirigió la película “Memorias de África”. Con ella volvió a popularizar aquel continente de amaneceres luminosos y paisajes paradisiacos. El éxito estaba garantizado con la participación de Meryl Streep y Robert Redford, que protagonizaron e hicieron que este filme fuera uno de los más exitosos de aquel año. Pero ni era la primera, ni sería la última vez que el cine elegía y ofrecía aquellos coloridos escenarios del continente africano.

A principios de los años cincuenta, películas como “La reina de África”, interpretada por Humphrey Bogart y Catering Hepburn; o “Mogambo”, con estrellas del celuloide como Ava Gardner, Clark Gable o Grace Kelly, pusieron de moda aquel continente. Pero no solo se han mostrado sus atractivos en el cine, Karen Blixen, en cuyo relato está basada aquella película, vivió en África durante más de veinte años y en él nos cuenta su apasionante experiencia vital.  

Hace algunos años conocí a una joven que nació en alguno de los países del África profunda en los que vivieron sus padres. Ellos eran médicos y siendo jóvenes decidieron trasladarse a ese continente para ayudar, a través de alguna ONG, a una población más que necesitada de atención sanitaria. Sus padres continuaron allí, pero ella se vino a España. Hoy vive en Ciudad Real y las vivencias más entrañables de su infancia le recuerdan aquellas tierras africanas.

Durante años tuve un médico que me hablaba de un país africano, Burkina Faso, que él visitaba todos los veranos. Allí atendía a la población indígena y hablaba con mucho cariño de sus gentes. Cuando se jubiló me dijo que quería establecerse la mayor parte de su tiempo en aquel país. Y así lo hizo, pero a partir de 2015, cuando comenzó el actual conflicto islamista que asola aquel país y todo el Sahel, él dejó de visitar a sus añorados burkineses.

Un toboseño que pertenece a una familia de cuatro generaciones de médicos, también añora y recuerdaÁfrica. Se llama Manuel González Calvo, fue médico militar, es Caballero de la Orden de Isabel la Católica, tiene casi noventa años y una lucidez envidiable. Me inspiré en él para crear un personaje de mi novela, La dama del abanico, y desde entonces estamos en contacto habitual. Hace poco me envió información sobre su experiencia en varios países africanos.

Según me cuenta, él completó sus estudios de especialidad en EE. UU., donde le ofrecieron quedarse, pero él rechazó aquel ofrecimiento. Su dominio del inglés le permitió trasladarse en 1973 a Gaborone, capital de Botswana, país del África austral limítrofe con Sudáfrica. Allí ejerció la medicina sustituyendo a un médico zaragozano. Pero sentía nostalgia de nuestra tierra y volvió a España. Aunque esta no sería la única vez que viviría en aquel continente.

En los años 1989 y 1990, participó en la primera Misión Española de Paz del Ejército del Aire para Naciones Unidas. La misión consistía en intervenir en la independencia de Namibia de Sudáfrica. Cuenta que, además dé a la actividad que requería el proceso de paz, atendían a la población civil y cómo se las arreglaban para ser respetuosos con los chamanes locales que eran los curanderos que asistían a una parte importante de la población nativa de Namibia.

En esta misión recibieron la visita, además de diplomáticos, altos funcionarios y militares, del Ministro de Defensa, Narcis Serra. Naciones Unidas lo reconoció a título individual, aunque también a toda la delegación española por su participación. Él guarda algunos objetos, fotos, publicaciones y reconocimientos; escribió algún artículo y ha dado una conferencia en la sede del Colegio de Médicos de Madrid en el año 2020 sobre aquella inolvidable operación.

Después de aquello, él participó en la evacuación de heridos y enfermos en la ciudad de Mostar, en Bosnia-Herzegovina. Pero también estuvo en el equipo de Aeroevacuación en la Guerra del Golfo. Y siendo coronel médico le ofrecieron ser Jefe de la Sanidad Militar Española en la OTAN, cuyo destino estaba en Bruselas. Pero él rechazó esta propuesta como lo había hecho en EE. UU., en Botswana y en Namibia. Hoy piensa que quizás se equivocó.

En mi caso, siempre me atrajeron aquellos parajes esplendorosos del Serengueti y quise conocer algunos de los países africanos más emblemáticos, como Tanzania, Egipto, Kenia, Zambia o Madagascar. A finales de los años setenta quise ir a Guinea Ecuatorial y, más recientemente, también por razones profesionales, pude visitar países como Angola y Gabón. Pero no pudo ser.

Hoy entiendo por qué a los personajes que menciono en este artículo les fascina tanto aquel enigmático continente; a María José, la profesora nacida en África; al doctor Rico, mi cardiólogo, que visitaba Burkina Faso; y a Manolo, médico, militar y toboseño, que estuvo en Namibia y Botswana. Y comparto con ellos la atracción y el magnetismo que ejercen los países del África más genuina.

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