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Derecho a la educación y Escuela Pública

- 25 agosto, 2004 – 07:00Sin comentarios

Felipe Medina Santos

   Mucho se ha hablado de la Escuela Pública. Corren tiempos en que todo lo que suene a Público tiene una connotación peyorativa, en tanto que se realza lo privado.

   Los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla. Los ataques a la Escuela Pública no suelen ser desinteresados ni espontáneos, sino que obedecen a una concepción ideológica, más que liberal, reaccionaria y a la defensa de unos intereses.
   La Constitución española, en su artículo 27, reconoce, afirma y defiende que todos tienen DERECHO A LA EDUCACIÓN. Apostar por la universalización del derecho a la educación o lo que es lo mismo por que la Educación sea concebida como un Derecho es posicionarse a favor de la igualdad de oportunidades.

   Sabemos que históricamente la Educación ha sido el privilegio de unos pocos. La Escuela como institución es un instrumento social relativamente reciente. En la antigua Grecia, en Roma, en la Edad Media, en el resurgir humanista del Renacimiento, etc. la Educación era el privilegio de unas pocas familias que disponían del poder político y económico suficiente para encargar a alguna persona competente la formación y preparación de sus hijos, en tanto que el resto de la población era analfabeta.

   No debe causarnos sorpresa, por tanto, que el propio término pedagogo aluda al esclavo que determinadas familias poderosas utilizaban para la formación de sus hijos e hijas. Pensar en la Educación como un Derecho ha sido durante muchos siglos una utopía.

   El Derecho a la Educación es hijo, como tantos otros avances de la humanidad, del proyecto emancipador de la Ilustración. Los ilustrados, rompiendo la imagen de siglos, se atrevieron a pensar que la Educación y la preparación eran instrumentos preciosos para la autonomía de los hombres y para vencer la intolerancia, las supersticiones y los prejuicios.

   La bandera del Derecho a la Educación fue izada con valentía por el Movimiento Obrero y ha sido, durante el siglo XIX y buena parte del XX, una nítida seña de su identidad.

   Defender el Derecho a la Educación o la Educación como un Derecho para todos supone apostar por un modelo de persona y asumir los principios contenidos en las Declaraciones de los Derechos del Hombre y del Ciudadano.

   Quienes defienden el Derecho de todos a la Educación, lo hacen en primer lugar porque consideran que la dignidad del ser humano es inalienable y que toda persona debe disponer de posibilidades para desarrollar sus capacidades, entender el mundo en que vive y adquirir la preparación necesaria para prestar unos servicios útiles a la sociedad.

   El Derecho a la Educación fue una idea que progresivamente se abrió camino pero no logró su objetivo hasta que no consiguió la escolarización obligatoria y gratuita de todos los niños y niñas.

   Está de moda hablar mal del Estado, considerar que debe reducir sus funciones y su volumen. Sin embargo, la progresiva universalización del Derecho a la Educación para lograr implantarse necesitó del concurso y de los recursos de unos Estados expansivos.

   Hablar del Derecho a la Educación supone construir escuelas, formar maestros y dignificar su función social.

   Las personas ignorantes e iletradas son mucho más fáciles de manipular desde cualquier instancia de poder. El miedo anida en el corazón del ser humano, pero la Educación contribuye a generar instrumentos para entendernos a nosotros y nosotras mismos, ser conscientes de nuestro papel en el mundo y saber asimilar el legado de la tradición, no para conservarlo como algo muerto, sino para que nos ayude a vencer los retos del futuro.

   La Escuela Pública es una filosofía, es un concepto educativo y un modelo pedagógico. Supone reconocer el derecho de todos a la educación y adoptar las medidas presupuestarias y legales para hacerlo efectivo.

   La Enseñanza Pública ha de ser coeducadora, crítica, tolerante, investigadora, propiciadora del aprendizaje a través de la experiencia, participativa, democrática, abierta al entorno y dispuesta a innovaciones permanentes en la utilización de metodologías activas y, sobre todo, participativas.

   Luchar por la igualdad de oportunidades y contra las desigualdades es una de las misiones de mayor envergadura de la Escuela Pública.

   La Enseñanza Pública es inseparable del concepto de movilidad social. Una sociedad estamental que reproduce las desigualdades y donde las clases y fragmentos sociales están condenados a repetir «ad infinitum» roles, posiciones y oficios ha de generar mecanismos para imponer la jerarquía y el dominio e, incluso, para hacerlos parecer naturales e ineluctables.

   La Escuela Pública, por el contrario, presupone una sociedad abierta, en la que la capacidad y el mérito sean los factores que configuren la movilidad social.

   Los conservadores de todo signo gustan hablar de Pluralismo de Centros. La Escuela Pública difiere sustancialmente de este modelo para apostar por el Pluralismo en los Centros. Es positivo y enriquecedor que niños y niñas de diferentes clases y segmentos sociales, de creencias diferentes y provenientes de distintos medios culturales se eduquen juntos, comprobando que es mucho más lo que les une que lo que les separa y preparándose para convivir en una sociedad, cada día más compleja y progresivamente multiétnica y pluricultural. De ahí que separar a los niños y niñas en Centros diferentes por criterios religiosos o sociales suponga, desde nuestra perspectiva, un planteamiento agresivo que da la espalda a la vida.

   Por supuesto, el principio de la libertad de enseñanza posibilita que existan Centros privados con carácter propio o ideario, pero quien garantiza la Enseñanza para todos y la igualdad de oportunidades es la Escuela Pública.

   El reto a afrontar es el de la calidad. Hemos de lograr que la Escuela Pública sea competente sin ser competitiva, que disponga de los medios e infraestructuras necesarios para que los chicos y chicas que se educan en sus aulas no se encuentren en una situación de inferioridad y para que las enseñanzas recibidas les capaciten para los objetivos previstos.

   Los indicadores de calidad no sólo se miden por los metros cuadrados de edificio y mucho menos por disponer de servicios de lujo. Se miden también por la multifuncionalidad de los espacios, por la acción tutorial, por la apertura al entorno, por la participación de toda la Comunidad Educativa y por la capacidad de innovación pedagógica y de experimentación en el aula por parte de un Claustro de profesores que cree en la Educación como un Derecho.

   Defender y apoyar la Escuela Pública pasa por delimitar con claridad los fines o metas que queremos conseguir. De la misma forma que para viajar es necesario conocerse un mapa, para alcanzar un determinado logro es casi imprescindible elegir adecuadamente el camino a seguir y sortear las dificultades.

   Para lograr una Escuela Pública de calidad las expectativas y objetivos que, de forma orientativa, deben marcarse pueden ser los siguientes:

DEFINIR con claridad el concepto de Escuela Pública para huir, en la medida de lo posible, de toda ambigüedad y exponer con rigor las características que conforman el modelo al que se aspira.

APOSTAR por una Escuela Pública de calidad basada, tanto en la participación y cogestión de la comunidad educativa, como en la preparación para la vida, la apertura al entorno, la acción tutorial, la orientación vocacional y profesional y un equilibrio entre el rigor en la aplicación del método científico y la recuperación del sentido humanista de la existencia.

ASUMIR que la Escuela Pública es un instrumento poderoso para hacer efectivo el derecho de todos a la educación y a la igualdad de oportunidades.

IMPULSAR un modelo de Escuela Pública que favorezca el espíritu crítico, la autonomía, el protagonismo de los alumnos y alumnas, el aprendizaje a través de la experiencia y la utilización de metodologías activas y participativas.

DEFENDER un auténtico pluralismo en los centros de carácter integrador, frente al concepto de pluralismo de centros que separa, disgrega y discrimina en función de las condiciones económicas y sociales, creencias y prejuicios.

DENUNCIAR los diversos intentos por escatimar los recursos necesarios para el desarrollo de una Escuela Pública de calidad, a fin de favorecer los Centros privados y un concepto elitista de la Educación.

SENSIBILIZAR a todos los Padres y Madres de Alumnos para que apuesten por un modelo participativo de Escuela Pública, basado en la gestión democrática y para que elaboren estrategias sobre cómo apoyar la Escuela Pública desde el movimiento asociativo del que pueden formar parte.

SOMETER a reflexión y crítica las deficiencias de los centros públicos para conocer el largo trecho que separa a la implantación del modelo que se defiende de las características y funcionamiento de los Centros públicos, actualmente existentes.

TOMAR CONCIENCIA de que el modelo de Escuela Pública que se prpougna sólo se alcanzará mediante una suma coordinada de esfuerzos entre las Administraciones Públicas, los Padres y Madres ,el Profesorado, Sindicatos docentes, los alumnos y sus Asociaciones.

PONER DE MANIFIESTO la vinculación que existe entre el desarrollo de la Escuela Pública y una sociedad democrática avanzada que luche contra las desigualdades, asuma los valores cívicos y avance hacia relaciones sociales e intergrupales de convivencia y tolerancia.

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