Descabezados

Advierte –en un uso impropio de nombrar la cuerda en casa del ahorcado– Sonia González Martínez, Secretaria Provincial del Partido Popular, de “que los alcaldes del PSOE salen huyendo”.

Para aludir a los alcaldes y alcaldesas que abandonan –o lo pretenden– las alcaldías de su mando por otros puestos del escalafón superior en el entramado institucional.

No sé, si en busca de una mejor proyección política, de una mejor retribución económica, de mejor visibilidad social o de una mejora de sus respectivos currículos.

Esa es la proyección actual de Juan Espadas, que de la alcaldía de Sevilla se ha postulado ya como candidato a la Junta de Andalucía y líder de la organización más numerosa del PSOE en España.

Igual que hizo en el pasado Ximo Puig, pasando de la alcaldía de Morella, en Castellón, a la Presidencia de la Generalidad valenciana.

Textualmente, las palabras de González Martínez fueron: “los socialistas ciudadrealeños saben que tienen los días contados porque ninguna encuesta les es favorable, y su huida hacia puestos en el Gobierno de España, como es el caso de los ex alcaldes de Puertollano y de La Solana, es su única salida para seguir viviendo de la política, aunque hayan dado la espalda y dejado solos a más de 63.000 ciudadanos entre los dos municipios”.

Con ello, con la expresión antedicha, González Martínez, verifica un doble recorrido y un vaticinio.

El vaticinio: saber el valor de las encuestas de futuro.

El recorrido: el propio y el ajeno.

Con el recorrido propio, omite señalar que la práctica de usar el banquillo de las alcaldías y concejalías, como gasolina de alimentación de altos cargos y como campo de prácticas, es –tautológicamente– una práctica habitual en los partidos políticos.

También en el Partido Popular.

Donde hemos asistido a saltos referidos al Congreso de los Diputados, como el verificado por Rosa Romero, alcaldesa que fue de Ciudad Real.

Igual que Rajoy pasó de presidir la Diputación de Pontevedra a la vicepresidencia de la Junta de Galicia.

Gil Ortega, siendo alcalde de Ciudad Real, sostuvo el bastón del Senado y luego emergió como diputado regional.

O el de la simultaneidad de Sebastián Fuentes, con el Senado y la alcaldía de Socuéllamos.

O Jesús Martín, en el PSOE, simultaneando alcaldía de Valdepeñas y Senado durante varios mandatos.

Incluso en Madrid, Ruíz Gallardón, pasó de la alcaldía a presidir la comunidad.

Por más que se advierta que en estos casos –como en el de Juan Espadas en Sevilla–, media una nueva elección y no basta con un nombramiento a dedo.

Por tanto, debería de reconocerse que esa práctica –no se si formativa o de cooptación– es habitual entre todos los partidos.

Y no puede criticarse en el vecino lo que hacemos también nosotros.

Otra cosa será ponderar el enflaquecimiento de los ayuntamientos por el abandono de sus cabezas visibles.

Otro movimiento de vaciamiento ¿de la España vacía y menor? al muy nutrido cogollo de la política

Como si estas instituciones menores –a juicio de algunos, los ayuntamientos– fueran el banquillo de los reservas de los partidos políticos.

Banquillo de los suplentes o tabla de formación de los nuevos líderes.

Igual que el Senado brilla como el jubilar retiro de los elefantes envejecidos, los ayuntamientos pueden figurar como cantera de futuros lideres.

Pero hay más.

Cayo Lara saltó desde la alcaldía del pueblo donde González Martínez es concejala, Argamasilla de Alba, a la coordinación federal de Izquierda Unida.

Igual que  antes había hecho Julio Anguita, desde la Alcaldía de Córdoba al Congreso de diputados y a la Coordinación federal de IU.

Igual que ahora Isabel Rodríguez ha volado desde la alcaldía de Puertollano al ministerio de Administración Territorial.

El movimiento de Isabel Rodríguez –de los municipios a la Moncloa–, se ha inscrito en un movimiento general y generacional de florecimiento del municipalismo en la última remodelación ministerial de Sánchez.

Ha ocurrido con Diana Morant, que ha saltado de la alcaldía de Gandía al Ministerio de Ciencia e innovación.

Igual que ha ocurrido con Raquel Sánchez, pasando del ayuntamiento de Gavá al Ministerio de Transportes.

Y también, Luís Díaz Cacho ha hecho un recorrido similar, desde la alcaldía de La Solana a la sombra ministerial de Teresa Rodríguez, como asesor.

Otras fugas –que no se si huidas– son las Pilar Zamora de la alcaldía de Ciudad Real.

Merced al pacto irresoluble entre el PSOE y Ciudadanos.

Con todo ello, con todas esas huidas y desapariciones, el futuro –o los futuros electorales municipales– se ven cubiertos de nubarrones.

Cuando han desaparecido los candidatos naturales de continuidad y ejercicio, se bloque la reelección.

Y hay que inventarse nuevos candidatos y nuevos reclamos, merced a tanto descabezamiento.

José Rivero
Divagario

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9 COMENTARIOS

  1. Todos trepan hacia mejores cargos. Todos los que pueden. Luego están las puertas giratorias que es otra manera de trepar económicamente, léase Felipón G. , Aznar y un largo etcétera. De momento, el único que ha dejado un puesto de relevancia, una vicepresidencia, para bajar de categoría, ha sido Pablo Iglesias. El único. Pero es el coletas, oiga. Si fuera otro , de terno y corbata, de menor preparación e inteligencia , le habrían llovido loas a manssalva, tratándole con guante de seda. Pero no, a ese desaliñado hay que seguir dándole palos o , en el mejor de los casos, ignorándolo. Pena de país . Asco de lameculos.

  2. Isabel Rodríguez , la excaldesa más dicharachera de Barrio Sésamo, se ha marchado por puro espíritu de sacrificio, al parecer dicen que para arreglar la situación de Puertollano desde un puesto de mayor poder. Eso es lo que dicen sus compañeros de MCR. No sé si será verdad.

  3. Que gilipollez más grande poner al coleta de ejemplo de algo y además el artículo va de trepas y este se ha llevado el primer premio. Basta de sucia propaganda roja

  4. Pues, con todo respeto, don Rivero, no tiene usted ni idea de lo que habla. Ruiz Gallardón fue primero presidente de la comunidad y después alcalde. Y no al contrario, como usted afirma. Rosa Romero no dejó su alcaldía en mitad de legislatura para irse a cargo nacional alguno. Le recuerdo que ganó las elecciones y estuvo de concejal hasta su marcha al Congreso. Y Gil Ortega, lo mismo. Acabo su mandato y se marchó a otros afanes.

    La crítica era a alcaldes que se iban a dejar la vida y la piel por su pueblo, y han salido a uñas cuando les han ofrecido el carguito, el sueldazo y otros remedios a su vanidad.

    Seamos serios, don Rivero…

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