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Puertollano: El mural “para la posteridad” que acabó desmoronado

- 26 mayo, 2016 – 13:265 Comentarios

De “auténtica explosión cromática” fue definida la obra del artista urbano Antonio Laguna que en mayo de 2007 le cambió la cara a la enorme pared de la piscina municipal de Puertollano, frente al actual Centro Cultural. El resultado fue una suerte de Bosco, salvando las distancias, con pompas jabonosas de motivos, objetivos y figuras al albur del espectador que es donde está la verdadera interpretación de las cosas.
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Ayudado de una plataforma mecánica, con percance incluido pero sin problemas, y con una discreta vigilancia para evitar tentaciones contra el mural, este artista de Almagro le puso fin a su enorme “fresco sintético” y con el concejal de Cultura, entonces, Luis Pizarro, lo donó para la posteridad… ¿Para la posteridad? No. Hoy ese mural tiene un aspecto irreconocible, desconchado, descascarillado, con buena parte de su superficie en pared viva. Una visión lamentable, de modo que lo que ayer era una alegría para los ojos, de vitalidad, color y arte urbano, hoy sorprendentemente parece reflejar una ciudad que se cae, se desmorona. O sea, lo contrario para lo que fue pintado.

Hay que reconocer que el arte callejero, se supone, está expuesto a las inclemencias y por lo tanto a un deterioro más rápido. Pero para eso hay dos soluciones: o se retoca cuando comienza el deterioro o se deja y llegado un momento se borra esa suerte de jardín de las delicias. Pero dejar la pared de la piscina en ese estado es además sucio y contribuye a avivar el debate de si Puertollano es una ciudad limpia o sucia y quién o quienes tienen la responsabilidad de que así sea, por no hablar de los sentimientos que deben embargar al artista si es que le importa algo lo que hizo. Desconocemos si se ha puesto en contacto con el Ayuntamiento.

Bien es verdad que no es un asunto prioritario y que hay otras cuestiones mucho más importantes, pero por tratarse de un detalle muy visual, muy expuesto a los ojos de la gente, de dimensiones considerables, muy callejero, su deterioro inspira así mismo cierta desidia municipal. O como se dice en el argot popular: entre unos y otros la casa sin barrer. O, en este caso, la pintura sin arreglar, una pintura que ha decorado durante nueve años con dignidad la piscina municipal y para lo que el artista necesitó 200 kilos de pintura con que adecentar artísticamente más de 700 metros cuadrados de sucio, gris y feo muro.

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