Emiliano García-Page: el Quijote que nunca desenvaina y se olvida de su tierra

Hay políticos que construyen su carrera sobre la base de las promesas rotas y los gestos grandilocuentes pero vacíos. Emiliano García-Page es, probablemente, el mejor exponente de esta escuela: un experto en marcar líneas rojas que siempre termina borrando con la manga, y un habilidoso buscador de focos que sabe exactamente dónde posarse para mantenerse en el candelero mediático. Sin embargo, su voz se apaga cuando el problema no le da titulares nacionales o cuando toca hablar de la tierra.

La trayectoria del presidente de Castilla-La Mancha está plagada de «hasta aquí» que, como un chiste mal contado, nunca llegan a ninguna parte. Cada vez que el PSOE negocia con el independentismo, Page aparece en escena con su banda sonora de amenazas y su pulso firme sobre la mesa. «Puigdemont vendrá y dirá ‘Ya estoy aquí’. Pero yo les puedo decir que ‘Hasta aquí'», proclamó en julio de 2024, cuando ERC y el PSC cerraron el pacto de financiación singular para Cataluña. «Esto rebasa todos los límites», sentenció, augurando que «no va a salir adelante». El problema es que siempre sale adelante.

Y cuando lo hace, el mismo Page que prometía plantar cara termina votando con el partido o, en el mejor de los casos, guardando un silencio tan cómplice como el de sus ocho diputados en el Congreso, que sistemáticamente sostienen las políticas que él critica. Como si de un Don Quijote moderno se tratara, carga contra molinos de viento que sabe que nunca va a derribar, mientras su fiel Sancho Panza, su número dos Sergio Gutiérrez, levanta la mano dócilmente con Moncloa para validar lo que su jefe reprocha desde la distancia. Las críticas de Page no pasan de ser ruido; su partido sabe que, a la hora de la verdad, el presidente castellanomanchego es predecible y leal al aparato.

La incongruencia alcanza su punto más grotesco con el problema de Ceuta. Mientras todo el mundo ve el problema, Page, que nunca ha dudado en alzar la voz para defender su pedigrí constitucionalista, ha optado por el silencio más sepulcral. Ni una palabra, ni un gesto. El Quijote que exigía igualdad para todos los españoles calla cuando el asunto afecta a una ciudad autónoma que no le da votos. El político que asegura que «la riqueza nacional es de todos» desaparece cuando la crisis es incómoda.

Pero el silencio de Page no es nuevo ni aislado. Mientras se prodiga en entrevistas nacionales y ruedas de prensa con flor en mano para simbolizar su compromiso con el partido, en su propia comunidad los problemas se acumulan sin que su voz se eleve con la misma intensidad. Castilla-La Mancha tiene la segunda renta más baja de España y más de 730.000 personas, el 34% de su población, están en riesgo de pobreza o exclusión social, nueve puntos por encima de la media nacional. La situación es especialmente dramática para los más jóvenes: el 43,4% de los menores de la región se encuentra en esa misma situación de vulnerabilidad, casi uno de cada dos niños.

La sanidad pública, ese servicio que Page dice defender con tanta vehemencia cuando hay que atacar al PP, sufre su peor momento con 99.503 pacientes en listas de espera. La región cuenta con solo 4,9 médicos por cada 1.000 habitantes, frente a los 6,5 de media nacional. Mientras, la presión fiscal no deja de aumentar: el Gobierno de Page ha incrementado los ingresos fiscales por habitante un 51,4% desde 2016, y la negativa a deflactar el IRPF ha permitido a la Junta recaudar 234 millones de euros más de lo previsto. Todo ello mientras más de 1.000 millones de euros destinados a políticas sociales han quedado sin ejecutar en los últimos once años. Pero de esto, Page no habla. No hay flor, ni rueda de prensa, ni «hasta aquí» para los problemas de los castellano-manchegos demostrando que su verdadero interés no es la región.

No es extraño que Page, en sus momentos de sinceridad, afirme que el PSOE atraviesa «una época muy oscura» y que el «futuro después de Pedro Sánchez será mejor». Lo que nunca aclara es por qué, si tanto le incomoda el rumbo, no lo corrige desde dentro con acciones, no con palabras. Porque, al final, Page es el político que habla como oposición y gobierna como sumisión. Un líder que busca el foco para sí mismo pero que huye de la luz cuando hay que rendir cuentas a su propia gente. Su legado no será el de un Quijote valiente, sino el de un personaje de folletín que siempre promete darlo todo y siempre acaba dando la razón a Sánchez. El silencio de Ceuta no es una excepción; es la regla que Page aplica también a los problemas cotidianos de Castilla-La Mancha.

Alejandra Hernández Hernández

Portavoz regional PP-CLM

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