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¿Necesitamos fijar un código deontológico en el mundo de las Artes?

- 13 octubre, 2021 – 07:34Sin comentarios

Jesús Millán Muñoz.- ¿En la actual situación histórica se necesitaría un código o varios códigos deontológicos, de buenas prácticas en el mundo de las artes, de la creación cultural y de la investigación cultural…? 

A semejanza de todos los códigos profesionales que se han ido realizando a lo largo de estos dos últimos siglos, a imitación del de Hipócrates de y sobre la práctica médica de la antigüedad, la civilización humana ha alcanzado ya el suficiente desarrollo, para plantearlo un código moral profesional y laboral, en los campos de las Artes, de las Artes Plásticas y de todas las actividades culturales de creación e investigación, no solo científica y técnica, que ya disponen de ello, al menos, algunas de estas ramas, sino de las humanidades, la filosofía, las artes, las teologías, la cultura en general

En el cual, las entidades y organizaciones que se ocupan de estas realidades, tanto profesionales, como académicas, podrían empezar a fijar puntos de vista comunes, para intentar una deontología aplicada en general, o a cada campo, una deontología para las Artes Plásticasquizás otra para la Literatura, quizás otra para la Filosofía, etc. O, quizás una para todas, y después, cada rama del saber haga la suya… Pregunto a la sociedad, a la humanidad, a las entidades y personas que están dentro y alrededor de este mundo… 

Puedo fijar algunos puntos, pero que se pueden matizar, e incluso ampliar a otros. 

Sea cual sea la persona u oficio de la actividad cultural (crítico, analista, profesor, artista, creador, investigador, coleccionista, público en general, etc.), la función de la cultura es buscar mayores grados de verdad, veracidad, bondad, bien, belleza, racionalidad, equidad-justicia, prudencia en los juicios y en las obras. Cada uno según su responsabilidad en la totalidad del arte creativo o cultural o de creación o autoría o de investigación (se sea crítico o analista o formar parte de un comité de selección plástico o de editorial o de revista o de antología, o se sea autor o autora, o medio de comunicación, etc.). El hecho cultural creativo está formado y conformado por una multitud de personas y entidades. 

Se buscarán formas y modos, de mayor eficiencia y racionalidadSe estará en una constante evaluación y autoevaluación de concepciones y de valoraciones, de tal modo, que igual que otras ramas del saber humano y de la realidad social humana. Se debe estar en una constante elaboración de principios y fundamentos, de análisis de conceptos y de preguntas y de reflexiones y de consecuencias y de resultados. Porque al final, no solo se está trabajando sobre obras culturales, sean de un saber o de otro, sino sobre personas, que pueden haber dedicado a esa actividad, años, pero también décadas… 

Las personas y entidades que juzgan-valoran-evalúan las obras de otras personas, sean artísticas o literarias o filosóficas o de humanidades, etc., deben aquilatar su propio corazón, el juzgar si una obra tiene valor, tiene que ser con el mayor grado de equidad y justicia y prudencia y racionalidad, y no llevado por malas intenciones, ni menos aún, por ir en contra de algunas personas, a nivel consciente o semiconsciente o inconsciente. 

Igual que el médico de urgencias trata por igual, con su ciencia y su buen actuar, a toda persona, incluso a sus propios adversarios, en el análisis de la evaluación de las obras, hay que hacerlo del mismo modo. No se juzgará la valía de una obra, por la persona que lo ha hecho o no lo ha hecho, tenga fama o no, caiga emocionalmente bien o mal al que juzga, sea de una ideología o sea de otra, sea amigo o no amigo, tenga los mismos intereses filosóficos o políticos o sociales o culturales o ideológicos o religiosos que tú, o no los tenga. 

El que evalúa las obras de otras personas, sea la actividad que sea, evalúa de algún modo, el saber de otras personas, su actividad y sus técnicas, le corta o le abre caminos o le cierra posibilidades, más en ciudades relativamente pequeñas. Por tanto, aunque todo el mundo se puede equivocar, hay que ir con la buena intención y la buena voluntad. Esto aplicable a cualquier paso del camino de la selección cultural, de cualquier rama o actividad. Porque el fin, de todo y de todos los que forman y conformar esta realidad cultural, en toda su variedad de facetas, es buscar la equidad, justicia con la cultura, es decir, la verdad, bondad, belleza, racionalidad, creatividad, innovación, etc. Porque injustamente le podemos cerrar posibilidades a las personas, en un campo, pero de alguna manera, se lo cortamos en otros. Dicho de otro modo, a alguien se le cierra puertas en el campo del arte plástico, pero indirectamente se le clausuran posibilidades en otros desarrollos sociales o culturales o económicos, incluso en otras aportaciones que una persona puede hacer en otras actividades, por ejemplo, en sugerencias para evitar accidentes de tráfico… 

Ser consciente que los que juzgan-valoran las obras de otros, sean en el saber que sean, están seleccionando los ríos y los materiales que llegaran al futuro, están seleccionando obras y autores, sea en la actividad que sea, que podrán tener más posibilidades de quedar en el presente, y por tanto, de trascender para el futuro. Están seleccionando la memoria del futuro, aunque no seamos conscientes, memoria que puede ser nacional o regional o provincial o local o comarcal –las Webs de los ayuntamientos pueden hacer mucho por recoger la actividad cultural de su ciudad-. Pero están dejando paso a unas obras, y unos autores, y no a otros

Por tanto, tienen una responsabilidad ante ellos mismos, ante los autores o autoras que juzgan y sus obras, ante la sociedad en general, y, ante la humanidad. Incluso admitiendo que la mayoría de obras, sea la especialidad que sea, sean mediocres, término muy complejo de valorar, hay que ser serios y profundos, igual que el médico diagnostica la enfermedad y por tanto, abre posibilidades al enfermo, los que juzgan la sobras de otros, sea la especialidad que sea, abren posibilidades a los autores, y, desde luego a la humanidad. Tampoco podemos olvidar, la obviedad, que no todos los pueblos tienen catedrales de la categoría de León o Burgos o Toledo, es decir, se conforman en su identidad con las parroquias y ermitas de sus comarcas. Pues algo así, deberíamos empezar a considerar en todas las entidades geográficas, tendrán que conformarse con lo que el campo da, no tendrán muchos Picassos, ni muchos Modiglianis, ni muchos Mirós, ni…, igual que sucede en la inmensa mayoría del resto de actividades sociales, económicas, políticas, culturales, religiosas, etc. 

Bueno, podríamos fijar otros puntos deontológicos, Se deberían expresar en frases más sencillas y más simples y más cortas. Pero este artículo solo quiere que tomemos conciencia-consciencia de esta necesidad. Pienso y reitero y vuelvo a sugerir, que entidades en relación a la cultura y a la enseñanza-educación y, a las artes y a la filosofía, etc., empiecen a valorar dicha cuestión. Es decir, nos planteemos por saberes, por especialidades, por oficios de y de la cultura y de la enseñanza-educación, en especial en la selección de obras y de personas, de las Artes, de la Literatura, de la Filosofía, etc., crear y fijar códigos deontológicos. Paz y bien. 

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