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La Asociación Banda de Música de Puertollano comenta las piezas de su debut (y II): Aida, Las golondrinas y La tabernera del puerto

- 22 noviembre, 2013 – 10:41Un comentario
La asociación musical Banda de Música de Puertollano ofrece la segunda entrega de sus comentarios al programa del concierto gratuito que servirá para presentar oficialmente a la agrupación. Será este 24 de noviembre, a las 12,30 horas, en el teatro del Colegio San Juan Bosco, y estará dirigido por quien fuera director de la banda municipal, Ángel Parla. Juan Sebastián López Berdonces, trompeta de la banda, reseña  piezas de Aida y La tabernera del puerto. bandada1 Aida Aida es encargada para celebrar en El Cairo la Inauguración del Canal de Suez, en 1871. El trabajo es apropiadamente lujoso, pomposo y festivo para la ocasión. Verdi encontraría un éxito brillante en todos los campos, puesto que esta obra es una síntesis de lo mejor de las tradiciones operísticas francesas e italianas que Verdi había desarrollado conscientemente, y Aida puede entenderse como la inauguración del periodo final de su carrera compositiva. Desde su Preludio, el cromatismo y el contrapunto presiden la ópera, y se aprecia una complejidad musical superior a lo normal en la obra verdiana. El lenguaje armónico  de Aida es significativamente más elaborado de lo habitual en la tradición operística italiana. Asimismo, tiene una continuidad dramática y musical que es totalmente nueva en Verdi.  Los críticos se apresuraron a señalar estas nuevas características como fruto de influencias wagnerianas, lo que disgustó enormemente al maestro italiano. Aida nos narra la historia de un conflicto entre el amor y el honor superpuesto en un contexto de guerra entre el Antiguo Egipto y Etiopía. La princesa etíope Aida es capturada por el general egipcio Radamés de quien está enamorada. Los dos están abocados a elegir entre los dictados del patriotismo o de la pasión. Finalmente eligen otra alternativa: ser enterrados en vida en una tumba egipcia. Las Golondrinas   Una joya incomprendida según Pablo Sorozábal. En 1911 Sorozábal coincidió con Usandizaga, según él, “su arte dejó profundas huellas en mi espíritu y en mi música”. Con una instrumentación que la dota de una riqueza sonora que persigue la renovación del teatro lírico español, esta ópera tiene influencias de la Schola Cantorum parisina, donde Usandizaga ingresó con catorce años, así como del Verismo italiano que poco a poco iba introduciéndose en España a principios del siglo XX. Se estrena en 1914 en Madrid, y la Pantomima es una de las secciones más famosas de esta obra. No en vano el público y la crítica acogieron esta sección con verdadero entusiasmo. Tiene una entraña sinfónica que le permite pasar a su interpretación como pieza de concierto. La Pantomima en sí es un Improntu, teatro dentro del teatro. Las Golondrinas, es más que un drama lírico, una ópera verista de enormes paralelismos argumentales con  Pagliacci de R. Leoncavallo. A pesar de su éxito en el estreno y de la buena consideración entre los artistas como Marcos Redondo, se representa muy poco. El barítono cordobés, afirma por ejemplo que  “de todas las obras que llegué a representar en el teatro, Las  Golondrinas fue sin duda la que más me atrajo y en la que puse toda mi alma y temperamento es tan rica en melodía y armonización que merece gran respeto”. La Tabernera del Puerto Fue estrenada el Sábado de Gloria de 1936 en Barcelona, el éxito acompañó a cantantes y compositor. Sin embargo Sorozábal señala cómo “le entraba la paura” al tenor Arregui, el cual “en lugar de crecerse ante un éxito tan grandioso, como los paños malos se fue encogiendo” hasta llegar a suplicarle que le bajara medio tono su Romanza incluida en la selección del presente programa (No puede ser…) a lo que nunca cedió el maestro vasco. Concluye la anécdota Sorozábal, contando que en una ocasión le dijo al tenor que accedía a bajarle la romanza aunque en realidad no lo hizo, y Arregui volvió a cantarla estupendamente como en el estreno. En Madrid se estrenó tras la Guerra Civil, y Falange Española de las JONS prohibió al músico donostiarra dirigir la orquesta. La tormenta (incluida también en la selección) que sorprende a la soprano y al tenor mientras navegan “no era propicia para armar escándalo” según Sorozábal, pero los confabulados (legionarios y alféreces provisionales) “aprovecharon el intermedio para gritar y escandalizar a lo que se sumó parte del público. Gritar contra los rojos era un deporte…y aquella noche el rojo era yo”. Más tarde se supo que fue Moreno Torroba quien compró y repartió las entradas entre los militares alborotadores. A partir de entonces, Sorozábal fue a todas las representaciones con un encendedor de mesa de más de medio kilo en el bolsillo como defensa, ya que recibía constantes llamadas plagadas de amenazas e insultos. Un día quien llamó fue Jaime Foxá, presidente de Falange, el cual le sugirió al maestro que “para evitar males mayores” escribiera una carta a Falange cediendo los derechos de autor y otra al diario “Arriba”  adhiriéndose al Movimiento. La respuesta fue: “si ustedes piensan que he delinquido, me pegan ocho tiros, me matan y a otra cosa.” Esta situación fue constante en esta época. Las personas que asistían a las representaciones eran cacheadas antes de entrar al Teatro de la Zarzuela. Sorozábal pagó con creces el hecho de haber permanecido en Madrid como director de la Banda Municipal para animar a una población abandonada a su suerte durante la Guerra por el Gobierno, la Diputación y el Ayuntamiento, que huyeron vilmente. “¡Hoy no existe un país que nos supere a cafres!... España estaba llena de dictadorzuelos que cometían constantes atropellos cargándolos a la cuenta del Movimiento. ¿Era así? A mí me parece que las autoridades se enteraban de todo pero les convenía más hacerse los suecos .Y esta es la política que siguieron y continúa vigente en nuestro país. Una nación que vive en la mentira, en la injusticia, que oculta lo hechos y no es capaz de afrontar la realidad, está perdida y tendrá que acabar ahogada en un mar de sangre.” Con esta afirmación tan clara y lúcida, realizada en 1986, termina Pablo Sorozábal el recuerdo de lo acontecido en esa época tan convulsa en la que se estrenó La Tabernera del Puerto. Consulta los comentarios al resto del programa pinchando aquí.  
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