Animales inteligentes

El ser humano, tal vez huyendo de sí mismo, busca en el espacio exterior el origen del Universo y de la propia vida —tal como la conocemos— sin plantearse que todavía queda mucho por descubrir en nuestro planeta. Es apasionante explorar en otros mundos aquello que nos proporciona una visión más amplia de todo lo que nos rodea, incluyendo la posibilidad de encontrar alguna forma de vida —pasada o actual—, en los planetas más próximos o más lejanos al nuestro.   

Sin embargo, hace unos días, se conoció una de esas noticias que suelen pasar desapercibidas en los medios de comunicación. Se ha descubierto que, una colonia de chimpancés de Gabón, utiliza insectos para curarse sus propias heridas y las de los miembros de su grupo.

Investigadores de la Universidad de Osnabrück (Alemania), que dirigen el Proyecto Chimpancé de Ozougas en el Parque Nacional de Loango en Gabón, han estudiado la actividad de estos animales y como se aplican insectos machacados en sus heridas para curarlas. Este comportamiento sugiere que los chimpancés pueden haber desarrollado acciones relacionadas con la salud, lo que podría considerarse como una demostración única de una actividad cultural potencialmente avanzada.

Pero hay más. Michael Hoffman, primatólogo de la Universidad de Kioto (Japón), hace años observó cómo los chimpancés infectados por gusanos, ingerían el tejido interno de una planta que contiene agentes antiparasitarios —utilizada también por el hombre para combatir el dolor intestinal—, con la que reducían su infección. Los gorilas y bonobos, cuando tienen lombrices, toman unas plantas rugosas y secas que, a través del tránsito intestinal, arrastran los gusanos fuera del cuerpo. Y, en Borneo, se descubrió que los orangutanes, utilizan el drago —como hace el hombre—, para combatir sus padecimientos digestivos.   

Fuera del mundo de los primates, otras especies animales también se automedican. Hace algunos años, llamó la atención una elefanta embarazada en Kenia. Se pudo observar que consumía determinadas plantas que los naturópatas locales utilizaban para inducir el parto en mujeres embarazadas. Además, algunas aves, —como el cuervo—, sumergen su cuerpo en los hormigueros para desparasitarse de ácaros, con el ácido fórmico que abunda en estas colonias de insectos.

Es evidente que el ser humano no está solo en este mundo. Y sería apasionante que hubiera seres extraterrestres, o alguna forma de vida, en algún remoto lugar del cosmos. Pero de lo que sí estamos seguros es de que, en nuestro planeta, nos acompañan multitud de especies animales apasionantes que comparten el único espacio vital que nos sustenta, la Tierra.

Se dice que los animales más inteligentes son todos los primates; los cánidos —perros, lobos o zorros—; los cetáceos, sobre todo los delfines; y, dentro de las aves, los cuervos. Todos ellos comparten características especiales que los hacen, a pesar de sus diferencias, los animales más extraordinarios del planeta, que, con sus conductas, se aproximan —aunque sea de lejos—, a la del hombre.

Pero son los cuervos unos de los seres más sorprendentes que existen. Entre sus cualidades destacan, la imitación de los sonidos de los seres humanos —similar al de loros y cacatúas—, la de dar un nombre a sus dueños, su sociabilidad —celebrando “funerales” o formando grupos juveniles—, su fidelidad —tienen una única pareja a lo largo de su vida— o sus habilidades, —capaces de hacer diversas herramientas o dejando nueces en los pasos de peatones, para que los vehículos las partan y así poderlas consumir.

Una de sus capacidades más curiosas —demostrada en ensayos recientes—, es la que recoge la antigua fábula del griego Esopo, La jarra y el cuervo, que nos cuenta como un ave sedienta vio una jarra con agua, pero, como su pico no llegaba hasta ella, fue metiéndole piedras hasta que el agua alcanzó el borde del recipiente y así, el cuervo, pudo saciar su sed.

Es considerado como un pájaro siniestro en algunos lugares, aunque, en otros, es respetado. Y, en la Biblia, aparece como el animal que salvó la vida al profeta Elías, facilitándole alimentos en su huida al este del río Jordán.

En Austria, es conocida la maldición de los tres cuervos —cuya presencia anuncia las desgracias de los miembros de la casa de los Habsburgo—, como ocurrió, según se cuenta, cuando asesinaron en Ginebra a la emperatriz Sissi; o, cuando mataron al archiduque de Austria, Francisco Fernando, en Sarajevo.

Los británicos nos recuerdan que siempre hay al menos seis cuervos en la Torre de Londres —tal como estableció Carlos II en el siglo XVII y, hoy, sigue respetándose esta tradición—. Con la presencia de estas aves, se cree que se garantiza la permanencia del país y la continuidad de su monarquía.

Pero este animal sigue provocando rechazo en nuestro país. Además, el refrán cría cuervos y te sacarán los ojos, —basado en una leyenda medieval castellana—, nos previene de la ingratitud de quienes dañan a los que les han ayudado. Pero esa, es otra historia.

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