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Revolución globalista y el Covid -19

- 26 septiembre, 2020 – 08:462 Comentarios

El lunes 21 de los corrientes se reunieron en la sede de la Comunidad Autónoma de Madrid dos dirigentes políticos. A los efectos de este artículo, lo de menos es si el uno ejerce de presidente nacional y el otro de autonómico; si pertenecen a partidos afines u opositores y si son hombre o mujer.

Por encima de sus posibles discrepancias, ambos tienen un denominador común: su ideología globalista, que prevalecerá ante cualquier desavenencia.

El asunto tratado, al menos oficialmente, fue la pandemia del Covid -19 y su incidencia en la CAM.

El globalista ha abandonado la lealtad a su país para entregársela a una superstición –profesan una fe ciega a este nuevo talismán-; su patriotismo es, a lo sumo, más simbólico que material (bandera, himno, rey, unidad nacional aparente: formal, aunque vaciada….) y sus compatriotas ya no son sus connaturales, sino otros como él, adoradores de un globo terráqueo sujeto por una mano de hierro a la que, en sus ensoñaciones, han conferido poderes sobrenaturales. Da igual donde hayan nacido.

Al ser una ideología de ámbito superior, trasciende a la dialéctica clásica de izquierda y derecha hasta el punto de haberlas transformado, incluso multiplicado, cuando son lo mismo en lo esencial.

Los globalistas autoproclamados de cualquier variante de izquierda o derecha son unos impostores, de conciencia o por ilusos; necesitan esta impostura para alcanzar el poder. Los votantes siguen anclados en ese paradigma perdido; les encanta el toma y daca del tenis político sin advertir que lo que ven es un partido amistoso simplón; la competición sudorosa queda para el tenis de verdad; las diferentes caras del poliedro globalista utilizarán la mentira sin pudor para seducir al pueblo, titular de una soberanía cada vez más cómica.

“Rasga la piel de un extremista y encontrarás a un oportunista”, decía el Che Guevara.

El globalismo es la oferta estrella para los cazadores de oportunidades medrosas. No hay institución ni grupo con cuota efectiva de poder que no lo sea. Formar parte de las élites políticas, financieras o empresariales de postín es una entelequia sin abrazarlo. A partir de ahí, se puede ser liberal o progresista, no importa. El globalismo todo lo templa, todo lo ahorma, todo lo disfraza.

La inmensa mayoría de nuestros políticos lo es: Sánchez, Iglesias, Casado, Arrimadas, Otegi, Torra, Rufián, Urkullu……; la ideología nuclear del mundo posindustrial que muere y el transindustrial a punto de nacer; lo demás son matizaciones periféricas. Por supuesto, también lo son sus barones: Díaz Ayuso, Feijoo, Moreno Bonilla, Ximo Puig, Armengol….

Los nacionalismos de campanario debilitan a los Estados y refuerzan al globalismo. Aquéllos y éste luchan por derrotar a las naciones canónicas. Son aliados; nunca enemigos. Mienten cuando aparentan lo contario. El gran teatro del mundo que diría Calderón; si bien, mientras la obra de nuestro gran autor hace hincapié en la necesidad de realizar buenas acciones en el papel que nos toque representar en nuestra vida (mensajes con fuerte carga moral tan repetidos en el barroco) el globalismo no sabe de moral, tan sólo de objetivos y prebendas.

Pero ¿qué connotaciones podrían tener el coronavirus, el globalismo y la dupla Sánchez, Díaz Ayuso?

Seguramente existan discrepancias entre ambos. Aún así, es muy probable que los dos lleguen a colaborar en pro de un objetivo común: que esta pandemia, espontánea o inducida, facilite la puesta en marcha de la agenda globalista.

Repasemos ciertos acontecimientos.

En el primer mes de 2.021 volverá a reunirse en Ginebra el Foro de Davos, bajo el lema “El Gran Reinicio” tras la pandemia.

El anuncio lo realizó el Foro Económico Mundial el 3 de Junio de este año.

Los dirigentes del mundo lo mismo actúan como una legión de incompetentes capaces de no dar una a derechas y redactan protocolos y órdenes que llevan al matadero a las personas descartables (¡quién les mandaría exceder determinada edad!) que confeccionan en tiempo récord un plan salvador para ¡toda la humanidad!, nada más y nada menos.

¡Asombroso!

Klaus Schwab, un señor muy superdotado, sin duda; fundador y presidente ejecutivo del Foro, afirmó que la actual emergencia sanitaria global “ha dejado al descubierto brechas que ya existían hace largo tiempo en nuestras economías y sociedades, creando una crisis social que necesita con urgencia empleos decentes y útiles”

El Gran Reinicio “es el compromiso de construir de forma conjunta y urgente las bases de nuestro sistema económico y social para tener un futuro más justo, sostenible y resiliente”

Las palabras rimbombantes no pueden faltar.

Reiniciar es comenzar de nuevo. Un sistema económico global no se comienza de nuevo en unos meses por muy superdotado que sea el Sr. Schwab y esté muy bien acompañado por Antonio Guterres -Secretario General de la ONU-, Kristalina Georgieva –Directora Gerente del FMI- y el príncipe Carlos de Inglaterra -La corona británica siempre presente en todos los enjuagues habidos y por haber. Según la experiencia de siglos, no es para estar tranquilos-.

No hay que ser ninguna lumbrera para advertir que el Gran Reinicio ya debía estar listo y empaquetado por los globalistas jefes, a la espera del momento propicio para su puesta en marcha.

En mi artículo anterior califiqué al Covid -19 de un evento revolucionario que supondría un trasvase de riqueza de abajo a arriba y entre los países periféricos y centrales nacidos del nuevo escenario geopolítico; también de los valores comunitarios. Para ello, hace falta una potente ingeniería social: la que estamos viviendo día a día de forma inmisericorde y machacona, desde hace ocho meses.

Las restricciones establecidas en la Comunidad de Madrid las fundamentó Díaz Ayuso:

En “la evidencia de los datos”, debido a un gran esfuerzo de “capacidad diagnóstica” gracias a “20.000 PCRs” (…) “estudios serológicos a 16.500 personas” y “100.000 tests a profesores”.

Como en el caso de Sánchez y su gobierno, es muy difícil creer que la Sra. Díaz Ayuso sea sólo incompetente. Su decisión está soportada por un error tras otro.

Primero, los PCRs no sirven como instrumento de diagnosis clínica, por tanto, la “capacidad diagnóstica” de los 120.000 utilizados es irreal (20.000 + 100.000 de los profesores)

Segundo: Afirmó que el ratio de contagios es de 1.000 cada 100.000 habitantes. Es decir, de un 1%. Si tenemos en cuenta las declaraciones del Presidente de los Técnicos Sanitarios de la Comunidad Valenciana a El Mundo -sobre el resultado de los rastreos en dicha Comunidad- de que entre el 86 y el 88% de los positivos de los PCRs son falsos,  la cifra real de contagiados en la CAM sería de 120 a 140 cada 100.000 personas, entre el 0,12 y el 0,14%.

¿Por qué la Sra. Ayuso se empeña en equiparar un positivo de PCR con un infectado cuando no lo son? Eso es alarma social y su difusión monotemática terrorismo informativo. Terrorismo, sí, ya que infunde terror.

Dar positivo en una PCR no significa estar ni infectado ni enfermo.

¿De verdad no sabe esto la presidenta de la CAM? ¿No se ha leído los documentos de la OMS? ¿No ha leído o escuchado al creador de los tests? –Anexo 1- Ha ignorado a la enorme cantidad de científicos que han denunciado este error, desde el principio ¿También lo desconoce su Consejero de Sanidad?

¿Qué pasa aquí?

Como indiqué supra, es razonable pensar que el globalismo tenía preparada su revolución. La ha denominado El Gran Reinicio y necesitaba y necesita un evento de enorme trascendencia mundial que facilite su implantación indiscutida: El Covid -19.

En toda guerra, en cualquier revolución, hay dolor, empobrecimiento y muerte, pero no todos sufren de la misma forma.

El sistema financiero mundial lleva tiempo quebrado. Para respaldar la enorme cantidad de derivados financieros sin producción física alguna hacía falta una guerra y su reconstrucción subsiguiente. Para que la Covid -19 cumpla adecuadamente su misión es necesario el hundimiento económico de parte del mundo y una pandemia interminable que habitúe a las personas a ser muy obedientes para “vencer cualquier peligro detectado por las autoridades mundiales, obedientemente aplicado por las locales” y sea la excusa para cercenar derechos y libertades que “en tiempos de peligro para la salud pública” deben redefinirse, y mantenerse después, por el “bien de todos”; cómo no.

El médico Rafael Bengoa manifestó en el programa Espejo Público de A-3 que “En una semana o diez días confinarán totalmente Madrid”. Al Sr. Bengoa se le considera un experto en salud pública, y no seré yo quien lo ponga en duda, pero no puedo evitar hacerme algunas preguntas ¿Tampoco sabe este afamado doctor el problema de las PCRs con los falsos positivos? Porque una cosa es lo que especifica el fabricante y otra la realidad de los estudios de campo. Entre los primeros, hay quienes aseguran un 90% de fiabilidad. La realidad empírica es tan diferente que los porcentajes se acaban invirtiendo; es muy difícil saber qué expertos tienen conflictos de intereses y quienes, no.

“El problema es que con estas cifras y la falta de infraestructura uno ya no puede controlar sólo con el rastreo, hay que estar confinado”

¿Con qué cifras, Sr. Bengoa? ¿Con las resultantes de unos tests desacreditados hasta por la OMS? ¿Ud. también equipara dar positivo en las PCRs con infectado o, incluso, enfermo?

A Espejo Público o a cualquier otro programa deberían llevar a especialistas –la palabra experto, la usan tanto, que llega a ser sospechosa- con posturas encontradas; pero no: El mensaje debe ser unívoco

Vuelvo a repetir que no soy quién para cuestionar el conocimiento de este señor. Por eso es sorprendente que cometa errores técnicos difíciles de compaginar con su fama.

Es razonable pensar que su currículo se elevara al haber sido asesor de Obama, director del departamento de sistemas de la OMS o consejero vasco de sanidad. Tanto el expresidente de EE.UU, como la OMS y el gobierno vasco son globalistas; posiblemente encantados de que el Foro Económico Mundial empuje en Davos su Gran Reinicio tras la pandemia. Necesitan una pandemia dura de pelar -al menos en apariencia- y duradera. No sería extraño que las afinidades se acabaran contagiando.

La CAM está hundida. Y si todo lo que se les ocurre a los políticos y expertos es confinarla, España será medalla de oro en hundimiento económico, sin duda; pero, además, correrá el riesgo de entrar en una fase de decadencia política, geopolítica, económica y social de muy difícil retorno.

Enhorabuena a los partidarios de la superstición global.

De momento; sólo de momento.

Anexo1: https://www.youtube.com/watch?time_continue=1&v=FHx059IqP_M&feature=emb_logo

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Sin tapujos
Marcelino Lastra Muñiz
mlastramuniz@hotmail.com

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