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Lleno y vacío

- 18 agosto, 2018 – 14:322 Comentarios
joseRivero2Agosto, octavo mes del año, es visto comúnmente como un punto central de fuga. Una fuga revestida en la  denominación de sábado del año. Sin señalar, cuando se dice eso, donde queda el domingo del año. No claro, septiembre, vestido de otros  valores y argumentos. Agosto como fuga. De fuga, a la esencia estival que representa el periodo vacacional. PlayaAunque haya notables excepciones a esa llamada del periodo vacacional entre parados, inactivos, infantes y jubilados. Pero es un lugar común el vaciamiento de las ciudades y  pueblos. Por ello agosto como imagen de un vacío. O, como vemos al revés, como imagen de un pleno. Aunque también se subraye el movimiento inverso: el llenado ocasional de lo normalmente vacio, que propician las fiestas patronales del interior. Una suerte de raro equilibrio de la balanza poblacional, entre los que entran y los que salen. Que componen un raro movimiento migratorio, de efectos tan notables como discutibles. El saldo económico del turismo y el saldo sentimental del viaje al interior del pasado. Un movimiento adelante y otro atrás. Tal vez, un desplazamiento hacia arriba y otro hacia abajo. Los que salen del calor central a la humedad periférica de playas o a la umbría del monte. Y los que regresan a esa suerte de recreación del pasado que son las fiestas patronales. Muy regadas de tradiciones y muy atufaradas de compases musicales tan breves como olvidadizos madrid-vacio_xoptimizadax-1-740x431Y el efecto de todo ello es la doble perplejidad. La perplejidad silenciosa del vaciamiento y la perplejidad sonora de la colmatación. Como si lo lleno y lo vacio fueran las caras de la misma moneda. Como si lo lleno y lo vacio fueran las compases sucesivos del  mismo son. O tal vez, fuera  mismo visto en dos momentos consecutivos Que es lo visible en estas horas declinantes y apabulladas. Ciudades vacías y playas atestadas; comunidades de vecinos sin residentes y verbenas sin plazas libres. Comercios clausurados por vacaciones y chiringuitos aparecidos al calor de la noche; supermercados sin compradores y puestos de peaje en la autopista colmatados de autos. Carreteras embotelladas y carreteras dormidas. Agosto, por ello, como doble perplejidad. Perplejidad del ocio y perplejidad del trabajo temporal. Y desde esa perplejidad se impone el cierre y la clausura. O se impone la huída. Como relatar Dino Risi en su memorable película de ¡1962!, Il sorpasso. Que aquí denominaron La escapada. La escapada a no se sabe dónde. Por ello, en Italia se habla del ferragosto. Que es tanto a huída, como la imposibilidad de tomarse un café en Roma. Imposibilidad de tomarse un café en Roma y en tantos otros sitios. José Rivero Divagario

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