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Las armas de la fe

- 26 marzo, 2017 – 11:2733 Comentarios
Ángel RomeraEl fallecimiento casi simultáneo de Martin McGuinness y de la cordial filopapista Paloma Gómez Borrero me ha hecho reflexionar un poco (solo un poco: nunca me hice ilusiones sobre mi inteligencia) sobre dos tipos de catolicismo que se han dado y dan incluso hoy. Hay un terrorismo católico (cuya vertiente popular es más bien un pantuflismo católico) que consiste en exseminaristas del IRA o la ETA, ideólogos como el canónigo manchego Mugueta que auspiciaron la guerra civil contra los rojos (que traduciremos del fascista a "demócratas") o los ultras que se fabricaron un Dios de derechas, a su imagen y semejanza, con un Cristo-Mahoma más que rey sultán (y aun Erdogán), con una cara opuesta de guerrillero y guevariano (el "Che" solo era, según Savater, "un Rambo de izquierdas" crucificado por la CIA para justificar el engorde de sus dietas). Muchos de estos fanáticos solo ocultaban en realidad a románticos desesperados, deseosos de pureza y, a decir verdad, carentes de la virtud más esencial: la humildad. El amor de esa clase de religiosos por las armas es característico; Pedro, por ejemplo, fundador de los soi-disants católicos, siempre llevaba una espada colgando y llegó a usarla para cortar orejas, aunque el muy cobarde se las cubrió tres veces, como hacen sus herederos cuando se habla de pedofilia y de su "San" Francisco (Franco), cuyas facturas no quieren pagar; al cura Don Camilo (y a Pepone) de Giovanni Guareschi le gustaban a rabiar (me he leído todas sus novelas) pero a estos cristianos armados hasta los dientes como los del IRA o ETA no los inspira la religión verdadera, sino un mero y ciego y romántico fanatismo que encubre, ya lo he dicho, una egolatría de bastante estatura; incluso de la estatura de la cruz del Valle de los caídos no precisamente por la democracia y por la convivencia; nunca ha habido en España monumento alguno para estos. De hecho, las guerras civiles siempre las ganan los Caínes, a los que podemos identificar no por su nombre, sino porque siempre portan un arma, aunque sea una mera quijada de asno. Las ganan los militares, y entre ellos los mejor pertrechados, contra los civiles indefensos. Cuando las guerras son caras, se las pagan los ricos a que en realidad sirven (Juan March, por ejemplo). Los hermanos militares nunca serán nuestros guardianes, aunque pensemos que sí; lo saben en Argentina y en Chile, y en España los que leyeron su nombre en las listas de gente prescindible durante el 23-F (están publicadas, pero ya se sabe qué es lo que se recuerda y lo que no en esta prensa de mierda). Las espadas de los cruzados tienen forma de cruz y las de los musulmanes de media luna, aunque solo la cruz es un instrumento de ejecución, y si estos últimos tienen su yihad o guerra santa, los cristianos tienen el versículo de Mateo, X, 34: "Yo no he venido a traer la paz, sino la espada". Si me dicen que se debe interpretar en sentido espiritual, yo les diría que lo mismo cabría hacer también con las suras del Corán sobre la yihad, pero la verdad es que quienes se fueron a las Cruzadas azuzados por los papas no eran de esa opinión. No voy a decir que en el pasado el Islam fue tan tolerante como hoy lo es el Cristianismo, que tuvo sus propias guerras sectarias entre católicos y protestantes hasta que la potencia defensora del cesaropapismo, la fanática España, quedó desarmada y derrotada. No: Cristo no mató a nadie, Mahoma sí: ordenó el genocidio de  los Banu Qurayza, por ejemplo. Ese elemento humilde y de mala conciencia del cristianismo terminó al cabo por desarrollarse contra el fanatismo de otros cristianos, y se separaron así definitivamente a mediados del XVII religión y estado; la paz volvió a una Europa más humilde, la Europa del humanismo frente a la del mesianismo. Porque España es mesiánica. Los españoles siempre hemos andado en busca de esa pureza de la que hemos hablado y echamos fuera de la piel de toro a musulmanes, judíos, humanistas, protestantes, moriscos, liberales y demócratas: nos empobrecimos, no solo espiritualmente. Mesías ya hemos tenido demasiados, incluso ahora tenemos un Messi y la adoración de la pelota, que nos ha librado de mesianismos más peligrosos pero nos ha empobrecido igual. En realidad, cualquier texto sagrado puede interpretarse mal o incluso al revés y nadie nos puede decir qué es lo correcto; de ahí la multiplicidad de las sectas, cada una con su particular y partiporculizante mesías. Es la sensación que se saca tras leer Las preguntas de Zapata, el famoso libelo contra la Biblia de Voltaire que leí hace unos treinta años. Baroja dejó escrito que los españoles han resuelto todos los problemas esenciales de la vida negándolos; que esa es la única manera de resolverlos. Para hacer algo así siempre hace falta un mesías y su correspondiente demonio que lo justifique, lo ensalce, lo entronice, lo divinice, le dé el status de Dios indiscutible e indiscutido, puro, purísimo, místico, español. La salvación está en ocuparse de cosas más patateras y humildes todos los días: el trabajo, la comida, la ciencia, el ahorro, la enseñanza, la gente, pagar las cuentas... Lo vio la Institución Libre de Enseñanza, el intento más serio de reforma europeizadora que hemos tenido. Lo realmente universal y unánime es la ciencia, no la mística. Todos los científicos son unánimes a la hora de definir un átomo, tiene un solo significado; pero hay mil opiniones, todas ellas perfectamente improbables y ridículas, sobre lo que sea o pueda ser Dios. Incluso la de que es el perfecto pretexto para justificar el exterminio del hombre. Contornos Ángel Romera http://diariodelendriago.blogspot.com.es/ [Los comentarios serán moderados por el autor de la sección]

33 Comentarios »

  • Ciudadanoenlucha dice:

    Excelente artículo, sin embargo hoy en día a las personas menores de 50 años no les interesa el critianismo y mucho menos el catolicismo machista y misogino.

  • Charles dice:

    La fe religiosa no puede ser la clave interpretativa a los interrogantes existenciales que se plantean al ser humano ya que éste responde bajo una pluralidad de actitudes.
    Lo importante es determinar si la «cultura de fe», realmente, beneficia a la sociedad.
    ya nos hemos dado cuenta que una cosa son las creencias, otras las instituciones religiosas y otra más la fe personal.
    La religión debería hacer que la gente se comporte cada vez mejor pero no parece que esté cumpliendo su objetivo.
    Al final, sabremos todo lo que sabría Dios, si es que existe alguno…

  • Angel Manuel dice:

    Fisac ya no está sólo. Sólo para ser exactamente igual de momias, tiene que insultar a un católico de forma particular.

    Los católicos ya sabe, estamos entusiasmados con nuestra yihad…Porque no es libertad de expresión, es yihad según usted.

    De hecho el Papa Francisco hace día sí y día también llamamientos a la cruzada. Algo científico como sabemos. La mística es así de yihadista.

  • Angel Manuel dice:

    Las comparaciones o son odiosas o evidentes.

  • Pena, penita,pena dice:

    Ateos expertos en el Todo.
    Y en la Nada.

  • Censor dice:

    De Franco a la Iglesia, y de la Iglesia a Franco. Monotonía, aburrimiento. Tomamos la cita que conviene, obviamos la otra: «Dad al césar lo que es del césar, y a Dios lo que es de Dios”; también lo dice Mateo. El terrorismo es cristiano por seminarista, el de ETA… y marxista, de izquierdas, como el Papa; lo obviamos. Luego, España, horror de país, cristiano. Mejor nos hubiera ido siendo protestantes, eligiendo la Razón a la Fe: “La razón es la grandísima puta del diablo», dijo Lutero, pero esto tampoco lo cuenta Romera. Y España otra vez, fanática defensora del cesaropapismo, dice el gachó. Yo siempre pensé que era al revés, aunque cualquiera se lo discute, don Ángel. Y paro, y no sigo.

  • Pepillo dice:

    Joder, he tenido la paciencia de leer el artículo hasta el final…y estoy como si me hubiera bajado de una noria. Vas en picado Romera…Oxigena tu mente…o acabarás mal.

  • Maribel dice:

    Ingenioso y honesto artículo. Me estoy aficionando a este digital gracias a usted y sus artículos y se lo recomiendo a mis amistades.

    Mil gracias.

  • Hobbes dice:

    Si algo provoca en mi A.R. es la vergúenza de no haber trabajado los clásicos, pero como la Red te ayuda siempre que se lo pides, he encontrado este poema de Horacio que seguro conoces bien:

    «No busques el final que a ti o a mí nos tienen reservado los dioses (que por otra parte es sacrilegio saberlo), oh Leuconoé, y no te dediques a investigar los cálculos de los astrólogos babilonios. ¡Vale más sufrir lo que sea! Puede ser que Júpiter te conceda varios inviernos, o puede ser que éste, que ahora golpea al mar Tirreno contra las rocas de los acantilados, sea el último; pero tú has de ser sabia, y, mientras, filtra el vino y olvídate del breve tiempo que queda amparándote en la larga esperanza. Mientras estamos hablando, he aquí que el tiempo, envidioso, se nos escapa: aprovecha el día de hoy, y no pongas de ninguna manera tu fe ni tu esperanza en el día de mañana.»

    Carpe Diem sin joder al prójimo en base a algo que no se puede demostrar si existe…o no.

  • Hobbes dice:

    Conversaciones:

    -Ateos hasta que el avión cae en picado.
    -Ya, y neoliberales hasta que tienen cáncer pero no pasta para el tratamiento.

  • Manuel v. dice:

    A mi la fe me desarmo

    • Á. R. dice:

      Eso es muy poético. Esa es la fe que vale. Pero, como dice el Evangelio, de las tres virtudes teologales la más importante es la caridad. Y hay gente que no la tiene.

      • Angel Manuel dice:

        Yo entre ellos, especialmente si se espera que ponga la otra mejilla.

        En eso reconozco que soy más judío.

        Dialécticamente hablando, estamos en una democracia del siglo XXI no en un proceso revolucionario del XX.

        El mundo y hasta el catolicismo han cambiado. Sólo algunos como estatuas de sal niegan la pluralidad que hay de frente. Hoy los católicos pintamos lo mismo que cualquier otro movimiento social. Dios no habla español, habla ruso, gracias por cierto a la extinta URSS.

        Al comunismo tambien le falta sentido de la justicia. Siempre dura con los disidentes.

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