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La ampliación de la Unión Europea y la solidaridad

- 10 abril, 2014 – 13:20Sin comentarios
Centro de Información Europa Directo Ciudad Real.- La Unión Europea es una construcción única en la Historia de la Humanidad, la unión de tantos y variados países de forma voluntaria, solidaria y libre nada tiene que ver con la gran creación de Estados o imperios del pasado, fundados mediante conquista militar o colonización de nuevos territorios, su base no es la imposición política ni militar sino la solidaridad y el respeto a la diversidad por parte de todos sus componentes.opinion Sin embargo, como en todo proyecto que merece la pena, el camino no ha sido fácil y aún queda mucho por alcanzar, sobre todo en cuanto a homogeneidad económica y extensión del Estado del Bienestar, para muchos esto sería una de las características de que el proyecto de unificación de Europa no es factible, cuando en realidad los éxitos alcanzados hasta el momento nos demuestran que sí lo es, aún hay muchos desequilibrios, de acuerdo, pero es que ni siquiera en naciones de origen histórico antiguo existe homogeneidad entre todas sus regiones o territorios, todo se andará, y la base para ello ha sido siempre la solidaridad. El origen de la Unión Europea lo encontramos en el corazón mismo del continente, y en naciones que tradicionalmente venían protagonizando enfrentamientos entre ellas, lo cual más que paradójico es esperanzador. Así, nace la CECA, primer cimiento de este proyecto. Los Estados fundadores serán la Alemania de Conrad Adenauer y el “milagro económico” – si es que un avance basado en el esfuerzo y el trabajo de todo un pueblo puede calificarse cómo tal – y la Francia de la V República, país entonces económicamente dependiente de Estados Unidos pero políticamente muy europeista; junto a Italia, el último país democrático y occidental en tener “su milagro económico”, y los tres Estados del BENELUX, modelo de unidad aduanera y económica que tiene su origen en la Unión económica belga-luxemburguesa del periodo de entreguerras (1921) y que constituirá un ejemplo con mucho que aportar al proyecto de la Unión Europea. En 1973 se lleva a cabo una primera ampliación, las dos naciones anglosajonas, Reino Unido e Irlanda, hasta ahora más vinculadas a Estados Unidos y a la Commonwealth que al resto del continente europeo pasan a formar parte de la Unión, junto a Dinamarca. Se relaciona al Reino Unido, y más en concreto a Inglaterra, con el euroescepticismo, la crítica recalcitrante y sistemática a todo planteamiento comunitario, sin embargo, el Reino Unido ya pidió su adhesión en 1964, en tiempos del Premier laborista Wilson, y en 1975 su ciudadanía ratificará de nuevo su deseo de pertenecer a la Unión Europea a través de un referéndum. La década de los 80 será la hora de los países del sur, de la Europa mediterránea, con una democratización más tardía que el resto de naciones de la Europa Occidental (a excepción de Italia) y una economía más pobre, comienzan a integrarse en el entonces Mercado Común Europeo, es el caso de Grecia en 1981, y los países ibéricos, España y Portugal, en 1986. La futura Unión Europea se extiende hacia el sur, pronto lo hará hacia el este, conforme este ámbito se democratice y comience a integrarse en la economía de mercado. A mediados de la década de los 90, en 1995, las fronteras comunitarias se extenderán por Centroeuropa con la adhesión de Austria, un país que en cierto modo era similar a la Alemania Federal, aunque a pequeña escala; y por la Europa nórdica, países que ya gozaban de un amplio, consolidado y desarrollado Estado del Bienestar, es el caso de Finlandia y Suecia, mientras que Noruega opta por la no integración. Si la década de los 80 fue la de la Europa mediterránea, la primera década del siglo XXI será la de la Europa del este, lo cual entraña un mérito y un esfuerzo mayor por parte de estos países, se trata de extender las fronteras comunitarias más allá de lo que había sido el Telón de Acero. La Unión Europea no sólo es un proyecto occidental sino que rompe la barrera entre las dos Europas de la Guerra Fría, así entran países que a partir de 1989 (cuando también se reunifica Alemania) ven caer los regímenes políticos comunistas y comienzan a democratizarse, es el caso de la República Checa y Eslovaquia – anteriormente unidas –, Hungría, Polonia, e incluso Estados que habían pertenecido a la extinta URSS, como las tres repúblicas bálticas: Estonia, Letonia y Lituania; junto al primer país de la antigua Yugoslavia en adherirse: Eslovenia, y pequeños países del Mediterráneo no exentos de problemas, en este caso derivados del imperialismo, como son Chipre y Malta, antiguas colonias o protectorados británicos. Esta extensión de la Unión Europea se redondeará en 2007 con la integración de Rumania y Bulgaria, y en 2013 con la integración de otra antigua república yugoslava: Croacia. Proceso que probablemente no hay culminado como podemos ver por los candidatos existentes. Todo este amplio proceso de ampliación de la Unión Europea conlleva un enorme esfuerzo en cuanto a políticas que hagan más fácil la integración de jóvenes democracias con economías aún en desarrollo, políticas no siempre entendidas por Estados ya integrados desde hace años en el proyecto europeo y que ahora tienen que ceder parte de sus prerrogativas en pos de una unión más igualitaria y justa. La homogeneidad es difícil de alcanzar, para eso existen los fondos estructurales, pero existe también miedo entre amplios sectores sociales, sobre todo de Europa occidental, descontento con la integración de países más pobres. Algunas voces ya han reclamado la creación de un Fondo Monetario de carácter europeo y una Ley de Prevención de la Insolvencia de los Estados miembros, instrumentos que en definitiva deben servir para evitar los desajustes económicos y sus efectos más negativos. Podemos ver esta situación como algo coyuntural, la Unión Europea nace como un grupo abierto a nuevas incorporaciones y por tanto la ampliación se encuentra en su misma naturaleza, quizá debamos ver la integración de estos países como un reto y no un problema, un reto para Europa y sus instituciones, pero sobre todo para sus ciudadanos, que en definitiva, y como tendremos ocasión de decidir una vez más este 25 de mayo, somos los verdaderos protagonistas de la creación de un espacio de libertad y bienestar para todos.
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