Estampas de ayer y de hoy

Desde las primeras tribus humanas que se organizaban por la fuerza y con el recurso natural a la violencia por la supervivencia o la defensa del territorio cuando entraron en vecindad, hasta este mismo instante de la Historia, ha transcurrido un océano de tiempo como diría el vampiro enamorado de Mina Murray.
Manuel Valero
Y sin embargo, aunque en este mismo instante gocemos de amplios espacios de libertad y el poder ya no sea groseramente coercitivo en su máxima violencia, como es el arrebato de esa libertad o de la vida -aun permanece la condena a muerte civil del desempleo que es la versión democrática de tamaño dislate- no hemos cambiado tanto como pueda parecer en apariencia. La ciencia nos ha proporcionado también bienestar y nos ha acercado al ensueño de la eterna juventud mediante la doma de las peores enfermedades que han diezmado a la humanidad. Hoy, pese a todo, vivimos esperanzadoramente más, y el acceso a la cultura se ha democratizado hasta una socialización innegable.

Hemos ganado tiempo al tiempo, quizá para perderlo luego absurdamente, al viajar en una suerte de artilugios apenas imaginados una centuria atrás. En definitiva, tal día como hoy aunque con matices, en una buena parte del Planeta el hombre es más libre que en los tiempos de Clodoveo. Las zonas naturales, hogar de tribus virginales escasean ya en los documentales de National Geografic, porque apenas quedan.

Sin embargo, en el poso de la Gran Crónica es lo mismo: gobernantes increpados por el pueblo. Solo cambia la reivindicación expresa, y es mucho, porque no es lo mismo el pueblo medieval levantado por un chusco que una concentración coetánea por agua embotellada en un hospital. La televisión, además, contribuye a incrementar esa sensación de coincidencia iconográfica de modo que las estampas de un choque entre el pueblo (siempre virtuoso) y la policía (esbirros del amo) sean un calco de aquellos campesinos aglutinados por el caudillo accidental contra los caballeros a la orden del Señor (feudal).

La violencia subyace siempre entre dos grupos humanos antagónicos como hace 30.000 años en un encuentro casual de dos tribus que se descubren. Voces, puños al aire, la ira en el rostro, el insulto, el amago, hasta el enfrentamiento final, son secuencias que hoy vemos en la televlsión con mayor abundancia que idénticas escenas en las películas que han recreado el rico pretérito de los hombres.

Pero lo que me sorprende es la facilidad con la que surgen los voceros que se alzan presintiendo un nuevo amanecer (perdón) político en el horno de esta policrisis. Como ha ocurrido, también, siempre. El hartazgo social es banco de peces donde pescar a mano y ya son demasiados quienes corren a ponerle cuño al paraíso inminente. El eterno retorno en clave histórica y su sinuoso transcurrir entre tramos rectos embellecidos con enigmáticas volutas.

Siempre he admirado a quienes hablan con una contundencia a prueba de dudas, pero uno observa hoy el magma de cada día y luego de dedicar los minutos exactos para una reflexión de urgencia -obcecarse sería perjudicial para la salud- convengo ante la tragicomedia de Italia, si todo esto para que dos personajes como Berlusconi y Grillo, se acerquen tanto desde su extremidad.

Y desde luego, desecho de inmediato la insoportable demagogia de las frases con las que se manosean lugares tan comunes que producen tedio, o la perversa manipulación de la imagen en un mundo mediático que ya ha empezado a sobrepasarnos a todos.

Se vocifera contra el sistema capitalista, contra la socialdemocracia, contra el comunismo, contra los mercados, contra el dinero, contra la banca. Se teoriza sobre los demonios de la nueva tiranía democrática comprada, cual puta de lujo, por los mercados, que a su vez son muchos de quienes vociferan contra los mercados en un gesto de incoherencia endémica. Yo dudo, dudo muchísimo, pero me consuela pensar que hace más de 30 siglos un señor como Aristóteles habló del poder neutralizante de pasiones incontrolables y del equilibrio apaciguador del término medio. Como uno ya no se anda con zarandajas, espera que alguien en algún lugar esté poniendo los cimientos de esa gran Tercera Vía Global que nos haga más justos y menos contradictorio cogiendo lo mejor de cada casa aun a riesgo de que nos salga un Frankestein, pero también con la fortuna de que surja en versión Mel Brooks mucho más positiva ¿Un liberalsocialismo unido y plurigualitario?

Qué pesada es la duda, sobre todo si viene ensalada con la incertidumbre. Si en algo podemos demostrar que hemos evolucionado será en la capacidad de renovarnos sin dejar antes todo reducido a cenizas. Y espero que si viene algun tsunami deje intacto al menos lo bueno, aunque ya se sabe que en lo tocante al concepto, un tsunami lo mismo arrasa con el Museo del Prado que con las delirantes urbanizaciones del Pocero.

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5 COMENTARIOS

  1. Brillante artículo.
    Quizá solo añadir que el contrato social que configura las sociedades viene rubricado por la mano del ser humano, para algunos bueno y para otros, como Hobbes, un «homo homini lupus». No es cuestión de política, sí de Ética. El problema es que la ética viene configurada por decisiones políticas. Esto es, el Poder como configurador de nuevas subjetividades que dan lugar a un tipo de hombre determinado. ¿Cuál? Un Frankenstein, como bien decías en el artículo (permíteme el tuteo), con cara de dinero, brazos de avaricia y piernas de gula. Con un corazón que bombea ira.
    La nueva «Shangri-La» la debemos construir entre todos. Cada uno con su granito de arena. Granitos que tienen diferentes nombres: respeto, bondad, legalidad, honestidad.
    Es la virtud individual la que hace que emerja la colectiva.
    Un saludo.

  2. Manuel ‘Dos cosas Dos’, como en los ‘6 Toros 6’.
    Beppo Grillo y su movimiento Cinco Estrellas, también hablan del ‘Tsunami Que Viene’. Un Tusnami no deja de ser un cúmulo de energía despilfarrada, un esfuerzo maremotriz que no se aprovecha, y que destruye más que construye.
    Se ve que las palabras se contagian, pero las ideas pueden desnudarse. Y tanto como para volver a hablar del desnudo, o del striptease de la ya fenecida ‘Tercera Vía’. Con toda la elaboración teórica del New Labour y de Tony Giddens dentro. Al final la ‘Tercera Vía’ blarista acababa aterrizando, antes de llegar al cine en forma de ‘Gosht writter’, en la foto temible del afamado Trío de las Azores.
    Puede ser que haya que buscar esos bálsamos viaríos alternativos, pero que no sea otra vez la malhadada ‘Tercera Vía’, de Tony Blair. Esa suerte de Socialismo Popular, que casi coincide en sus objetivos programáticos con el Populismo Social de la señora Taetcher ¡Por favor!
    Sería mejor cambiar de nombre al Tsunami Estrellado y a la Vía Tercia averiada.

  3. Hola Manuel: Esa «tercera vía global» se la sacó de la chistera Anthony Giddens y la llevó a la práctica Tony Blair, condenado en algún país por crímenes de guerra. Un saludo.

  4. No era tanto al ensayo laborista o a la alternativa Giddens como a un sistema de política ficción, un tanto utópico e imaginado, radical y global al que me refería en esta encrucijada.:A la profunda necesidad de reformar éste o inventar otro… Gracias, Rafael

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