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De abejas, abejarucos y cambio en nuestro hábitat

- 14 agosto, 2017 – 16:56Sin comentarios
Rosa Eugenia Prieto.- La primera vez que vi detalladamente un bando de abejarucos fue con unos prismáticos prestados (creo que eran de esos  clásicos  rusos)   hace tiempo,  cuando preparaba la visita de los eurodiputados al Río Tajo. Las vistosas aves volaban a posarse en unos cables telefónicos en los regadíos de Talavera,  traían júbilo al mirarles. Es de esos recuerdos que se quedan grabados en la mente, de esos que llevaré conmigo.

opinionSin embargo, en  el último mes se ha desatado la guerra de apicultores hacia este ave, ha comenzado en Extremadura, pero ha invadido a todo el sector en la península, incluida Castilla-La Mancha,  y realmente no es para menos.

Las colmenas sufren cada vez de forma más intensa el acoso de estos hermosos pájaros. El motivo es fácil de comprender, cada vez hay menos insectos en nuestro campo, como resultado de fumigaciones en los cultivos intensivos y ese descenso de insectos, hace que nuestras colmenas sean despensa cómoda y fácil para los abejarucos.  El abejaruco, al igual que el resto de animales insectívoros está en retroceso, tienen menos comida, por tanto se da una reducción de individuos

El daño que hace merops apiaster, no viene dado por el nº de abejas que se comen, como dicen algunos estudios ornitológicos,  aunque el daño es mayor si alguna de ellas es una reina. El verdadero peligro viene dado porque el asedio continuado al que someten las colmenas, hace que las abejas no salgan a ventilar, ni a  por agua, ni a vuelos necesarios para la higiene de la colmena.

De las sensaciones más tristes que puede vivir un apicultor es abrir una colmena y ver los cuadros fundidos y sus abejas atrapadas. Es asistir de testigo a la caída de una sociedad completa.

La otra cara del abejaruco la viven otros ganaderos, especialmente los dedicados al ganado ovino. Entre los muchos insectos de los que el abejaruco se alimenta, están los dípteros parásitos,  que son un mal en sí mismo y también son vectores de multitud de microorganismos. La mosca oestrus ovis es uno de ellos y plato gustoso para el abejaruco. Esta mosca se coloca en los morros de las ovejas, poniendo huevos de los que salen larvas que se arrastran hacia el cerebro del animal por las fosas nasales,  provocando la falsa modorra, una enfermedad que afecta al sistema nervioso central de los óvidos.

No es el único caso de beneficio para el sector ganadero, ya que el abejaruco se alimenta también de la mariposa de la procesionaria,  la blanquita de la col, o la Otrahipoderma bovis o mosca de los barros, responsable de estropear el cuero de los animales.

Deberíamos de tener en cuenta que ha pasado en nuestro país cuando otros animales protegidos suponían una presión a algún tipo de ganadería. Hablo de animales como el lobo o el oso pardo, animales que la sociedad entiende que son un valor fundamental a conservar, pero no permite que los daños que estos ocasionan recaigan únicamente en un sector ganadero que cada vez tiene más complicada la subsistencia en este mundo globalizado.

En la actualidad el abejaruco no puede ni siquiera ser espantado, y mucho menos darle caza, ya que está incluida en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial. Extremadura presionada por el sector apícola en esta región, recientemente está cambiando esto, permitiendo teóricamente sólo que sean espantados.

En general las administraciones no ponen esfuerzos en solucionar este problema entre animales amenazados y ganaderos. Va a resultar que el tamaño del ganado y del animal protegido importa.  No es ese el único problema que encaran los apicultores, los pesticidas, las importaciones de miel de países extracomunitarios,  la varroa y otras enfermedades…..  Problemas que encara el sector apícola en solitario, encuadrado en el sector ganadero, cuando la apicultura no es una ganadería al uso,  encontrándose más cerca del medio ambiente.

Nuestra sociedad, al igual que las administraciones olvida lo pequeño, sin darse cuenta de que esas “minucias” son esenciales, porque son fuente de vida. El principal trabajo que realizan nuestras colmenas es un bien a terceros, ya que son las responsables del 80% de la polinización en nuestro campo, en un momento en que el resto de insectos polinizadores están en franco retroceso.  Recuérdenlo la próxima primavera al salir al campo y ver miles de flores de colores.

Nada mejoramos si nada aprendemos.

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