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La Orquesta Filarmónica de La Mancha celebra su quinto aniversario con el Cármina Burana

- 5 marzo, 2013 – 00:006 Comentarios
José Ignacio González Mozos.- El próximo día 16 de marzo a las 8,30 horas, en el teatro Quijano de Ciudad Real, tendrá lugar, con motivo del quinto aniversario de la Orquesta Filarmónica de La Mancha y dentro de su ciclo de conciertos de la temporada 2013, la interpretación de la cantata escénica para orquesta, coros y solistas “Cármina Burana” del compositor alemán Carl Orff. joseignacio1.jpg El concierto, como ya hemos señalado, será a cargo de la Orquesta Filarmónica de La Mancha (Ofman) bajo la batuta de su director titular, Francisco Antonio Moya Rubio, y en él colaborará también la coral Mansil Nahar de Manzanares y solistas entre los que se encuentra Daniel Bañez. Es seguro y dada la calidad que esta joven agrupación está de mostrando en las giras que realiza por los principales teatros y auditorios de nuestra geografía nacional, que será un concierto muy recomendable en el que podremos disfrutar de esta magnífica obra. El “Cármina Burana” Oh fortuna Como la luna Cambiante Siempre creces O decreces ¡qué vida tan detestable! Primero oprimes Y luego alivias A tu antojo Pobreza y poder Derrites como al hielo. Cuando ya entrado el siglo XIII monjes goliardos escribieron cerca de trescientos poemas en latín y en lenguas vernáculas, como el alemán o el provenzal (como este poema), en el que hablan de la inconstancia de la materia humana en manos de la rueda fortuna y de la suerte que eleva a unos a dignidad de reyes mientras a otros les toca la mínima condición humana, no podían imaginarse que iban a servir como base a una de las principales obras compuestas durante el siglo XX por Carl Orff, el “Cármina Burana”. Esta cantata escénica para orquesta sinfónica, coros (incluido uno de voces blancas) y solistas fue estrenada en Frankfurt en 1937 y fue concebida por Carl Orff como la primera parte de una trilogía que se completaría con “Cármina catuli” en 1943 y más tarde “El triunfo de Afrodita”. Orff imprime a esta obra un sello especial, ya que por un lado recoge la mejor tradición del espíritu de la Edad Media con el uso de textos, polirritmias que aparecen con una naturalidad magistral o el uso de tonalidades que buscan la sencillez y que conjuga, por otro lado, con las modernas técnicas de orquestación propias del neoclasicismo del siglo XX. No es extraño deducir que Orff sentía gran admiración Igor Stravinsky y de ahí su interés en la búsqueda de texturas claras y de la inspiración en otras épocas como en este caso concreto la Edad Media. Los poemas del “Cármina Burana” fueron escritos por monjes Goliardos que no eran otra cosa que monjes de vida licenciosa que se dedicaban a escribir poesía satírica en latín en la que criticaban a la propia iglesia, la sociedad establecida y al poder, elogiando por otra parte el juego, el vino, la taberna, las mujeres y el amor. El término “Goliardo” deriva del latín “Golías” relacionado con Goliat y con la glotonería y excesos de los que al parecer hacían gala, lo que nos da idea del carácter irreverente de estos clérigos vagabundos que proliferaron durante el siglo XIII con el desarrollo de la vida urbana y el florecimiento de las universidades. El manuscrito que guarda esta colección de poemas fue descubierto en 1803 por Johann Cristoph Von Aretín en la abadía de Benediktbeuern aunque actualmente se encuentra en la biblioteca estatal de Baviera en Munich. Cármina Burana se puede traducir como canciones de Beuern ya que “Cármen-is” se traduce por canto o poema y “Burana” es el gentilicio del pueblo alemán de Beuern dónde fue encontrado el manuscrito. Carl Orff escogió de entre todo el manuscrito 24 poemas sobre los que compuso la música. La estructura de la obra consta de una impresionante introducción que incluso ha sido utilizada por el cine en diversas películas, tres partes (Primo vere, In taberna y Cour dámours) y un Final que no es sino la repetición de la introducción lo que hace un total de 25 números. En definitiva, el “Cármina Burana” es una gran cantata que refleja el estilo más característico de su autor Carl Orff, su concepción de la música como parte integrante de una forma de arte compuesto, en la que la declamación de los textos asumía el papel más importante. La sencilla disposición silábica está reflejada en las figuras melódicas que se repiten de forma incesante sobre el acompañamiento realizado por la percusión. Estas figuras melódicas que se basan en una armonía de acordes tríada y que aparecen en forma de ostinato repetitivo formando bloques, se caracterizan por ser muy rítmicas pero a la vez muy sencillas, creando la idea de que la música es una parte de un espectáculo mayor en el que también aparece la palabra.
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