Hacia una moralidad mínima universal

Jesús Millán Muñoz.– Bajo el patrocinio de la UNESCO en 1993 se planteó un documento titulado Hacia una ética mundial: Una declaración inicial (1993) en la Declaración del II Parlamento de las Religiones del Mundo, celebrado en Chicago en 1993. 

– Aunque en un modesto artículo no se puede analizar y vislumbrar todas las deducciones e inducciones y reflexiones que este documento puede permitir, si vamos a indicar sus partes esenciales, o su arquitectura al menos: 

0. Principios de una ética mundial. 

I. No es posible un nuevo orden mundial sin una ética mundial. 

II. condición básica: Todo ser humano debe recibir un trato humano. 

III. Cuatro orientaciones inalterables. 

1. Compromiso a favor de una cultura de la no violencia y respeto a toda vida. 

2. Compromiso a favor de una cultura de la solidaridad y de un orden económico justo. 

3. Compromiso a favor de una cultura de la tolerancia y un estilo de vida honrada y veraz. 

4. Compromiso a favor de una cultura de igualdad y camaradería entre hombre y mujer. 

IV. Cambio de mentalidad. 

– Existen documentos o textos, como éste, que en unas cuantas páginas, en este caso diez páginas nos extienden y presentan todo un panorama, de preguntas y de cuestiones, explícitas e implícitas, de soluciones o resoluciones o respuestas explícitas o implícitas. 

Como todo documento o texto, que está a medio camino, entre la declaración y un conjunto de tesis, está en una situación, de que por un lado, postulan principios y conexiones y argumentos, en parte recomendables, en parte, desean con la conexión al organismo del que dimana, en este caso la UNESCO, y a su vez, en relación a la ONU, intenta que sea un faro para que los humanos, individuos, colectivos, sociedades, ideologías seculares y no seculares, poderes y entidades públicas y privadas y, Estados reflexionen o reflexionemos. 

Aconsejo a cualquier persona, que en la medida de sus posibilidades, dedique un rato o una tarde o muchas tardes a la reflexión sobre este documento. Estimo que más que ponderar y valorar y elogiar este texto, o vituperar, que no es mi caso, es mejor la invitación a que se acerquen a esta obra, y como diría Tierno Galván, “lean como las gallinas”, es decir, que comen o beben y levantan la cabeza, que lean trozos de palabras y enunciados, y se detengan a pensar y repensar. 

Este texto, si ustedes se fijan, se escribió ocho años antes de la caída de las Torres Gemelas. Es decir, entre otros motivos, claramente, presentan la situación del mundo. Por un lado, existen un mundo globalizado, en muchos sentidos a nivel económico. Se camina hacia un nuevo orden mundial, se le denomine como se quiera, termine dicha realidad como termine. 

Pero por otro lado necesitamos imperiosamente, no solo leyes internacionales a y en todos los sentidos, sino un planteamiento “ético o moral, universal, mínimo”, que toda sociedad, cultura, religión, ideología, filosofía, etnia, lengua quiera aceptar libre y con buena voluntad. 

La ética desde las reflexiones que nos han quedado de los antiguos griegos, ya casi veinticinco siglos, las diversas escuelas de pensamiento o teorización sobre el bien y el bien bondad y el bien moral, ha sido catalogada por una decena de grandes escuelas morales, y quizás, esos patronos o taxonomías, con distintos nombres, han perdurado desde entonces, con combinaciones e hibridaciones y síntesis, y, y por otro lado, con otros nombres, existen en casi todas las culturas y tiempos de todos los continentes. Es decir, que ser o valorar hacia el estoicismo, el hedonismo, el materialismo, el espiritualismo, el escepticismo, etc., con “distintos nombres se repite una y otra vez, siglo tras siglo, añadiendo o quitando, mezclándose con otras influencias, conceptos e ideas…”. Incluso las éticas de corte religioso o espiritual, de religiones reveladas o inspiradas, de las dos docenas de grandes religiones existentes actualmente, de las cuatro mil existentes, esas éticas también están o pueden estar bajo estos sellos, esas grandes tendencias que hemos indicado, mezcladas con cada religión positiva. 

Para terminar, todo ser humano, individual o que pertenezca a un colectivo o ideología o cultura o religión o filosofía, sea la que sea, tiene que reflexionar y creo que admitir, que saber, “o nos planteamos aceptar una ética mínima universal”, quizás, con diez o siete o doce mandatos o normas básicas. O, quizás, la humanidad no pueda sobrevivir porque las contradicciones internas serán enormes. 

Dicho de otro modo, necesitamos una ética mínima universal, aceptada por la inmensa mayoría de todo y todos. Porque una ética y moral universal, es el cemento que puede cohesionar todas las sociedades, culturas, religiones, sistemas jurídicos y políticos y económicos. 

Y, sobre ese fundamento, ser los pilares, de todo el edificio sociopolítico y sociocultural del mundo. Porque, de lo contrario, las contradicciones, y las competencias de grupos y Estados e ideologías, con el enorme poder que hoy dispone el hombre, puede poner y situar a la humanidad en el borde del abismo. Paz y bien. ¡Ustedes dirán…! 

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