Ciudad Real: Paisaje biótico y monstruos de los iberos

La investigadora y profesora de la Universidad de Castilla-La Mancha Lucía Soria Combadiera impartió anoche, en el claustro del Convento de los Mercedarios, la conferencia “La flora y la fauna de los Íberos. De lo real a lo imaginario”. Este evento cultura, que presentó el también profesor Javier Morales, se enmarca en el ciclo “Los Íberos: arqueología y cultura”, organizado por la Asociación de Amigos del Museo de Ciudad Real.

La ponencia venía a compendiar los resultados de dos proyectos de investigación y casi diez años de estudio por parte de un equipo interdisciplinar, formado principalmente por investigadores de la Universidad de Valencia, en que participó Lucía Soria. Proyectos, explicaba momentos antes del inicio del acto, que pretendían conocer el paisaje biótico de los iberos. Por un lado, lo real, “qué nos dicen” los restos orgánicos vegetales y de animales hallados en los yacimientos, y, por otro, aquello que muestran las representaciones en cerámica, moneda, escultura, metal, etc., es decir, lo imaginario. Y a partir de la información recabada, “realizar diversas lecturas para aproximarnos al universo imaginario y real del paisaje en el que desarrollaban su vida los iberos”.

El arco cronológico de los restos estudiados comprende desde finales del siglo VI hasta siglo I antes de Cristo. 2.800 años de antigüedad, por lo que, comentaba, el paisaje natural de entonces es similar al actual. Las especies vegetales identificadas recrean un paisaje semejante al de la zona mediterránea. En cuanto a los recientes hallazgos en la necrópolis y el poblado de Alarcos, indican que el entorno vegetal es muy parecido al de hoy. “Quizá algo más húmedo, pero a nivel vegetal y faunístico es idéntico”, subraya.

Las principales diferencias aparecen en el universo imaginario, en la esfera de las ideas, con representaciones de animales monstruosos que se enfrentan a lo que serían héroes o personajes relevantes de la sociedad ibera, de los grupos aristocráticos.

El universo vegetal no está plasmado de forma realista; no ocurre lo mismo con los animales, excepto en el caso de estos seres imaginarios antes mencionados, explica. A los investigadores les ha sido más fácil identificar, en los distintos soportes representados, a los animales que a las plantas. Una circunstancia que les ha “chocado”, apunta, es que nos animales no aparecen en su contexto habitual, y que pueden compartir espacio animales de distintos ámbitos, como el acuático y el terrestre. Así, pueden verse peces, lagomorfos, jabalíes y perros en el mismo recipiente y en un paisaje vegetal o acuático irreal.

Se han distinguido dos ámbitos simbólicos, el propiamente civil, enmarcado en las élites, y el religioso. Los hallazgos en los contextos funerarios, tanto orgánicos, como restos óseos o vegetales (ofrendas), y las representaciones que aparecen en ellos, “son totalmente distintas o tienen otro significado, creemos, a las encontradas en los poblados o en los ambientes doméstico”.

Los grupos de alto poder adquisitivo de la época de los grandes oppida reclaman o demandan a los pintores, a los ceramistas, que pinten escenas en los que aparecen montados a caballo, símbolo de estatus o prestigio social. Son representados con una montura ricamente enjaezada, como jinetes con vestimentas destacadas y en escenas cinegéticas. Es lo que puede verse en las piezas halladas en ciudades, cuyos sus dueños enseñaban a los visitantes como muestra de autoafirmación.

En cuanto a las figuras monstruosas, Lucía Soria señala que se conoce  muy poco acerca de la mitología de los iberos. “De la religión sabemos que es anicónica, que carece de imágenes, y que posee tiene un universo de ideas y creencias rico”. Aparecen seres fantásticos “a los que, ideológicamente, ellos se enfrentan: el hombre vence como autoafirmación de la identidad de grupo”.

Cerámica, escultura, metal (monedas, exvotos o placas –de cinturones o broches-), terracotas son los soportes empleados. Dependiendo de los siglos, de la cronología, aparecen unas y otras escenas. Por ejemplo, las imágenes narradas aparecen en cerámica a partir del siglo III a.C., antes, se podían apreciar en grupos escultóricos.

Anillo-sello. Museo Provincial de Ciudad Real © Ministerio de Cultura

Objetos de la provincia

Entre los objetos de tierra a los que la ponente se ha referido  en su conferencia, destaca el anillo de Alcubillas, un sello de oro del siglo VI a.C. “muy interesante”, con un chatón circular en el que lleva impreso la cabeza de un soldado con casco y cimera mirando a la izquierda, junto a un lobo con las fauces abiertas, la lengua caída y las orejas enhiestas, que mira a la derecha. Sujetas también en el chatón, dos cabezas, dos prótomos de lobos.

También, representaciones de cérvidos sobre pesas de telar o impresos decorando cerámicas, del Poblado del Cerro de las Cabezas, yacimiento de Valdepeñas.

Por último, citó las recientes publicaciones sobre la necrópolis de Alarcos en las que se analizan los taxones vegetales y animales, “que nos dan una idea de cómo era el entorno y, por extensión, el de la zona donde se ubica Ciudad Real”.

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