Perdonarse a uno mismo

Jesus Millán Muñoz.- Dependerá si se tiene una conciencia más laxa o permisiva o menos, pero quizás una de las cosas más difíciles en una conciencia-consciencia normal, tanto en lo psicológico como en lo moral, como en lo espiritual es perdonarse a si mismo.

Como en la inmensa mayoría de temas, que se combinan cuestiones psicológicas, morales, espirituales, antropológicas del presente y del presente proyectado en el pasado y en el futuro, todo lo que escribas-pienses, tendrá defectos de forma o contenido, de estructura o de interrelación, por exceso o por defecto, pero desde ópticas tomadas de la experiencia de la realidad y proyectando luces, desde el filosofar o filosofía, es decir, esa combinación de intentar interrelacionar fenómenos externos con causas internas, en este caso de este tema, nos atrevemos, más con temor y esperanza, que no porque uno sea consciente de que domina este enorme mar-problema. Pero quizás, algunas ideas o sugerencias o cuestiones puedan servir a algún ser humano.

– El ser humano en su enorme capacidad y potencialidad de realizar actuaciones, tanto actos reales, como de pensamientos o deseos o de expresar palabras, acierta en muchas de ellas, pero en otras, siente, a posteriori, es decir después de hechas que ha cometido un grave o gravísimo o mediano o leve error.

Ciertamente, algunas personas tienen una personalidad-consciencia-conciencia moral y psicológica más laxa, más débil, y pueden vivir diríamos con ese error y, personalmente piensa que es un error, pero otras personas, con conciencia-consciencia moral y psicológica más estricta, más escrupulosa o por otras razones, malvive con el recuerdo-memoria de dichos actos-actuaciones y sus consecuencias, y con el temor de las consecuencias posibles. Y con el temor y la esperanza de que le perdonen los de alrededor y con el temor y miedo y esperanza de que un día a sí mismo se perdonará…

¿Cómo intentar superar de alguna manera, todo ese enorme enredado y tapiz de actos y actuaciones del pasado, negativas, o que el individuo piensa o infiere que son negativas, y cómo vivir con ellas, diríamos perdonarse en última instancia consigo misma, especialmente, si esos actos en sí, diríamos son negativos, o se viven de forma negativa en la conciencia del sujeto, o al menos, le producen dolor y daño y pesar, sean estos actos objetivos en sí, objetivamente negativos o no lo sean tanto en realidad…?

– Diríamos que se abren dos mundos, dos mundos que han estado separados en el tiempo, durante siglos, en la órbita de países católicos, las personas, realmente si se arrepentían se confesaban ante el sacramento de la penitencia, y entonces, recibían el perdón de Dios, lo cual hacía que la persona viviera mejor consigo mismo y con el Buen Dios, no entramos aquí si creemos en esta Entidad o Realidad o no, sino que este procedimiento servía para que las personas se perdonasen a si mismas, se perdonasen a los ojos y desde Dios, y de alguna manera, la sociedad, hacía o debía de hacer lo mismo.

En estos tiempos de ahora, se suele ir a especialistas, especialmente, psicólogos y psiquiatras, porque puede suceder, que en este ámbito, se mezclen y se combinen, problemas o cuestiones morales y éticas de conciencia, con cuestiones psicológicas y, a veces, rozando diríamos ya la psiquiatría, por tanto, necesitamos el parecer y la cualificación del experto o expertos.

Y en tercer lugar, combinado con los dos procedimientos anteriores, estaría diríamos el perdón del ambiente cercano a esa persona, familiares, etc., que también pueden o no pueden otorgar el perdón a esa persona, por esos actos o presuntos actos o temores de haber realizado esos actos, o por el temor de una situación límite, etc.                        

– Resumiendo lo anterior, podríamos encontrarnos, con una situación parecida a lo que narro a continuación, durante siglos, se han utilizado el primer y tercer procedimiento, pero apenas el segundo, porque la sociedad no había conquistado digamos ese ámbito de ser y de estar, de entender el mundo, o dicho de otro modo, el saber de la psicología apenas existía.

Ahora, estamos en una esfera sociocultural, que por lo general, admitimos el segundo y el tercer procedimiento, pero apenas el primero.

Las cuestiones psicológicas y morales, actos y realidades que las personas hacen, sin entrar si han tenido suficiente grado de libertad, de pensamiento, de entendimiento, de voluntad, si han sido engañadas o manipuladas, o tergiversadas, o si otros se han aprovechado de la debilidad de las personas en un momento o de su necesidad o circunstancias adversas, y otros parámetros, para saber si un acto ha sido estrictamente libre o no lo ha sido.

O si se ha hecho un acto, que no has querido, pero ha sido producido en defensa, en una estricta necesidad de defensa, aunque haya sido lo más mesurado posible, porque no olvidemos jamás, que no es lo mismo, sin entrar en la libertad, “el que va a robar o a matar a otra persona, que el que se defiende, legal y mesurada y moralmente de que no le roben o no le maten”.

Con la enorme cantidad de actos y actuaciones que los humanes producen, la enorme diversidad, pero también similitud por colectivos o grupos, caracteres o personalidades o situaciones. Creo que la mejor solución, especialmente, para los que crean en el cristianismo, en el sacramento de la penitencia, o al menos tengan una afinidad, es que una persona, con un gran problema de conciencia o de perdonarse a si mismo, utilice, los tres procedimientos dichos anteriormente para autoperdonarse a si misma, el sistema de la confesión del cristianismo, el sistema del saber ortodoxo por especialistas de psicólogos y psiquiatras, tercero, ayuda del ambiente o de personas de suma confianza, de alrededor, pero esto con plena prudencia y moderación e inteligencia, porque hay muchos que parecen buenos y tienen fama de buenos, pero no lo son tanto…

Al final, se debe realizar un análisis lo más serio y profundo posible, especialmente, por personas que controlen el saber ortodoxo, es decir, no cualquiera, sino sacerdotes, psicólogos, psiquiatras… Y en segundo lugar, darse cuenta, de todas las circunstancias de esos actos. Y al final, pues intentar continuar con la vida, ir reduciendo el dolor, el dolor del recuerdo. Y que un acto erróneo o supuestamente erróneo, no te lleve a cometer otros actos erróneos, es decir, que la espiral o la rueda del sufrimiento, que nos diría Buda, no crezca sino mengüe.

Es obvio y evidente, que a toda edad, en determinados perfiles psicológicos y morales, más que en otros, debido a multitud de circunstancias, hechos, situaciones, actos, actuaciones. Los seres humanos tienen que enfrentarse con este problema, de una manera o de otra. Bien harían, dicho de pasada, los demás no echar más leña y sangre al fuego. Porque al final, tantas veces, sucede, que la persona buena, se le obliga a hacer cosas que no le gustan para defenderse, y la persona buena es tomada como mala, y la menos buena como buena.

Llega una edad que la mente mira hacia atrás, y casi toda persona, como si fuese un existencial o universal humano, se da cuenta, o presuntamente de todos o de muchos de los errores que ha cometido, en multitud de áreas de actuación, económicas, sociales, culturales, afectivas, psicológicas, profesionales, etc. Cierto es que el perdonarse a sí mismo, exige, intentar al menos, no volver a caer en los mismos errores. Pero perdonarse a uno mismo, exige también darse cuenta y ser conscientes de los errores, para así perdonarse…

¡Y no olvidemos que hay personas y entidades e ideologías que quieren tenerte siempre y que tengas un complejo de culpabilidad, para así de ese modo controlarte y manipularte mejor!

Y al final, perdonarse a uno mismo, cada uno, de sus errores, errores de todo tipo, errores reales o presuntos. Y esperar, al menos algunos esperan, que exista un Juicio Particular después de esta vida, y cada uno de verdad, vea el corazón y las intenciones y los actos de cada uno, de uno mismo y de los demás. Quizás, si esto existe, nos daremos cuenta de muchas cosas, de nosotros mismos, y de los demás. Quizás en ese momento, llegue el tiempo, segundos posiblemente, que ante los ojos del Buen Dios esperar su infinita piedad y misericordia. Paz y bien.

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