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Las vertiginosas murallas del castillo de Miraflores

- 29 noviembre, 2020 – 13:054 Comentarios

Santos G. Monroy.- No es demasiado conocido el castillo de Miraflores más allá de Piedrabuena, aunque su cercanía a Ciudad Real invita a una breve visita de fin de semana. Sometido a los vaivenes de la brutal Edad Media en la inhóspita Al-Mansha, esta fortaleza de origen árabe se convirtió entre los siglos XII y XIII, de la mano de la Orden de Calatrava, en un auténtico refugio de guerra.

Miraflores es un ejemplo de la maestría que alcanzaron los arquitectos calatravos en la edificación sobre la roca viva. El recinto es pequeño, pero sorprendentemente conserva todo el perímetro de sus murallas, que se asoman a unas espectaculares vistas sobre el valle del Guadiana y el Bullaque

Tras la última vuelta del empinado camino, el castillo aparece con la crudeza de un enclave preparado para vender cara su conquista con la tecnología de guerra más avanzada que se conocía. Dan fe de ello la pendiente de acceso, las vertiginosas murallas que se asoman como farallones en el vacío, los restos de la única torre de esta ciudadela en miniatura.

El recinto amurallado se yergue con una belleza cruda, y aunque la visita puede completarse en apenas diez minutos, depara unas soberbias vistas y un buen paseo por las faldas del monte Cerrajón.

Si bien se echan en falta, como en tantos otros recintos medievales, actuaciones de investigación y excavación que pudieran deparar muchas sorpresas, la fortaleza no ha sido olvidada por parte de las administraciones públicas. La Diputación de Ciudad Real financió recientemente la mejora del camino de acceso. Y antes, en 2010, el Ministerio de Fomento destinó 100.000 euros, con cargo a los fondos que se generan para el 1% Cultural, en la consolidación de los muros y recorrido interior.

Efectivamente, se aprecian los resultados de restauración y consolidación de estructuras, lienzos de muralla, bóveda del aljibe y puerta de entrada. También se instalaron unas barandillas y paneles de señalización que ya se encuentran muy deteriorados.

Lejos de la grandiosidad de Calatrava-La Nueva o de la importancia de Calatrava-La Vieja, Miraflores sigue siendo un interesante enclave para comprender la historia de la provincia de Ciudad Real, y un rincón ideal para completar las rutas que regalan las bellas alamedas del Bullaque.

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