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Dijo hola y adiós, y el portazo sonó como un signo de interrogación (Editorial)

- 19 julio, 2021 – 14:4157 Comentarios

Editorial de Miciudadreal.es.- El verso, sabiniano, le sienta como un guante a la realidad política de Puertollano tras la marcha de la exalcaldesa Isabel Rodríguez a la cúspide del poder del Estado. "Dijo hola y adiós, y el portazo sonó como un signo de interrogación". Con permiso de otra fecha memorable, el 11 de julio de 2018 (cuando la UDEF intervino en las dependencias del consistorio en el marco de la operación Cerrú), el 10 de julio de 2021 pasará a la historia de la ciudad industrial como el día del gran desconcierto.

Esa mañana se filtraba la noticia en los diarios nacionales, y ni los colaboradores de Rodríguez ni la propia corporación municipal daban crédito. "Será una broma, hay muchas isabeles rodriguez en España", dijo alguien. Pero de broma, nada. Allí fueron de ver los regresos apresurados desde los destinos vacacionales, las llamadas urgentes, la ansiedad por el cese de los cargos de confianza, el nerviosismo ante un panorama de total incertidumbre en el que no estaba clara ni la sucesión en la Alcaldía ni el destino de la agrupación local del PSOE. Jamás, ni siquiera con la intervención de la UDEF en 2018, se había llegado a tal grado de paroxismo institucional.

El transcurso de las horas fue sedimentando el poso de la sorpresa, y no sin heridas y rifirrafes los miembros de la lista electoral de Rodríguez, y más concretamente el equipo de Gobierno, encendieron la fumata blanca tras la designación de Adolfo Muñiz como nuevo primer edil.

Si bien no ha podido cristalizar apenas ninguna promesa electoral tras casi dos años de gestión de urgencia ante la incidencia de la pandemia por COIVD-19, Isabel Rodríguez ha dejado en el consistorio la impronta del trabajo constante y la claridad de ideas para los proyectos a largo plazo (parte de ellos ya encarrilados administrativamente), pero también una sensación de desamparo y orfandad entre no pocos de los que fueron sus compañeros.

El nuevo alcalde, Adolfo Muñiz, deberá afrontar una situación complicada hasta el extremo con poca experiencia política: culminar los proyectos de infraestructuras previstos para la segunda mitad de legislatura, solucionar las deficiencias en la limpieza y el alumbrado, hilvanar el nuevo modelo de movilidad, debatirse contra el grillete de la deuda, solventar un conflicto laboral interno que agota cualquier tipo de lógica negociadora, atraer inversiones, seducir a grandes empresas, solidificar la gaseosa naturaleza de los proyectos relacionados con el hidrógeno verde, normalizar relaciones con las instituciones, capear la transición energética, ganarse de nuevo a una oposición que hasta la fecha se ha mostrado más constructiva que cáustica... Y cautivar a la ciudadanía desde cero, con toda la legitimidad, sí, pero sin el respaldo directo y sentimental de las urnas y con un equipo de Gobierno "heredado" y con diferentes sensibilidades.

Esta gestión determinará el futuro de Puertollano y del PSOE local, pero no menos decisiva será la actitud que muestre la ministra Rodríguez con la ciudad que la rescató políticamente en las municipales de 2019 tras perder la batalla contra Pedro Sánchez en las fratricidas primarias.

Los socialistas de Puertollano han reanudado la partida de ajedrez sin su reina, la única personalidad con peso en la agrupación, y no falta quien vea en este movimiento la mayor amenaza a la que se enfrenta la formación en toda la historia democrática del municipio.

Es muy dudoso que, tal y como especulan algunas teorías "conspirativas", Rodríguez haya sido nombrada como portavoz del Gobierno de la Nación siguiendo un movimiento de Pedro Sánchez para fortalecerla como posible rival en el PSOE castellanomanchego, en tanto que el presidente Emiliano García-Page es hoy por hoy una figura indiscutible a nivel orgánico y ha desplegado un discurso muy medido al sentimiento de la tierra frente al que pudiera presentar Rodríguez desde Madrid. Pero sí es plausible que una gestión en Puertollano sin el apoyo desde el Consejo de Ministros y sin una referencia clave y con garantías en una próxima candidatura socialista podría redundar, a poco que espabile la oposición o surja una candidatura independiente fuerte, en el descrédito de la figura de Rodríguez a escala local, y arrastrar consigo en los próximos comicios la pérdida del Ayuntamiento de Puertollano y, con ella, la de la Diputación de Ciudad Real. Todo un cañonazo peligrosamente cercano a la línea de flotación del PSOE de Castilla-La Mancha.

Oficialmente el discurso socialista es que Puertollano "gana peso" con la marcha de Isabel Rodríguez, pero todo está por escribir, incluido el recorrido de un Gobierno de España volátil e inestable, pendiente de la docuserie de Manual de Resistencia de Pedro Sánchez, que tropieza de continuo en la polémica y se salva en el último segundo del abismo de las elecciones anticipadas.

Los tiempos venideros al corto plazo de un bienio dirán si lo que personalmente para la exalcaldesa es un hito dorado en su trayectoria política -un ministerio no se pide pero tampoco se rechaza (Bolaños dixit)- es al mismo tiempo una suerte de parabienes para la ciudad que ha dejado en manos de su sucesor, si tenemos en cuenta la complicada mesa de trabajo que recibe en Política Territorial y en la Portavocía. Rodríguez ha asumido el cargo más vulnerable y expuesto para la diana mediática, como ha quedado de manifiesto a raíz de los acontecimientos en Cuba, por no hablar de las cuestiones que tendrá que defender como la voz del Gobierno, entre ellas, el reciente fallo del Tribunal Constitucional sobre el estado de alarma… y lo que venga de la otra orilla del Ebro.

Es por eso que entender la marcha de Isabel Rodríguez como huida, como una fuga, puede ser un argumento fácil para la oposición pero difícil de entenderlo desde la lógica de calle, tan dispar a veces de la lógica política como de la noche al día: No se abraza el sufrimiento a cambio de oropel y moqueta sino por responsabilidad. Y mucha.

La suerte del Gobierno será la suerte de la ministra Rodríguez, y a su vez la del PSOE, incluso regional. Los tiempos venideros dirán y aclararán dudas. Mientras llegan, es necesaria la obligada cortesía democrática para el análisis de estos dos años que con permiso del COVID pueden ser postpandémicos, irrigados con los fondos milmillonarios de la Unión Europea, pero siempre bajo la sombra de los implacables separatistas. Si el bienio es favorable, y los vientos soplan en buena dirección, serán los ciudadanos los primeros agraciados. Tanto en España como en Puertollano. Alea jacta est.

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