El canto hispánico

Siempre que oímos hablar sobre música religiosa en la Edad Media, nos viene a la mente el sonido sereno y espiritual aderezado con esa mezcla de recogimiento y misterio, producida por el Canto Gregoriano. Sin embargo debemos tener en cuenta que el rito romano no fue definitivamente adoptado en la península ibérica, hasta bien entrado el siglo XI,joseignacio1.jpg utilizándose hasta esa fecha el denominado como Rito Hispánico o Rito Visigótico-Mozárabe, sobre el que durante el siglo XI se vertieron sospechas de tener imprecisiones que afectaban a la trasmisión de la palabra divina.

Por esta razón el papa Gregorio VII instó al rey Alfonso VI a convocar el Concilio de Burgos que se celebró en el año 1080 y en el que se decretó la abolición del Rito Hispánico, en Castilla. Al liberar Toledo en el año 1085 el rey Alfonso VI concedió el privilegio de celebrar el Rito Hispánico en las seis parroquias de la ciudad; Santa Justa y Rufina, Santa Eulalia, San Sebastián, San Marcos, San Lucas y San Torcuato, aunque en todas las que se alzaron posteriormente fuera ya el Rito Romano el que imperase.

La implantación del Rito Romano en la península Ibérica no fue uniforme, ya que debido a los esfuerzos del Papa Alejandro II y más tarde del citado Gregorio VII, fue paulatinamente adoptado en el Monasterio de Leire (Navarra) en 1067, San Juan de la Peña (Huesca) en 1071, Monasterio de Sahagún (León) en 1079, suprimiéndose el Rito Hispánico definitivamente tras el concilio de Burgos y la reconquista de Toledo, debiendo agradecer al cardenal Francisco Jiménez de Cisneros la labor de restauración y recopilación que tuvo lugar durante el siglo XVI y que hizo posible la publicación del “Missale Mixtum y el Liber ómnium offerentium” hacia el año 1500 y el “Breviarium” en el año 1502, que se usan en la capilla del Corpus Christi, la capilla Mozárabe de la catedral de Toledo.

El principal problema con el que se encontró Cisneros fue que los manuscritos hispánicos estaban en un estado deplorable ya que muchos de los ya “inservibles” libros de la liturgia hispánica fueron olvidados en estantes de las bibliotecas, utilizando sus folios como encuadernación de otros libros nuevos, siendo el principal escollo el uso en los manuscritos de la escritura musical neumática “in campo aperto”, es decir que los neumas que aparecían no indicaban la altura exacta de los sonidos ya que sólo servían como guía para que los monjes aprendieran las melodías de memoria. A pesar de todo en la actualidad poseemos algo más de cuarenta manuscritos entre los que cabe destacar el “Liber Ordinum” conservado en el archivo de la abadía de Sto. Domingo de Silos y el “Antifonario” de la catedral de León.

Cabe señalar, volviendo a la abolición del Rito Hispánico en el siglo XI, que el clero local fue reacio a aceptar la adopción del nuevo Rito Romano, por lo que, según nos cuentan en la “Crónica Najerense”, el rey Alfonso VI apeló al juicio de Dios que en un principio enfrentó a dos caballeros que lucharon en un torneo, en representación de ambos ritos, venciendo finalmente el Rito Hispánico. Se apeló a un nuevo juicio en el que se arrojarían al fuego dos misales, uno hispánico y otro romano; cuentan las crónicas que como el misal hispánico no se quemaba, el propio rey se acercó a la hoguera y lo pateó hacia las llamas, declarando vencedor al rito romano. Aunque el Rito Hispánico se conservó en seis parroquias de la ciudad de Toledo fue en progresiva decadencia hasta la restauración del cardenal Cisneros en el siglo XVI.

Los orígenes del Canto Hispánico podemos verlos en los asentamientos hebreos que tuvieron lugar en la península ibérica con la colonización fenicia y sobre todo con la huida de judíos de Roma, debido a las persecuciones ordenadas por Vespasiano, Tito o Adriano entre otros. Estas comunidades judías influyeron notablemente en las primeras comunidades cristianas debiendo destacar el canto de la salmodia y la lectio (lectura de la Biblia). Obviamente también influyeron de manera decisiva elementos prerromanos y grecorromanos con el uso de escalas diatónicas y modos griegos que hicieron evolucionar el primigenio Canto Hispánico.

La consolidación del rito fue lenta, debiendo destacar tres sedes; Sevilla, Toledo y Tarragona en las que destacan nombres como Justo de Urgel, San Leandro de Sevilla, Braulio de Zaragoza, San Isidoro de Sevilla, Pedro de Lérida, Conancio de Palencia, San Eugenio II de Toledo, San Ildefonso de Toledo o San Julián de Toledo quienes desarrollaron su labor entre el siglo VI y VII siendo la época de mayor desarrollo para nuestro rito, la de la paz religiosa obtenida a través de la conversión de los visigodos al catolicismo durante el concilio III de Toledo en el año 589.

La importancia que se daba a la música en el Rito Hispánico queda patente en los siguientes fragmentos de nuestro gran San Isidoro de Sevilla, quien influyó notablemente en el desarrollo del mismo.

“Ninguna disciplina puede ser perfecta sin la música; sin ella nada existe. Se afirma que el mundo mismo fue compuesto de acuerdo a una cierta armonía de sonidos y que el mismo cielo gira bajo la modulación de la armonía”.
(San Isidoro de Sevilla, Etimologías III, 17,1)

Con estas palabras, el santo sevillano nos recuerda la idea pitagórica de que la armonía que viene del universo penetra en la música produciendo la reconciliación entre alma y cuerpo, recomendándola para toda actividad humana pues sirve para cada una de nuestras expresiones; alegría, tristeza, alabanza a Dios….

Sin embargo el principal documento de San Isidoro en el que nos habla sobre la música de la liturgia hispánica, es su “De ecclesiasticis officiis”, dónde se puede observar la importancia del canto en la celebración de los oficios y el peso que tenían los oficios en la vida de los monjes.

“Cuando se estén celebrando los misterios espirituales de los salmos, huya el monje las risas y charlas, antes ha de meditar en su interior lo que canta con los labios. En la hora de tercia, sexta y nona se han de rezar tres salmos, un responsorio, dos lecciones del Antiguo y Nuevo Testamento, y luego Laudes, himno y la oración”………………….”Pero en las Vigilias deberá guardarse el uso en el recitado. En los maitines se observará la costumbre de salmodiar y cantar para que se ejercite de ambos modos el espíritu de los siervos de Dios……”

Por lo tanto podemos afirmar que el Canto del Rito Hispánico ya estaba sólidamente formado hacia el siglo VII pudiendo percibir dos tradiciones diferenciadas; por un lado la tradición A que correspondería a la Castellano-leonesa y la B a la toledana y riojana. A pesar de esto la liturgia hispánica mantiene una fuerte unidad estructural.

La música se aplicaba por un lado al Oficio Divino y por otro a La Misa. La Misa era universal e idéntica para todas las iglesias y monasterios dividiéndose en dos partes, La liturgia de la palabra(compuesta por lecturas y cantos) y la liturgia de la eucaristía(compuesta por oraciones y ritos) pudiendo distinguir varios tipos de formas musicales; La salmodia, los himnos, las lectiones, los responsorios, las antífonas, Alleluias y los cantos melismáticos o tropos sobre las partes fijas de la misa(Kyrie, gloria, Credo, Sanctus y Agnus Dei).

El oficio tenía la peculiaridad de que variaba según si era celebrado en una catedral o en un monasterio, de esta manera era designado con el nombre de “ordo cathedralis” u “ordo monásticus” respondiendo el primero a la necesidad de plegaria en las ciudades destacando la oración de la mañana “matutinum” y de la tarde “Vesperum” y el segundo adaptado a la vida en los monasterios en dónde se incluían horas menores con el fin de atender a la oración continua “universa laus”.

Resumiendo, podemos decir que el Canto Hispánico también llamado Visigótico-Mozárabe es un tipo de canto religioso monódico, es decir a una sola melodía, principalmente a capella ya que no suele tener instrumentos y si los tiene estos no interpretan melodía, diatónico ya que no utiliza cromatismos si no escalas formadas por tonos y semitonos y de ritmo no medido ya que no se somete a la rigidez del compás, siendo desarrollado y consolidado entre los siglos VI hasta el XI en España momento en que fue abolida por el rey Alfonso VI a favor del Rito Romano, y que durante el siglo XVI fue restaurada por el cardenal Cisneros interpretándose aún hoy día en la capilla mozárabe de la catedral de Toledo.

Vamos a escuchar un fragmento de Canto Hispánico que consiste en una antífona que no es más que una melodía en latín, de estilo silábico corta y sencilla, que es utilizada como estribillo que se canta antes y después de los versículos de un himno o un salmo.

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3 COMENTARIOS

    • Gracias Miguel Angel. Siempre es un honor poder contar con lectores de tu talla que además se interesan por conocer los entresijos de la historia de la música, aunque sea desde lugares tan remotos.

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