Frustración

Anselmo Alañón Alcaide.– Decepcionados y frustrados por no haber conseguido nuestras metas en la vida. Suele ser habitual no reconocer que algo no fue bien o que algo no salió tal y como esperábamos. Desde niños nos acostumbramos a fracasar: nuestro primer suspenso, la primera vez que el maestro/a nos corrigió alguna actividad escolar que contenía errores de cálculo, o errores ortográficos en aquellos dictados que solíamos hacer para afianzar nuestra expresión escrita, para el dominio ortográfico, o incluso como recurso didáctico que nos ayudaba a fomentar la memoria auditiva.

Aquellos dictados potenciaban en nosotros el hábito lector, el uso del diccionario muy útil para la corrección ortográfica y adquisición de vocabulario. Todo en global contribuía al dominio de la expresión escrita.

Al margen de nuestras experiencias pedagógicas en el ámbito escolar, que de alguna manera nos abrían camino para saber afrontar nuestros errores (de los que obteníamos saberes y reforzábamos nuestras destrezas, capacidades y a la vez la autoestima), en otros ámbitos sociales nos frustramos queriendo obtener respuestas para todo. No somos conscientes de que todo no lo lograremos saber, porque no somos omniscientes, a pesar del acceso a la IA.

En este sentido no somos dioses. Seguiremos evolucionando como «homo sapiens sapiens»; sin embargo alcanzar el conocimiento pleno no está en nuestro ADN.

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