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Sí, huelga feminista

- 20 febrero, 2018 – 07:2749 Comentarios

Cristina Cancho Moreno. Socióloga, Consultora experta en Igualdad. Militante feminista.- Sí, la huelga convocada para el día 8 de marzo es feminista. El otro día estaba en un programa de radio hablando sobre esta singular e histórica huelga y en un momento dado, la locutora comentó con el micro abierto que quizá lo de la huelga feminista “sonaba un poco mal”.
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Después de muchos años de militancia feminista activa ya no me asusto de estos comentarios o valoraciones, y, por supuesto, tampoco recrimino a mi compañera porque le resulte malsonante la palabra feminista. Pero, por eso mismo, voy a intentar explicar el proceso que ha conducido a que nos suene mal justamente la palabra que representa la lucha de las mujeres en la consecución de sus derechos. Porque, sí, lectoras y lectores, que las mujeres podamos votar, que las mujeres tengamos la potestad sobre nuestras hijas e hijos, que nuestros bienes sean nuestros y no de nuestro marido (al menos por propia voluntad) o que no necesitemos permiso para abrir una cuenta bancaria o cobrar nuestro sueldo, se lo debemos al Feminismo.

No sé qué autores o autoras habrán consultado las personas que tan mal hablan del Feminismo, o a las que la palabra feminista les produce resquemor. Cada vez tengo más la sensación de que en programas de radio y televisión o en artículos de prensa la mayoría habla de oídas, expresa opiniones poco contrastadas y no parece haber realizado muchas lecturas realmente feministas. Resulta inquietante que si para hablar de cualquier tema buscamos fuentes y argumentos de personas expertas, en cambio, para hablar de feminismo cualquier opinión sirve. Este hecho no es irrelevante: nos ofrece una visión clara de cómo la lucha de las mujeres siempre queda oportunamente enterrada en dimes y diretes, sin que nadie parezca preocuparse por realizar un abordaje serio que conduzca a un justo conocimiento teórico o práctico del Feminismo.

Quizás por esta pereza o esta desidia o quizás por este oscuro interés en ocultar la verdad, hay mucha gente que a menudo tiende a pensar que los derechos conseguidos se nos han dado graciosamente a las mujeres. Pero no ha sido así: hay que decirlo alto y claro, aunque duela escucharlo, la gran historia de la emancipación de las mujeres, que dura ya más de dos siglos, se llama Feminismo, una teoría y un movimiento social a partes iguales, como diría mi admirada Ana de Miguel

Sin embargo, algo tan evidente es completamente ignorado por el gran público. Y esto no es casualidad. Solo hay que recordar que los grandes filósofos y teóricos de la cultura occidental, salvo honrosas excepciones, han sido misóginos y que la Historia la han escrito principalmente y hasta hace poco, solo los hombres. Un caso interesante es el de Rousseau, conocido como el padre de la democracia y al que, sin embargo, se le “olvidó” considerar a las mujeres como ciudadanas de pleno derecho: “las mujeres –escribió- están hechas especialmente para complacer al hombre”. En los libros de Filosofía no suele indicarse que el gran teórico del contrato social construyó su teoría expulsando de la construcción de la sociedad a la mitad de la humanidad.

Pero volvamos a la huelga feminista que ha sido convocada para el 8 de marzo. La pregunta clave para entenderla es: ¿tenemos los mismos derechos mujeres y hombres en la España del siglo XXI? En el aspecto formal, en la legislación vigente, rotundamente sí. Sin embargo, es curioso que las mujeres mejor preparadas de la historia y que copan aulas enteras en diferentes universidades, casualmente cobren menos que sus compañeros, tarden más en encontrar empleo y deduzcan de su salario el importe de los cuidados de sus criaturas. Tampoco es un tema menor la violencia machista que atenaza a las mujeres solamente por el hecho de serlo o el constante miedo a la agresión sexual que pende sobre nuestras hijas y sobre nosotras cuando salimos a la calle, mecanismos ambos de control y disciplinamiento social. Podríamos seguir con la utilización de nuestros cuerpos como reclamo publicitario, con la trata de mujeres y criaturas destinadas al negocio de la prostitución, con el famoso techo de cristal o simplemente con la tensión que genera el hecho de que constantemente seamos valoradas por nuestro físico en vez de por nuestras capacidades.

Ante todas estas cuestiones que particularmente atañen a las mujeres el Feminismo tiene mucho que decir, por eso la huelga es feminista. En mi cabeza no cabe que una persona que crea en la igualdad de oportunidades, en un mundo más justo, más equitativo y más respetuoso con la vida no sea feminista. Construyamos una sociedad de la diferencia, sí, pero no de la desigualdad, una sociedad donde las personas se desarrollen con un único límite: el que marquen sus potencialidades.

Para la huelga sobran motivos; hagámonos oír en las calles, en las plazas, en los centros de trabajo: “madres, hijas, hermanas (…) Por considerar que la ignorancia, el olvido o el desprecio de los derechos de la mujer son las únicas causas de los males públicos”, como decía Olympe de Gouges (1789).

Sin miedo, dilo en voz alta “Soy feminista y haré la huelga”.

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