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Fingir el tiempo

- 6 enero, 2018 – 10:48Un comentario
joseRivero2The final portrait, la película de Stanley Tucci (2017) da cuenta de cierta imposibilidad pictórica, más que de la cuestión que se explicita en el subtítulo: El arte de la amistad. The final portrait, por oposición a The initial portrait. Reflejando que, casi siempre, hay un retrato inicial y otro final, que a veces tienen poco que ver entre sí. 2GGLFdvvF59EEBRe9zw2E7BzsAY-770x445Y captando no sólo esos dos momentos del comienzo y del final de un trabajo pictórico, sino la relación que mantienen ambos portraits con el modelo mismo, como un juego a tres bandas. Como ocurriera con el retrato de Gertrude Stein que realizara Picasso. Y que, ante la extrañeza de la comitente Stein con el parecido que con ella mostrara el cuadro, el pintor manifestó: “Ya se parecerá con el paso del tiempo”. Retrato inicial y retrato final, que hablan de cosas distintas y bien diversas. 800px-Paolo_Monti_-_Servizio_fotografico_(Venezia,_1962)_-_BEIC_6328562Cosas sajadas por el corte del tiempo. Y que incluso se rechazan y se oponen. Da cuenta, la película The final portrait,  de esas dos imposibilidades. La primera imposibilidad, es la de transvasar al cine las cuestiones de la Pintura misma. Cuestiones de la Pintura que suelen ser, fundamentalmente, cuestiones espaciales, frente a las cuestiones del cinematógrafo, que son eminentemente atributos temporales. Y esa antítesis de métodos espacio-temporales, es la que hace ver la imposibilidad de hacer cine con problemas suscitados en la elaboración pictórica. O hacer tiempo con el espacio. Aunque algunos piensen que pintar un cuadro y hacer una película son asuntos que tienen puntos de contacto y de concomitancia. Y por ello puedan confundirse sus realizaciones. Nada más falso. Como ya hemos visto en otras películas que han bordeado problemas pictóricos tangenciales. 14membrillo 1992Desde la imposible captura del membrillo, en ‘El sol del membrillo’ de Víctor Erice (1992), hasta la no menos imposible rememoración de Brueghel pintado ‘El camino del Calvario’ que materializara como película Lech Majewski en ‘El molino y la cruz’ (2011). Ahora con ‘The final portrait’, la segunda imposibilidad es la de Alberto Giacometti por pintar el retrato de su amigo, el crítico y escritor, James Lord. Que deriva a cuestiones nucleares del retrato histórico, como ya nos enseñaron Francastel y John Berger. 20306722El género retrato como atributo ante la muerte. Como memoria de un tiempo ido y como presentación definitiva del difunto. Y que deriva, igualmente, a la afirmación contemporánea del mismo de Giacometti: ‘Un retrato no se termina nunca’. No se termina nunca, en la medida en que el modelo –como los membrillos de López García- siguen viviendo y envejeciendo. Un retrato el de James Lord, no demasiado grande y pensado para ser realizado en un par de sesiones, que acaba prolongando su realización a un tiempo imposible. Un tiempo que en la película se extiende a diecisiete sesiones, que podían haber sido otras muchas más. Y que refleja la importancia del pentimenti. El arrepentimiento, pentimenti en italiano, está definido por el DRAE en su segunda acepción como la  “Enmienda o la corrección que se advierte en la composición y dibujo de los cuadros y pinturas”. Estas rectificaciones o modificaciones del autor, de Giacometti ahora, pueden suceder desde el dibujo preparatorio inicial, hasta las capas más superficiales y finales. No tanto el disgusto por lo captado y pintado, cuanto la misma dificultad de capturar el instante. artes-plasticas-dibujo-y-pintura-giacometti25Y dan cuenta, por tanto, de esa imposibilidad de detener el tiempo en la pintura. Una imposibilidad por detener el tiempo, que a juicio del pintor mexicano Daniel Pérez Coronel, nutre sus obras. Y por ello describe sus intervenciones como “experimentos fallidos para detener el tiempo””. Un tiempo que escapa de la pintura, y por ello se finge su presencia. O se simula su ausencia. Salvo que se realizara una convención representativa de la ausencia del tiempo en la pintura. Otra cuestión diferente suscitará la temporalidad de la imagen fotográfica en su nueva desmaterialización: de lo analógico, con tiempo aún en su interior, hasta lo digital, desprovisto ya de temporalidad y presa de la pura instantaneidad. José Rivero Divagario
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